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Datos para resistir, ciencia para construir

2026-03-20 - 17:37

Las estadísticas conviene analizarlas con serenidad, pero también con sentido histórico. En 2015, una orden ejecutiva de Estados Unidos calificó a Venezuela como una «amenaza inusual y extraordinaria», lo que formalizó un ciclo de presión externa que, con el tiempo, se tradujo en medidas coercitivas unilaterales (MCU) sin precedentes en nuestro país y cada vez más severas. Años después, la relatora especial de la ONU sobre las MCU concluyó que dichas sanciones habían agravado la crisis económica y social y habían tenido efectos devastadores sobre la población. Pues bien, a la luz de los resultados publicados con rigor científico en el boletín del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), cabe destacar que, aun en ese contexto de restricciones, la actividad científica venezolana persistió. Cambió de escala, se replegó, se reordenó y, finalmente, volvió a mostrar capacidad de reconfiguración. Ese es, precisamente, el enfoque más fructífero para interpretar el comportamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Cometeríamos un error si negáramos los efectos y la contracción. Se trata, más bien, de comprender que la reducción de recursos dio lugar a una respuesta técnica de resistencia y no a un vacío institucional. El propio boletín del Oncti sostiene que la intensificación de las MCU desde diciembre de 2014 es coherente con las variaciones observadas en la serie histórica, pero añade algo más importante: en 2023, por ejemplo, se consolidó una fase de recomposición y estandarización metodológica que permitió visibilizar con mayor precisión el esfuerzo real. Las cifras entusiasman cuando se interpretan con detenimiento. Ese año se registraron 9.402 investigadores e investigadoras a través de un nuevo censo más riguroso, alineado con el novedoso Manual de Caracas. Lo decisivo es que, con esa plantilla, el país reportó 17.760 unidades de productividad científica entre productos y proyectos. Al relacionar ambos valores, se obtiene una proporción de 1,89 registros de productividad por persona dedicada a I+D. En otras palabras, aun con una base de personal más rigurosamente medida y en un contexto de restricciones financieras, el sistema demostró una notable capacidad de producción per cápita, superior a la que suelen suponer las lecturas apresuradas. Además, la red institucional continuó en pie y, en 2023, se contabilizaron 315 espacios activos de I+D, la mayoría de los cuales se encontraban en las universidades (216), seguidas de otros 73 en la Administración Pública Nacional. Esta distribución es importante porque desmonta la idea o el efecto deseado de un supuesto desmantelamiento de la red. Más bien, revela una malla de trabajo científico y tecnológico que se sostuvo en varios frentes a la vez. Las universidades conservaron el núcleo principal, el Gobierno mantuvo una presencia estructural constante, la industria siguió aportando capacidades y el poder popular, ahora visible en las estadísticas, confirmó que la innovación también surge en territorios y prácticas que antes quedaban fuera del radar. Hay otro indicador elocuente. La productividad total aumentó de 1.214 registros en 2020 a 17.760 en 2023. No se trata de una variación menor ni de un simple accidente contable. Es la señal de una reorganización operativa que ha logrado transformar la dispersión en registro, el esfuerzo aislado en evidencia y el trabajo cotidiano en un dato verificable. Por eso el boletín habla, con razón, del «retorno a un perfil estructural robusto». Incluso el gasto gubernamental en I+D se recuperó, alcanzando el 0,53 % del PIB en 2023, a pesar de que el ingreso nacional se había visto sensiblemente afectado por malévolas restricciones externas. Saber cómo actúan los diferentes actores del sistema es mucho más que un mero ejercicio ornamental; es una tarea de soberanía técnica. Una medición precisa permite defender mejor lo existente, corregir vacíos, orientar inversiones y reconocer la labor de quienes, muchas veces en silencio, han mantenido una trayectoria verdaderamente heroica desde laboratorios, aulas, fábricas, instituciones públicas y espacios comunitarios. Por este motivo, es crucial participar en la Campaña Nacional de Recolección de Datos de Investigación y Desarrollo en Venezuela, impulsada por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt) a través del Oncti. La campaña recopila información sobre talento humano, inversión, infraestructura, producción científica y alianzas con el fin de fortalecer la planificación y la adopción de políticas públicas que beneficien al tejido industrial y a la salud integral de la República. Por tanto, participar significa más que rellenar una encuesta; también implica contribuir a que el país conozca con mayor exactitud la magnitud de su propia capacidad creadora. La invitación más clara es a participar en esta campaña anual, visitando https://www.oncti.gob.ve/ecoleccion-datos-id/ y, de este modo, seguir construyendo el futuro hoy. @betancourt_phd

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