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A 2 meses de la agresión el diálogo impulsa la paz

2026-03-03 - 13:20

Por Elianeth Hernández y Lewis Pereira Hoy se cumplen dos meses de la inédita agresión extranjera contra Venezuela, un punto de quiebre en nuestra historia contemporánea, una jornada de bombardeos y asedio tecnológico que puso a prueba la capacidad de resistencia de la nación. Lo que el pasado 3 de enero se inició como una incursión armada contra centros estratégicos y zonas densamente pobladas como Fuerte Tiuna, ha derivado en sesenta días de una compleja reconfiguración política bajo el mando de Delcy Rodríguez como presidenta encargada. Mientras el país exige el retorno del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores y el diálogo se alza como la principal herramienta para defender la paz y tranquilidad del país. Para abordar este tema Últimas Noticias contactó a varios habitantes del sector Simón Rodríguez, en el complejo habitacional Ciudad Tiuna, conocidos popularmente como Los Rusos, quienes nos ofrecieron sus testimonios. En este sentido, la vocera de los urbanismos Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora y Carlos Raúl Villanueva, Evelyn Lujano, recuerda el momento en que la preparación dio sus frutos. “Llegó el momento”, pensó al escuchar el primer estallido. Para ella y los más de 17.000 habitantes de estas 28 torres, la amenaza se volvió una cruda realidad. El cálculo de Lujano es aterradoramente simple: en cada torre conviven cerca de 700 familias. Un solo impacto certero en una de estas estructuras de 15 pisos y 151 apartamentos habría segado la vida de al menos 1.500 personas de forma instantánea. “Si no hubiera habido preparación, el caos habría sido interno, en cada comunidad”, explica la lideresa. Los planes de evacuación permitieron que miles de personas bajaran por las escaleras de forma ordenada, prestándose auxilio mutuo para alcanzar zonas seguras. La visión del presidente Nicolás Maduro de priorizar el entrenamiento cívico-militar se transformó, en el momento crítico, en el escudo que evitó una masacre en el corazón de Caracas, aseguró Lujano. Aunque se evitó un derramamiento de sangre masivo, la agresión dejó cicatrices profundas. El secuestro del presidente Maduro marcó un punto de inflexión en el conflicto. Lujano reconoce con hidalguía que, frente al poderío de una potencia como Estados Unidos, se respondió con dignidad, aunque el desenlace inmediato no fuera el esperado. “No salimos ilesos”, afirma con la voz entrecortada al recordar a los caídos: militares, civiles venezolanos y compañeros cubanos que entregaron su vida en las primeras horas del ataque. Para los habitantes de Fuerte Tiuna, estos nombres no son bajas estadísticas, sino mártires que cumplieron la máxima de Hugo Chávez y el compromiso de Maduro: hacer lo humanamente posible por evitar una tragedia mayor. En estos dos meses, la figura de Delcy Rodríguez como presidenta encargada emerge como el pilar de la continuidad institucional. Para las bases populares de Fuerte Tiuna, su designación no fue fortuita; respondía a un plan económico y de gobierno que el presidente Maduro ya venía tejiendo previendo el asedio. Asimismo, las relaciones diplomática, de diálogo que hoy se mantiene con los Estados Unidos es vista por Lujano como un paso de valentía y pragmatismo. “Delcy ha demostrado una capacidad inmensa. Es el primer país que llega a esta instancia de negociación tras una agresión de este tipo”, señala. La inclusión de figuras de la oposición para manejar la representación internacional es vista con cautela, pero con esperanza: es el espacio donde todos los venezolanos, “los que creen y los que no”, deben reconocerse para defender el territorio. Igualmente, la fe sigue siendo el motor en los urbanismos de Fuerte Tiuna que esperan el retorno del presidente Maduro. La comparación con líderes regionales como Lula da Silva o Cristina Kirchner es recurrente en el discurso de las bases: líderes perseguidos, encarcelados o acusados falsamente, pero que eventualmente retornan por el clamor de su pueblo. Complejo cívico-militar fue el escenario principal de la incursión armada. Foto: Michael