Condena de la memoria (2)
2026-02-18 - 13:08
Una de las formas de “condenar la memoria” es destruir o desfigurar esculturas públicas que representan personajes que en el pasado eran celebrados, pero que al presente están sometidos bajo escrutinio, pero no dejan de ser testimonios de su época, por lo que demandan ser contextualizados. La defensa del patrimonio cultural es una obligación prioritaria del Estado y la ciudadanía, que abarca desde la investigación y conservación hasta la vigilancia de su protección material y espiritual. Los valores culturales se consideran bienes irrenunciables. Se reconoce que muchas obras de arte y monumentos en espacios públicos contienen trazas de colonialidad o hacen apología de actores que perpetúan relatos semióticos imperiales. Aunque estos bienes son documentos históricos que reflejan méritos de su tiempo y forman parte de lo pluricultural —lo que obliga a su preservación para evitar daños o pérdidas—, se hace necesario reinterpretarlos bajo una revisión crítica de la historia que promueva la descolonización y la liberación del pensamiento para construir una sociedad independiente, variada y sin discriminaciones. Esta contextualización busca visibilizar hechos que la historiografía dominante ha silenciado o deformado y contrastarla para entender su problema en toda su dimensión, pues somos su resultado convergente. El proceso operativo para esta transformación puede presentarse de diversas formas, por ejemplo, trasladar esos bienes desde espacios públicos (plazas, avenidas, parques) a museos o galerías, siempre que se realice un proceso de consulta pública con los residentes locales. En caso de que se decida el traslado, el bien se ubicará en un punto idóneo donde se explique tanto su historia original como el contexto colonial al que rendía tributo. El área desalojada puede ser ocupada por piezas de carácter reparador. Si la consulta decide la permanencia del bien, o si su traslado es técnicamente imposible (como en murales o esculturas adosadas), se instalarán dispositivos museográficos que describan la complejidad de la persona y su era, y, de ser posible, se añadirán obras que lo antagonicen. En todo caso, cualquier nueva manifestación cultural debe respetar el entorno urbano o natural, considerando la escala, las visuales y los valores históricos y estéticos del paisaje preexistente.