Con sello venezolano: de Maracaibo al Apolo 11
2026-02-19 - 19:17
Aprovechando que está de moda ser latino, hoy quiero que conozcan la vida de un venezolano magistral. Se trata de Héctor Rafael Rojas, un compatriota que quedó olvidado por muchos y vetado en Estados Unidos a pesar de haber sido su colaborador. Comencemos a revisar esta historia. Héctor nació el 10 de junio de 1928 en Maracaibo, estado Zulia, en el seno de una familia de clase trabajadora que poco podía imaginar el destino cósmico de uno de los suyos. Siendo niño, su familia se trasladó a Puerto Cabello y, finalmente, se estableció en Maracay. Fue en el Liceo Agustín Codazzi donde se graduó en la primera promoción de bachilleres, para luego continuar su formación en Física y Matemáticas en el Liceo Fermín Toro de Caracas. En 1950, con 22 años, viajó a París con una beca para perseguir sus sueños. Se postuló en la prestigiosa Sorbona, donde su inteligencia excepcional pronto destacó. El 7 de junio de 1956 se graduó con la máxima distinción académica francesa, la Mention Très Honorable (equivalente a la summa cum laude), obteniendo primero un doctorado en Física y Matemáticas y, posteriormente, un doctorado en Astrofísica. Este joven dominaba seis idiomas: español, francés, inglés, alemán, italiano y japonés, lo que le sirvió de herramienta en una carrera internacional sin fronteras. La trayectoria de Rojas fue astronómica. Investigó en el Observatorio de París-Meudon, en la Institución Carnegie de Washington D.C. y en el Instituto Tecnológico de Monterrey (México), asociado con el Pan American College de Texas, realizando estudios pioneros en espectroscopia estelar y clasificación de estrellas. En plena Guerra Fría, en 1966, con la carrera espacial en su punto más álgido, la NASA solicitó su colaboración para el Programa Apolo. Incorporado al Manned Spacecraft Center en Houston (hoy Johnson Space Center), su tarea era descifrar dónde se podía posar el módulo lunar de manera segura. ¿Qué es un venezolano sino alguien que se agranda ante las dificultades? Y así fue: no solo se enfrentó a uno de los mayores desafíos de la misión —la superficie de la Luna era un territorio desconocido y lleno de peligros en ese momento—, sino que desarrolló el Método de las Transformaciones Sucesivas, también conocido como «Método Rojas». Se trataba de un sistema matemático de complejas extrapolaciones y proyecciones, basado en un sistema de coordenadas propio, que permitía analizar con una exactitud sin precedentes las fotografías tomadas por las sondas automáticas Ranger, Surveyor y Lunar Orbiter. Este método no solo calculaba las coordenadas, sino que consideraba la topografía, la composición del suelo, el albedo y la influencia de la gravedad lunar sobre el módulo de descenso. Según su biógrafo Pierre Monteagudo: «Nadie en la NASA entendía cómo Rojas aplicaba su técnica para lograr tal exactitud de datos que obtenía de superficies remotas (...) El astrofísico venezolano tomó en cuenta las características topográficas de la región ecuatorial de la Luna, mediante ocho estudios selenográficos, definiendo así las coordenadas de los mejores lugares para la exploración lunar segura que realizaron los astronautas del Apolo 11». Gracias a estos cálculos, presentados en informes técnicos entre 1966 y 1967, Rojas logró predecir las áreas más estables y seguras para el alunizaje. Sus estudios identificaron el Mar de la Tranquilidad como el sitio idóneo. Monteagudo explica en su libro Expediente Rojas que «el astrofísico calculó el grado de inclinación del área de alunizaje para determinar con exactitud la potencia de retropropulsión que el Módulo Lunar Águila necesitaba en el descenso suave a la superficie lunar». «No viajaré a la Luna con otra bandera»: el precio del patriotismo Para los venezolanos el tricolor nacional no solo pesa, sino que nos infla el