Mata “A nuestro Presidente lo van a seguir intentando quebrar con falsas acusaciones, pero lo vamos a tener de vuelta como el hombre que luchó por nosotros”, sentencia Lujano. Mientras tanto, en las 28 torres del Simón Rodríguez, la organización no descansa. Testimonio de una madre Para Falve Jiménez, residente también de este urbanismo, el tiempo se detuvo a las dos de la mañana del pasado 3 de enero. Lo que en un principio pareció el estruendo residual de las fiestas decembrinas, pronto se reveló como la pesadilla más cruda que ha enfrentado la comunidad de Los Rusos. “Pensábamos que eran fuegos artificiales, pero era un bombardeo”, dice Falve con la voz marcada por la intensidad del recuerdo. Al asomarse por su ventana, la imagen fue devastadora: helicópteros militares sobrevolaban los edificios vecinos mientras los gritos desde la calle daban la voz de alarma: “¡Salgan, que ya llegaron los gringos!”. La situación de Falve era doblemente crítica. En el momento en que estalló el primer bombardeo, su hija, quien vive con una discapacidad, comenzó a sufrir una crisis de convulsiones. En medio del humo y el sonido de las explosiones, Falve no tuvo tiempo para el miedo. Con la ayuda de sus vecinos, logró colocar a la joven en su silla de ruedas para iniciar un descenso desesperado por las escaleras de una de las torres que alberga a miles de personas. “La gente bajaba desesperada, algunos desnudos, sin camisa. Fue una experiencia espantosa que no se la deseo a nadie”, narra. El caos en el edificio, habitado por más de 1.000 personas, se convirtió en una marea humana que buscaba refugio en la oscuridad de la madrugada, tratando de alejarse del epicentro de los ataques. Bajo la mirada de los drones La huida de Jiménez no terminó al salir del complejo habitacional. El trayecto hacia la alcabala 4 de Ciudad Tiuna y posteriormente hacia el sector de La Mariposa se convirtió en una cacería tecnológica. Relata Falve que el cielo estaba “minado de drones” que perseguían y alumbraban a los civiles mientras caminaban por las calles. “Nos alumbraban y decíamos: ‘aquí nos van a matar’. Sentíamos que nos perseguían”, explica. En ese punto, rodeada por un grupo de 28 personas, la fe fue el único asidero. Se detuvieron a orar en plena vía, entregándose a la voluntad divina mientras intentaban poner a salvo a los heridos y a los más vulnerables. Fue la intervención de líderes comunitarios, como la jefa de la Ubch llamada Prisca, lo que permitió que 18 de ellos encontraran refugio seguro en una vivienda cercana a las 4 de la mañana. Jiménez no oculta su tristeza por la situación del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores. Sin embargo, esa tristeza se transforma en una convicción política firme que comparte con sus vecinos del sector Simón Rodríguez. “Mientras él lucha allá por su libertad, nosotros luchamos aquí por la soberanía”, afirma con determinación. Hoy, mientras las heridas de la agresión intentan sanar, Jiménez mantiene una promesa colectiva: la esperanza de que, tarde o temprano, la comunidad bajará en masa hacia La Guaira para recibir de vuelta al presidente Maduro y destaca que la figura de Delcy Rodríguez como presidenta encargada representa la continuidad necesaria, describiéndola como una líder admirable que ha sabido mantenerse al frente en los momentos más difíciles. El asedio de los helicópteros Faltaban solo diez minutos para las dos de la mañana del 3 de enero cuando el sueño de Germán Montilla, habitante de la torre 3 del urbanismo Simón Rodríguez, fue interrumpido por un estallido que sacudió los cimientos de su hogar. “Las paredes se movieron, pensé que los vidrios se iban a caer”, recuerda Germán. En un instante, la luz se extinguió, dejando a miles de familias a oscuras frente a lo que él identificó de inmediato: un bombardeo. Mientras el humo comenzaba a rodear las estructuras de Ciudad Tiuna, Germán tomó una decisión rápida. Tras asegurar a su madre, una adulta mayor, en la seguridad de su apartamento, bajó por las escaleras, ante la falta de ascensores, para encontrarse la conmoción en la planta baja. Vecinos descalzos, personas en ropa de dormir y el llanto de niños extraviados marcaban el