TheVenezuelaTime

Bolívar defiende su educación

2026-03-08 - 04:17

Si Andrés Bello, cuando tenía catorce años, fue maestro de Bolívar, lo sería aplicando la heurística de aprender enseñando. Rafael Marrón González VI ...Ese es el Bolívar, exaltado y febril, que escribe de manera tan hiperbólica a un paisano que tiene dieciocho años sin ver, desde Pativilca el 19 de enero de 1824: “¡Oh, mi Maestro! ¡Oh, mi amigo! ¡Oh, mi Robinson! Ud. en Colombia, Ud. en Bogotá, y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. me señaló. Ud. fue mi piloto... Ud. examinó mi carácter y mis fuerzas; borró lo que no debía estar, y puso lo que faltaba. Venga Ud. al Chimborazo; profane Ud. con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la atalaya inmensa del nuevo mundo... Amigo, si tan fuertes atractivos no lo mueven, yo recurriré a una condición más fuerte: le muestro a Ud. mi alma». (Fragmentos escogidos). La relación de Bolívar y Simón Rodríguez, que le llevaba doce años, en Europa, debió ser la de dos coterráneos en tierra extraña que conversan largamente e intercambian ideas. Bolívar, con 21 años, sufragaba los gastos de sus amigos, Fernando Del Toro y Simón Rodríguez, polos opuestos entre sí y ambos de mayor edad que la suya, mientras juntos recorrían a pie París, Milán, Venecia, Ferrara, Bolonia, Florencia, Perugia y Roma y Viena durante todo un año, aunque no es de extrañar que un joven de veintidós años sufriera la influencia de un libre pensador, iconoclasta, irreverente y cínico como Rodríguez, cuya cultura contrastaba violentamente con la de un escolástico cortesano aristócrata como Fernando Rodríguez del Toro e Ibarra. El mismo Rodríguez confiesa desde Chuquisaca, el 15 de julio de 1826: «...No sé si Ud. se acuerda que estando en París, siempre tenía yo la culpa de cuanto sucedía a Toro, a Montúfar y a usted». La realidad es que Bolívar fue un autoformado, intuitivo y perceptivo, decantadas sus ideas por sus viajes, su pasión por la lectura y su relación con personas de pensamiento progresista, como el arrogante y lejano barón de Humboldt, y el más accesible Aymé Bonpland, con quien sostuvo largas y fructíferas conversaciones, y de quien no dudamos provino la primera lección política de Bolívar. El 20 de mayo de 1825 le escribe a Santander: «... He visto con mucho gusto en un artículo del «Morning Chronicle» (...) lo que dice de Vd. Mr. de Mollien. A la verdad la alabanza de un godo servil, embustero, con respecto a un patriota que manda una república no deja de ser muy lisonjera. (...) Lo que dice de mí, es vago, falso e injusto. Vago porque no asigna mi capacidad; falso porque me atribuye un desprendimiento que no tengo; e injusto, porque no es cierto que mi educación fue muy descuidada, puesto que mi madre y mis tutores hicieron cuanto era posible porque yo aprendiese; me buscaron maestros de primer orden en mi país. Robinson, que Vd. conoce, fue mi maestro de primeras letras y gramática; de bellas letras y geografía, nuestro famoso Bello; se puso una academia de matemáticas sólo para mí por el padre Andújar, que estimó mucho el barón de Humboldt. Después me mandaron a Europa a continuar mis matemáticas en la academia de San Fernando; y aprendía los idiomas extranjeros con maestros selectos de Madrid, todo bajo la dirección del sabio marqués de Ustáriz, en cuya casa vivía. todavía muy niño, quizá sin poder aprender, se me dieron lecciones de esgrima, de baile y de equitación. Ciertamente que no aprendí ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen y del error, pero puede ser que Mr. Mollien no haya estudiado tanto como yo a Locke, Condillac, Buffon, Dalambert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Filangieri, Llande, Rousseau, Voltaire Rollin, Berthot y todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos, historiadores, oradores y poetas; y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los ingleses. Todo esto lo digo muy confidencialmente a Vd. para que no crea que pobre presidente ha tenido tan mala educación como dice Mr. de Mollien; aunque por otra parte, yo no sé nada, no he dejado, sin embargo, de ser educado como un niño de distinción puede ser en América bajo el poder español». Coincidiendo con esta carta a Santander, Manuel Sáez le escribe a Bolívar, el 28 de mayo de 1825, desde Lima: «Estimo muy conveniente que usted resuelva en correspondencia a este señor (Santander), su posición y educación de usted, tal como todo lo que S. E. conoce y sabe, tanto en instrucción de libros sabios que usted ha estudiado, como en instrucción de milicia desde niño, para que le calme las dudas e intrigas, a satisfacción de la propia ignorancia de él.- La inteligencia de S. E. sobrepasa a los pensamientos de este siglo, y bien sé que las nuevas generaciones de esa provincia y de América seguirán el resultado de las buenas ideas de usted, en procura de una libertad estable y hacienda saludables...». Y Bolívar le responde el 10 de julio de 1825: «...He tomado muy en cuenta tu estimación sobre las apreciaciones que tiene Santander sobre mí, y le he escrito con mi acervo de propiedad y cultura, ampliando su concepto que de mí se lleva: mi cultura adquirida por el contacto con mis ilustres amistades, por el permanente saber en las inagotables fuentes de valiosos libros, y la inteligencia con la que la Divina Providencia me ha distinguido. Te remito copia de la misma, por considerarla ilustre dentro de mi modestia, pues no tengo blanduras con nadie y menos con Santander. En lo que respecta a mi condición e integridad de ciudadano y hombre libre, él lo sabe». Su afirmación referente a haber sido alumno de Simón Rodríguez y de