26 de febrero de 1826
2026-02-26 - 12:39
El 26 de febrero de 1826, Simón Bolívar se encontraba en Magdalena, pueblo peruano cercano a Lima, dirigiendo el afianzamiento de la independencia, la consolidación de la República de Colombia y enfrentando los inicios de movimientos separatistas como La Cosiata en Valencia, que se intensificaría poco después. Ese día, Bolívar escribió al señor José María Pando en relación con desavenencias entre el consejo de gobierno y el señor Maxwell, capitán de la fragata Briton, las cuales se complicaron con la llegada del señor Charles Ricketts, cónsul general de su majestad británica, quien puso en sus manos la acción del señor Maxwell. “Afortunadamente algunas conferencias que este último ha tenido conmigo han paliado el negocio devolviendo tres de las últimas notas que le dirigió el consejo de gobierno. Frecuentemente se presentarán negocios arduos, difíciles, delicados y de una grande importancia, que pondrán en nuevos embarazos al gobierno, o en comprometimientos poco honrosos, si el ministerio de relaciones exteriores no está encargado a un hombre de muy buen juicio y de conocimientos bien extensos en materias diplomáticas, y que esté versado en el manejo y tacto de ellas, que use el lenguaje de los pueblos cultos, que conozca los intereses de la nación y los de las que vienen a tratar con ella, que sepa calcularlos y sacar todas las ventajas posibles sin manifestar ni aspiración, ni ambición ni temor. Usted sabe muy bien cuan delicado es este ministerio y debe saber que ésta es la razón porque se le ha escogido a usted para que lo sirva”. Escribe a Páez, “el teniente coronel mira portador de ésta que va a Venezuela con el objeto de ser acomodado en algún destino pasivo, que él pueda desempeñar, y que le suministre con que pasar modestamente el resto de su vida, ha sido mi conocido desde la niñez y mi amigo. Estos títulos y su carácter probo y honrado son los que me obligan a recomendarlo a usted”. Ese día, Manuela Sáenz le escribe desde Chuquisaca: “Mi amor, he tenido la gran satisfacción de recibir noticias frescas que me han causado la alegría más viva, por el recibimiento en triunfo a vuestra excelencia en Lima. Yo también lo admiro (y no estoy celosa), y me empeño en que las cosas acá salgan bien en su nombre. Sé que usted en todas partes es admirado y yo me halago por ello, con la confianza de que usted estará pensando en mí, como lo hago yo con usted. Su Manuela”.