pecho de la manera más honda y hermosa, y así ha sido a lo largo de la historia. A pesar de su rol crucial en esta expedición, la figura de Rojas debía permanecer en las sombras a menos que adquiriera la nacionalidad estadounidense. En enero de 1969, seis meses antes del alunizaje, Rojas reveló en una rueda de prensa en Caracas que el hombre pisaría la Luna en julio de ese año. «No es especulación, es certeza matemática», sentenció, y se cumplió. Su nombre comenzó a aparecer cada vez más en la prensa nacional, al paso que su situación en Estados Unidos se volvía cada vez más tensa. La NASA y el Departamento de Estado, entonces dirigido por Henry Kissinger, presionaban a Rojas para que aceptara la nacionalidad estadounidense. Era un requisito no solo para renovar su contrato y obtener un ascenso, sino para seguir formando parte de los proyectos que ellos consideraban más sensibles. La respuesta de Rojas fue firme e inquebrantable. En declaraciones a este mismo diario, Últimas Noticias, el 21 de julio de 1969, al día siguiente del histórico alunizaje, declaró: «Mi lucha es por no perder jamás mi nacionalidad. No podré viajar a la Luna portando otra bandera que no sea la de mi patria». Su madre, doña Isabel Rojas, reveló desde Puerto Cabello la angustia de su hijo: «Lo están presionando para que se naturalice, como requisito inevitable para conseguir, no solo la renovación de este contrato, sino también un ascenso y un aumento de sueldo». Casi en ese mismo momento, el presidente venezolano Rafael Caldera le encomendó un viaje a la Unión Soviética, lo que hizo que lo acusaran de compartir secretos de Estado, aunque nunca se presentó prueba alguna. Durante una visita a Washington D.C., fue retenido y sometido a un «tratamiento» que le causó severos daños cognitivos y pérdida de memoria, lo que sugiere la aplicación de protocolos experimentales similares al proyecto MK Ultra. En agosto de 1969, el diario El Universal informaba que Rojas estaba «gravemente enfermo» con una afección que podía degenerar en leucemia y en una precaria situación económica. Su nombre fue sistemáticamente borrado de los registros oficiales de la agencia espacial. No fue hasta el 20 de febrero de 2019 que el organismo estadounidense publicó en su servidor del Programa de Información Científica y Técnica (NTRS) tres de los primeros estudios realizados por este venezolano en agosto de 1966 y diciembre de 1969 como parte del proyecto Apolo. Este científico fue asesor del Ministerio de Educación y en esa época diseñó el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho como parte de su proyecto para la creación del Centro Mundial de Estudios Espaciales Venezuela-NASA. En 1974, entregó este proyecto en las propias manos del entonces presidente Carlos Andrés Pérez (CAP) en el Hotel Maracay. Más tarde, CAP presentó al país el mismo proyecto sin mencionar a Rojas por ningún lado. Hoy, la memoria de Héctor Rojas empieza a ocupar el lugar que le corresponde. En un acto de justicia histórica, el 13 de agosto de 2024, el Consejo Legislativo del Zulia aprobó por unanimidad el traslado de sus restos al Panteón Regional del Zulia. En una ceremonia solemne celebrada en febrero de 2025, sus restos fueron inhumados en ese recinto sagrado, convirtiéndose en el primer científico en recibir tan alto honor. Esta historia es mucho más que la de un brillante astrofísico y matemático: es la de un hombre que, en medio de la rivalidad de las superpotencias, puso sus conocimientos al servicio de la humanidad y se mantuvo fiel a sus principios, a su tierra y a su bandera. Fue el cartógrafo que trazó el camino en la Luna sin pisarla, un camino que se recorrió sin mencionar su nombre; el cerebro detrás de un plan de becas que dio prestigio a todo un país. Hoy podemos comenzar a saldar la deuda que tenemos con él para honrar su memoria con sello venezolano.