3 de enero: nuevo reto docente
2026-01-30 - 11:20
El pasado 3 de enero inició en nuestro país una etapa de grandes desafíos para todas y todos, sin excepción. Entre los retos que se presentan, por demás múltiples y complejísimos, tal vez el más importante es comprender la naturaleza de lo acontecido y de los hechos posteriores que, desde ese día, han estado sucediendo, incluso hoy mismo cuando usted lee esta nota. También son disímiles y variados los espacios de encuentro y de diálogo en los que las venezolanas y los venezolanos buscamos luces para llegar a un entendimiento mínimo sobre este momento histórico. Unos acuden a concentraciones masivas, otros revisan insistentemente las redes sociales y no pocos consultan 24×24 los medios de comunicación nacionales e internacionales para estar atentos a anuncios, alocuciones y acontecimientos. Pero uno de los ámbitos de observación atenta y de análisis acucioso, a pesar del manto de opacidad que recubre hoy en día la auténtica crítica académica y científica son, sin duda alguna, las aulas universitarias. Esto sugiere una difícil tarea para todo docente universitario, quien debe brindar al estudiante preocupado, descolocado, víctima aún de la sorpresa y del miedo, herramientas útiles para la comprensión de la compleja situación sobrevenida aquella explosiva madrugada del 3 de enero. Se trata de una tarea delicada que implica un gran riesgo. El ideal de la educación universitaria es enseñar a los futuros profesionales de la República cómo observar y analizar, desde una perspectiva crítica, sus propias realidades. Sin embargo, es una práctica recurrente en algunos docentes dejar colar en su “discurso académico” sus particulares y parcializados pareceres sobre la situación política, social y económica. Eso, a todas luces, es una evidente trasgresión al principio ético de la educación. Las y los docentes universitarios, repito, están obligados por ley a buscar la verdad y a enaltecer los valores trascendentales de la humanidad, en conjunto con las y los estudiantes (artículo 1 de la Ley de Universidades). Por tal motivo, nuestra tarea no es transmitir “nuestros pareceres”, sino brindar herramientas (conocimientos, referentes históricos, teorías, métodos, categorías) para que las y los jóvenes estudiantes lleguen a sus propias conclusiones, una vez hagan suyos los problemas que les atañen y que hoy enfrentamos juntos como nación.