inicio de una de las jornadas más oscuras de la capital. Desde la planta baja, Germán fue testigo directo de la precisión del ataque. Los helicópteros no solo sobrevolaban; realizaban maniobras circulares sobre el urbanismo, cerca de la bajada de Tazón. “Dieron una vuelta completa y bombardearon. En menos de cinco minutos, dieron la segunda vuelta y volvieron a disparar”, relata. A través de la lente de su teléfono, Germán logró captar la cercanía de las aeronaves, que volaban tan bajo que se distinguían claramente los proyectiles impactando contra la montaña y los edificios vecinos. La indignación superó al miedo: “¡Están bombardeando al pueblo!”, gritó hacia el cielo, mientras veía cómo las detonaciones reventaban los ventanales de varios edificios. Germán reflexiona sobre el orden institucional que permitió estabilizar la crisis. Para él, la aparición de Delcy Rodríguez asumiendo la conducción del Estado brindó la tranquilidad necesaria a una población que se sentía a la deriva. “Las expectativas sobre su mandato son muy buenas, vamos bien encaminados”, afirma, reconociendo la importancia del diálogo actual, pero con una condición innegociable: no perder la esencia de un país libre y soberano. Montilla, como muchos otros, mantiene la esperanza del regreso del presidente legítimo de Venezuela. A dos meses del ataque, la lección es clara: la paz no fue un regalo, fue una victoria construida piso por piso, ensayo tras ensayo, por un pueblo que se negó a ser una cifra más en la historia de las intervenciones imperiales. Los habitantes de Fuerte Tiuna retoman su normalidad. Foto: Michael Mata Gobierno atendió a los afectados por agresión de EEUU contra el país La presidenta encargada Delcy Rodríguez instruyó desde el 17 de enero la atención integral a todos los afectados por el ataque militar gringo del 3 de enero del presente año. En este sentido, en el urbanismo Carlos Raúl Villanueva de Ciudad Tiuna, en Caracas, zona impactada directamente por el ataque militar de Estados Unidos el pasado 3 de enero, se dio un operativo especial como respuesta del Estado venezolano para atender a las familias y niños afectados por esta acción militar. La intervención incluyó un amplio espectro de servicios públicos dirigidos a la comunidad. Se instalaron bodegas móviles y se brindaron consultas médicas en odontología y laboratorio clínico; también se distribuyeron materiales ortopédicos, bastones y anteojos. Un componente clave de la jornada fue la atención psicológica especializada para los niños, con el objetivo de ayudarles a procesar los eventos traumáticos vividos durante el ataque. Como parte de un enfoque integral del bienestar, se ofreció atención veterinaria gratuita para las mascotas de las familias afectadas. De manera paralela, se organizaron actividades recreativas y culturales, como pintacaritas y juegos, destinadas a los niños del sector. “El sentimiento que tiene nuestro pueblo es de unidad, de rechazo a cualquier forma de agresión”, afirmó Rodríguez desde esa jornada de trabajo en Ciudad Tiuna. Asimismo, en las residencias Tía Margoth de La Boyera, los equipos del Ministerio de Obras Públicas y de la Corporación Nacional Juntos Todo es Posible acudieron a la localidad para dar respuestas a los vecinos ante las distintas afectaciones que sufrieron sus inmuebles. El personal de la corporación se enfocó en la situación de cristales rotos por la onda expansiva, mientras que el ministerio se dedicó a reparar las estructuras, principalmente en las viviendas más afectadas por la explosión de un misil que cayó a pocos metros de su ubicación en la calle. Igualmente, en La Guaira, el Gobierno rehabilitó los edificios afectados por la agresión. En un operativo integrado por el Ministerio de Vivienda, la Gobernación de La Guaira, la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor e instituciones de servicios públicos, más de 500 trabajadores se desplegaron en la urbanización Rómulo Gallegos, sector La Soublette, con el objetivo de rehabilitar el hábitat. El edificio había quedado devastado como consecuencia de la intervención militar estadounidense ocurrida a inicios de año.

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