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Detrás del disfraz

2026-02-17 - 23:09

El acto de disfrazarse es un fenómeno psicológico tan antiguo como la humanidad. El Carnaval es la fiesta de desinhibición por excelencia. En un mundo donde la salud mental suele verse como estigma, el Carnaval surge como un espacio de liberación emocional, pues al disfrazarnos podemos mostrar facetas de nuestra personalidad que, generalmente, mantenemos ocultas. La oportunidad de disfrazarse suele ser aprovechada por tímidos y serios para desinhibirse, ser chistosos y ocurrentes. A menudo debemos ocultar el rostro para liberar nuestra verdadera identidad, tendiendo a usar máscaras sociales para adaptarnos al trabajo, la familia o para cumplir expectativas ajenas. Mientras la máscara del Carnaval suele ser voluntaria y festiva, la máscara social que usamos por ansiedad o miedo al rechazo termina siendo agotadora. En la era digital vivimos en un carnaval perpetuo, rodeados de filtros que terminan afectando la autoestima, ya que mantener una fachada de perfección constante termina siendo agotador. Participar en estos rituales colectivos genera beneficios como el sentido de pertenencia. El Carnaval surge como espacio de liberación emocional que permite colgar por un rato el peso de la cotidianidad y convertirlo en ritual de desahogo emocional.

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