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Cuba II

2026-02-08 - 11:09

Mi vínculo con Cuba se mantuvo a lo largo de los años que estuve en Viena realizando mis estudios musicales (1982-1991). Allí, formamos el Coro Alejo Carpentier de la Asociación Austro Cubana de la Amistad, una coral que reunía a latinoamericanos y austríacos bajo la bandera de la solidaridad con Cuba. Allí tuve la oportunidad de conocer a Arnaldo Tamayo Méndez, primer cosmonauta cubano, con quien sostuvimos un encuentro donde nos contó “todo lo que usted quería saber acerca de los viajes espaciales y no se atrevía a preguntar”. También nos tocó atender a los músicos del conjunto de son cubano Sierra Maestra y al pianista Jorge Luis Prats. Todo esto con ese compromiso amoroso que se nos había instalado en el alma luego del viaje de 1978. En 1992 participé, como guitarrista, en el anuncio de una hermosa iniciativa impulsada por la, para entonces, presidenta del Ateneo de Caracas, María Teresa Castillo. Hablo de la creación de la Casa Simón Bolívar en La Habana. En 1993 fui a La Habana con el Cuarteto Rodrigo Riera en una gira que incluyó la recién inaugurada Casa Simón Bolívar. Esta casa ubicada en La Habana Vieja fue el germen para que, en octubre del año 2000, Hugo Chávez y Fidel Castro crearan la Casa de Nuestra América José Martí en Caracas, la cual fue adscrita a la Biblioteca Nacional, ente del que fui Director General en dos ocasiones volviendo a encontrarme, por esa razón, con Cuba y su gente. El viaje de 1993 nos enfrentó con el llamado “Período especial”. El día que llegamos, los Estados Unidos acababan de ordenar a un tanquero que llevaba petróleo a la isla, que desistiera porque si no, iban a hundirlo. Fue una época dura. Sin gasolina y en bicicleta se cumplían las obligaciones laborales. Sin energía eléctrica, la comida escasa pero con la dignidad intacta.

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