¡Cuéntate, que todos cuentan!
2026-02-27 - 12:38
Desde febrero hasta abril de 2026, el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt) lleva a cabo la Campaña Nacional de Recolección de Datos de Investigación y Desarrollo (I+D), que, a primera vista, podría parecer un ejercicio técnico reservado a especialistas. Sin embargo, su alcance es mucho más amplio, ya que su objetivo es producir la base empírica que permite diseñar políticas públicas basadas en datos, especialmente en sectores estratégicos como los hidrocarburos o la inteligencia artificial, entre muchos otros. Los indicadores nacionales más recientes, disponibles en la página web del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), muestran que el sistema ya cuenta con información estructurada sobre el personal dedicado a I+D, el gasto en inversión, las unidades de investigación, los proyectos en ejecución y la producción científica. Estos datos describen el panorama del ámbito y permiten medir su intensidad y rendimiento. Por ejemplo, la relación entre el gasto en I+D y el producto interno bruto es una medida del esfuerzo macroeconómico que un país dedica al conocimiento. Del mismo modo, la densidad de investigadores en relación con la población económicamente activa revela la capacidad instalada para generar soluciones tecnológicas. Pero, ¿cuál es la relevancia de este hecho para, por ejemplo, la industria de los hidrocarburos? Pues las decisiones sobre recuperación mejorada de crudos, optimización de procesos de refinación o digitalización de operaciones requieren conocer previamente dónde se encuentra el talento especializado, cuántas unidades de investigación operan en áreas de ingeniería y ciencias asociadas y qué proporción del gasto en I+D se destina al sector productivo. Si los datos muestran que hay una concentración de investigadores en determinadas regiones sin suficiente infraestructura, la política pública puede priorizar la inversión en laboratorios y equipamiento. Si, por el contrario, hay infraestructura o inversión sin masa crítica de talento, la estrategia deberá centrarse en la formación de doctores y en la más estrecha vinculación universidad-industria. Sin una medición precisa, estas decisiones se tomarían por intuición; con datos, se basan en pruebas. La inteligencia artificial es otro claro ejemplo. Aunque reconocemos su importancia estratégica, es necesario saber cuántos investigadores trabajan en disciplinas asociadas (matemáticas, ingeniería informática, ciencias de los datos), cuál es su nivel de formación académica y qué resultados producen en términos de publicaciones, patentes o prototipos. La combinación de talento humano, inversión y productividad científica permite estimar el rendimiento del sistema. Si el gasto aumenta, pero la producción relativa no crece, la política debe revisar los mecanismos de gestión y transferencia. Si, por el contrario, existe productividad con bajo gasto, se evidencia resiliencia y potencial de expansión. En resumen, la Campaña Nacional de Recolección de Datos es el mecanismo mediante el cual el país actualiza sus conocimientos sobre inversión, capacidades y resultados en ciencia y tecnología. Cuando estos resultados se analizan rigurosamente, se convierten en herramientas que permiten asignar recursos de manera más eficaz, fortalecer los sectores estratégicos y reducir la incertidumbre a la hora de tomar decisiones. Las políticas públicas más eficaces no surgen de percepciones aisladas, sino de información verificable y comparable. Medir con precisión es el primer paso para transformar el conocimiento en desarrollo productivo. La invitación es para todos los sectores (industria, universidad, gobierno y poder popular) a participar y hacer suya la consigna: ¡Cuéntate, que todos cuentan! @betancourt_phd