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Decadencia del saqueo

2026-03-07 - 12:08

Una sociedad debe funcionar para el bienestar colectivo. La de Estados Unidos entrelaza discriminación racial y desigualdad económica. Su expansionismo militar y su impagable deuda pública no favorecen a su población, sino a minoritarias élites. Si algún cambio ha de ocurrir, vendrá de este pueblo sistemáticamente ignorado por sus dirigencias. Estados Unidos está en declinación demográfica. Según su Oficina Nacional del Censo, para 2020 la potencia norteña tiene 331.449.281 de habitantes, cifra que incluye 11,2 millones de inmigrantes ilegales. La tasa de natalidad para 2022 fue de 11 nacimientos por cada 1.000 habitantes, 1,1%; índice inferior al 2,1, la fecundidad de reemplazo. Sin “hispanos” ni migrantes, dicha tasa caería abruptamente y el país devendría progresivamente despoblado. La población de Estados Unidos no es culturalmente homogénea. Las propias autoridades fuerzan la discriminación étnica al clasificarla en los documentos oficiales en categorías “raciales” distintas: blanco, negro/afroamericano, indígena americano/nativo de Alaska, asiático, nativo hawaiano/isleño del Pacífico y “otra raza”, que incluye a los “hispanos o latinos” como grupo étnico. Lejos de integrarse, mantienen sus identidades, que en líneas generales coinciden con estratos económicos clasistas. Los indígenas nativos han sido sistemáticamente exterminados: de ellos sobreviven unos cuatro millones, un millón está encerrado en “reservas”, casi siempre territorios inhóspitos marcados por altos niveles de pobreza y desempleo. Para 2020, 19,1% de la población de dicho país era de “hispanos”, es decir, uno de cada cinco; para 2060, se estima que pertenecerá a tal categoría 26,9% de la población, unos 119 millones, casi una de cada tres personas. Sumada a la población afrodescendiente, podría convertirse en fracción mayoritaria. La Oficina del Censo calcula para 2022, una fuerza laboral de Estados Unidos de 171,1 millones, de los cuales 146,6 habían nacido en el país; 22,2 millones eran inmigrantes legalizados, y 8,3 millones no legalizados. Estos últimos representan apenas 4,8% de la fuerza de trabajo (US Census Bureau Data). La sociedad estadounidense está signada por una extrema y creciente desigualdad. Datos de la Reserva Federal revelan que a principios de 2024, el equivalente a 1% de la población del país poseía 30,5% de la riqueza, mientras que 50% más pobre poseía apenas 2,5%. Para 1965, la proporción de salarios entre los trabajadores ordinarios y los gerentes era de 1 a 24; para 2005, es de 1 a 262. El nivel de ingresos coincide aproximadamente, salvo excepciones, con las categorizaciones étnicas que las autoridades imponen. Esta divergencia de riqueza influye en las condiciones de vida de los sectores de la población. Nativos, afrodescendientes, “hispanos” y migrantes son sistemática y brutalmente discriminados. Gran parte de las luchas sociales revisten un tinte inequívocamente étnico: movilizaciones por la igualdad, como las de “La Raza”, o simplemente el derecho a la vida, como el “Black Lives Matter”; protestas contra la brutalidad discriminatoria de la policía de migración. La desigualdad económica condiciona el derecho a la libertad. El país tiene la mayor población carcelaria y tasa de encarcelamiento del mundo, con 2,3 millones de personas tras las rejas, y 5,4 millones de adultos bajo supervisión correccional (prisión, libertad condicional). Dentro de ella, “negros afroamericanos” e “hispanos” presentan un porcentaje superior al de su presencia en la demografía. En las sociedades clasistas, la educación es forma privilegiada de ascensión social. En Estados Unidos, según datos de 2021-2025, 21% de la población adulta, unos 43 millones de personas, tiene un bajo nivel de alfabetización o es considerada analfabeta funcional. El acceso a la educación superior es bloqueado por prohibitivas matrículas. El cuidado de la salud depende de costosas pólizas privadas. La desigualdad económica y la discriminación influyen en otras circunstancias adversas. Según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud (Nsduh) de Estados Unidos de 2023, unos 70,3 millones de personas (24,9% de la población, casi uno de cada cinco) consumen drogas ilegales. Unos 48,5 millones de estadounidenses de 12 años o más sufrieron trastornos por tal causa. Si niños de 12 años saben cómo contactar traficantes, ello implica que el FBI, la CIA y la National Security Agency no los detienen porque son cómplices. La persistente discriminación social y cultural quizá causa una creciente falta de satisfacción con la democracia. Según encuestas del PEW Research Center, dicha satisfacción ha descendido 10 puntos, de 41% en 2011 a 31% en 2024, cuando el índice de insatisfacción abierta es de 68%. Numerosas preocupaciones atormentan al pueblo de Estados Unidos. Reciente encuesta del citado PEW Center revela que 93% está preocupado por el costo de la atención médica, 92% por el de los alimentos y bienes de consumo, 89% por el costo del alojamiento y la vivienda, 85% por el de la electricidad, 79% por la falta de empleos y trabajos, 68% por el precio de la gasolina, y apenas 58% por el desenvolvimiento de la bolsa de valores. Según PEW, la mayoría de 58% considera desfavorablemente al presidente Trump; el secretario de Estado Marco Rubio es calificado desfavorablemente por 44% y favorablemente solo por un 34%; el 19% no sabe quién es. El secretario de Defensa Peter Hegseth es considerado desfavorablemente por 41%, favorablemente por 21% y 31% no sabe quién es. En lo que nos concierne, según encuestas de PEW, 45% de los estadounidenses opinaban que su país no debería interferir con el Gobierno de Venezuela; solo 32% pensó que se debería involucrar algo, y apenas 21%, que debería hacerlo mucho o extremadamente. Magnitudes semejantes marcaron sus respuestas acerca de si se debería dar acceso al petróleo venezolano a empresas del país norteño: 40% se oponían; 37% lo apoyaban; 22% no sabía. La reciente carnicería y saqueo no contaría precisamente con aprobación mayoritaria. Como la mayoría de las agresiones estadounidenses, fue unilateralmente decidida por una minoritaria élite financiera y militar, que no tiene para ofrecer más que el pillaje.

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