Andrés Bello, éste último era para 1825 Secretario de la Legación de la Gran Colombia; y su alusión a la preocupación de su familia por su educación («... no es cierto que mi educación fue muy descuidada, puesto que mi madre y mis tutores hicieron cuanto era posible porque yo aprendiese»), pudo ser una defensa legítima ante el intento de restarle méritos por su falta de preparación académica. Recordemos que Bolívar estaba en una región de antiguas Universidades, a Lima la llamaban el Madrid de América, y muchos de sus subalternos y rivales políticos eran egresados de ellas. Tal vez esa carta a Simón Rodríguez donde le confiere la dignidad de “mi maestro», tenía como destinataria la sociedad colombiana. Fíjense que le pide a Rodríguez la muestre al Vicepresidente, que era un universitario. Andrés Bello Se insiste en afirmar que Andrés Bello con catorce años, apenas dos años mayor, fue maestro de Bolívar y que trató de enseñarle, según la leyenda, «aritmética, geografía, y cosmografía». Pero Andrés Bello para esa fecha, entre 1794 y 1796, que repito tenía catorce años, estudiaba latín con el padre Cristóbal de Quesada. Su pasión, desde muy niño según su propio mito, fue la lectura de los clásicos del Siglo de Oro español y a los quince años tradujo el Libro V de la Eneida. En enero de 1797 Bolívar ingresa como cadete en el batallón de milicias de blancos de los Valles de Aragua, y Andrés Bello a la Real y Pontificia Universidad de Caracas a estudiar Filosofía, y egresa en el año 1800 graduado de Bachiller en Arte, equivalente a Bachiller en Filosofía. Para obtener este grado se requería haber estudiado previamente tres años de latín. El aprendizaje de latín era necesario porque en esta lengua estaban escritos la mayoría de los textos, especialmente los teológicos y legales. Es decir que si fue maestro de Bolívar cuando tenía catorce años, lo sería en esta materia con lo que aplicaría la heurística de aprender enseñando. El maestro oculto En su trabajo documental sobre Bolívar, el historiador Tomás Polanco Alcántara opina que el sabio Aimé Bonpland, que llevaba diez años al futuro Libertador, fue tal vez, el verdadero “maestro”, en el sentido de guía intelectual, de Bolívar en el conocimiento de los pensadores de su tiempo, pues, según Humboldt, hubo una estrecha relación entre ellos, y escribe: “Mi compañero Bonpland fue más sagaz que yo pues desde muy al principio juzgó favorablemente a Bolívar y aun lo estimulaba ante mí. Recuerdo que una mañana me escribió diciéndome que Bolívar le había comunicado los proyectos que le animaban respecto de la independencia de América y que no sería extraño que los llevara a término pues tenía de su joven amigo la opinión más favorable. Me pareció entonces que Bonpland deliraba...”. Es posible entonces pensar que en ese estímulo de Bonpland a Bolívar debió incluirse la recomendación de estudiar a los grandes autores franceses de su tiempo, para esa fecha no conocidos por Bolívar, y que luego diría que los había estudiado como nadie. Se dice que Bolívar atesoraba ejemplares de las publicaciones botánicas de Bonpland, las cuales consultaba no solo por interés científico, sino por el inmenso orgullo que sentía de que la naturaleza americana fuera catalogada con tal rigor. Un poco de la historia de Bonpland El verdadero nombre de Bonpland era Aimé Jacques Goujaud, pero aparece en la historia y firma sus trabajos científicos como Bonpland (Bon-Pland, buena planta, apodo que le dio su padre por su afición). Nació en La Rochelle, Francia, el 22 de agosto de 1773. Llega a Venezuela con Humboldt, específicamente a Cumaná, el 16 de julio de 1799, y pasa 18 meses recorriendo la Nueva Andalucía, Guayana española y las misiones de los caribes, y en septiembre de 1801 parte a los Andes, y luego a México y Cuba. Cuando Napoleón es derrotado, Bonpland parte de Francia rumbo a Buenos Aires y se dedica a la medicina y a la historia natural, y en una de sus expediciones al Gran Chaco fue hecho prisionero por la policía del tirano Gaspar Rodríguez de Francia, despótico dictador de Paraguay. Bolívar al enterarse de la prisión de Bonpland escribió de inmediato al doctor Francia pidiéndole la libertad del eminente sabio: “Excmo. señor: Desde los primeros años de mi juventud tuve la honra de cultivar la amistad de¡ señor Bonpland y del barón de Hurnboldt, cuyo saber ha hecho más bien a la América que todos los conquistadores. Yo me encuentro ahora con el sentimiento de saber que mi adorado amigo, el señor Bonpland, está retenido en el Paraguay por causas que ignoro. Sospecha que algunos falsos informes hayan podido calumniar a este virtuoso sabio yque el gobierno que V. E. preside se haya dejado sorprender con respecto a este caballero. Dos circunstancias me impelen a rogar a V. E. encarecidamente por la libertad del señor Bonpland. La primera es que yo soy la causa de su venida a América, porque yo fui quien le invitó a que se trasladase a Colombia, y ya decidido a ejecutar su viaje, las circunstancias de la guerra lo dirigieron imperiosamente hacia Buenos Aires; la segunda es que este sabio puede ilustrar mi patria con sus luces luego que V. E. tenga la bondad de dejarle venir a Colombia, cuyo gobierno presido por la voluntad del pueblo.(...) Yo mientras tanto, le espero con el ansia de un amigo y con el respeto de un discípulo, pues sería capaz de marchar hasta el Paraguay sólo por libertar al mejor de los hombres y al más célebre de los viajeros”. Bonpland murió en Corrientes, Uruguay, el 11 de mayo de 1858. Continuará. EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. @RafaelMarron https://www.youtube.com/@Washingtontv1

Share this post: