Con sello venezolano: Ciencia para domar al escorpión
2026-01-29 - 18:46
Dicen por allí que el milagro de la ciencia se da a diario en Venezuela; mientras más atentos estamos, más evidenciamos que esto no es solo palabrería: es una realidad bastante palpable y hermosa. Mi abuela solía hablar siempre de los escorpiones o de los alacranes; lo hacía de manera chistosa, educativa y, a veces, con rabia. Pero lo que más me sorprendía era eso de que la «mamá escorpión» se ofrecía como comida cuando sus hijos no tenían qué comer. Era inaudito escuchar eso para mí con apenas 11 años; no podía entender cómo un hijo podía comerse a su propia madre por más hambre que tuviera. Por suerte, después supe que no se la comen: se sientan en su espalda para ser transportados, alimentarse con su vitelo (sustancia a base de lípidos, proteínas y carbohidrato almacenadas en el citoplasma del óvulo o huevo de los animales) y protegerse hasta que puedan valerse por sí solos. El cuento que quiero traerte no es si es cierto o no lo de los escorpiones, sino que Venezuela, haciendo gala del milagro de la ciencia, desarrollando antídotos para el veneno de estos animales. En la tierra de Bolívar hay al menos 78 especies del género Tityus (un género de escorpiones de la familia Buthidae de cola delgada que cuenta con una gran cantidad de especies), que se tenga conocimiento hasta ahora. Esta biodiversidad ha consolidado una vanguardia científica silenciosa: la decodificación de uno de los venenos más complejos del reino animal para transformarlo en medicina soberana. Comencemos entendiendo qué hace el veneno de este arácnido en nuestro cuerpo. Una vez superado el dolor de la picadura por su aguijón, puedes sufrir de dificultad para respirar, taquicardia, salivación excesiva, lagrimeo, sacudidas musculares y movimientos inusuales de la cabeza, el cuello y los ojos. En casos graves, pueden presentarse vómitos, diarrea, alteraciones cardíacas, convulsión y hasta la muerte. Pero más allá de ver el problema, desde el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) vieron soluciones. Al realizar investigaciones recientes, han revelado que su veneno es una «biblioteca bioquímica» con más de 205 componentes bioactivos. Estas toxinas no solo atacan el sistema nervioso; actúan como llaves maestras que abren o bloquean canales de sodio y potasio en nuestras células, provocando desde arritmias hasta fallas pancreáticas. La novedad científica reside en la caracterización molecular. Investigadores del IDEA han identificado toxinas con pesos moleculares sorprendentes —como una de 3-5KDa (es la unidad en la que se miden las masas atómicas y moleculares)— que actúan de forma similar a los relajantes musculares clínicos. Esto abre una ventana fascinante: lo que hoy nos envenena, mañana podría ser la base de nuevos fármacos para la hipertensión o enfermedades autoinmunes, y lo encontramos acá en Venezuela. La ciencia venezolana está escalando la producción de antivenenos probando su seguridad a partir de yemas de huevo de gallina. Estos avances son un salto a la tecnología de anticuerpos IgY. Estas son las principales inmunoglobulinas séricas en aves, reptiles y anfibios, equivalentes a la IgG en mamíferos, y se concentran en grandes cantidades en la yema del huevo. Tradicionalmente, los antídotos se producen en caballos, un proceso costoso y que, a veces, genera reacciones alérgicas en humanos. ¿Cómo funciona? • Se inmuniza a las gallinas con dosis subletales del veneno. • El sistema inmune del ave genera anticuerpos específicos (IgY). • Estos anticuerpos se concentran en la yema del huevo, de donde se extraen y purifican. • El resultado es un antídoto liofilizado (en polvo), más fácil de transportar a zonas remotas sin necesidad de una cadena de frío estricta. Aunque parezca paradójico que de un veneno surja un medicamento, esto se traduce en la soberanía tecnológica que permite que un problema de salud pública tropical tenga una solución nacida en nuestras propias aulas y laboratorios. No es la primera vez que esto ocurre: obtener una solución de una problemática dentro de nuestra nación. Este género de escorpiones, proliferante en el país, comparte un ancestro común. Sin embargo, su evolución varía según la región, creando «firmas químicas» únicas en sus venenos, lo que hace que la investigación sea más rica y existan subestaciones para mapear estas diferencias y conseguir diferentes antídotos. Por ejemplo, en los estados occidentales de Mérida y Zulia, se ha detectado un antídoto estándar para Tityus discrepans pierde eficacia frente al veneno del Tityus zulianus debido a las variaciones geográficas de las toxinas. Se busca conseguir un “antiveneno polivalente” que cubra toda la geografía nacional, desde las costas hasta los Andes. Las diferencias de las regiones varían los síntomas: en el centro del país, el Tityus discrepans suele causar síntomas digestivos y pancreáticos; el Tityus zulianus, habitante de occidente, es considerablemente más letal desde el punto de vista cardiorrespiratorio. En el oriente, las toxinas tienen una alta actividad respiratoria. A diferencia de sus primos capitalinos, estos escorpiones han desarrollado péptidos que parecen afectar más directamente la filtración renal, lo que obliga a los médicos locales a monitorizar la función urinaria mucho más de cerca que en otras regiones. Esto se debe a las diferencias moleculares; nuestros científicos han descubierto que el veneno del T. zulianus posee toxinas específicas que bloquean los canales de sodio con una afinidad mucho mayor en los tejidos del corazón. Estudios clínicos bastante adelantados han demostrado que el antisuero creado principalmente con veneno de especies de la zona central no neutraliza eficazmente las toxinas del zulianus. Esto ha impulsado la creación de mezclas inmunogénicas regionales, donde se combinan venenos de distintas zonas para crear un suero «todoterreno» que pueda usarse en todo el país. ¿Qué los hace tan distintos entre sí? Así como nosotros tenemos variaciones por regiones en muchos aspectos, pero seguimos siendo el mismo pueblo, así ocurre con estos alacranes: tienen variaciones no solo por genética, sino también por la influencia de la presión ambiental. Los escorpiones de la selva nublada de Mérida cazan insectos distintos a uno en el matorral xerófilo de Lara; el veneno que usan se especializa para paralizar más rápido a la presa dominante de su entorno, por eso ocurre su variación. Asimismo, han observado que esta toxicidad puede variar incluso dentro de una misma especie dependiendo de si vive a nivel del mar o a 2,000 metros de altura, afectando la concentración de proteínas en el telson (la glándula del veneno), como ocurre en Miranda, donde el clima varía según la subregión. Avances en antivenenos Más allá de hacer un antiveneno genérico, primero se debe avanzar en la regionalización de la producción. Se está trabajando en: • Antivenenos polivalentes: Que incluyen anticuerpos contra las 5 especies de mayor importancia médica en el país. • Identificación rápida: El uso de tecnología que permite identificar, mediante una muestra de sangre del paciente, exactamente qué especie lo picó para administrar el anticuerpo específico. Definitivamente este país nos sorprende cada día desde su geografía, hasta su capital humano, con científicos al servicio de su pueblo para salvar vidas y surgir no solo antídotos sino hasta, quizá, otros fármacos con sello venezolano.