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Diario de la lengua en salsa

2026-03-10 - 18:38

La palabra viaja en la voz de los hablantes. Inquieta, persevera y se impone ante las corrientes de los olvidos; así, como a los arrebatos violentos de la prisa que nos sumerge en inevitables fugacidades. Por eso cuando hablamos insistimos en repetir frases; haciendo énfasis en esa sonoridad y musicalidad de las palabras; que se hace sentir con más intensidad, desde los infinitos matices dialectales, que se dan en los dinámicos, espontáneos y cambiantes predios del habla. En los sonidos que produce la palabra dicha a viva voz, resuenan también, otras voces: las de las emociones; las de aquello oculto o solapado entre paredes de antiguos silencios; las voces de las pasiones o sentimientos que perviven y trascienden sus mismos orígenes, expresándose continuamente, desde el inagotable deseo de perdurar o permanecer, al ser correspondidos o escuchados; por las veredas, calles y avenidas de esa ciudad que muy bien podríamos llamar “La Conversa”. Una vez leí en el lomo de un libro un tatuaje que decía: “Diccionario de palabras que mueren”, desde ese día no he podido alejar de mi mente la imagen de un cementerio de palabras que no deja de asombrarme. En otra ocasión me encontré con otro libro titulado: “Obituario de voces caraqueñas.” Si las palabras mueren, valdría la pena preguntarnos: ¿Muere algo dentro de nosotros cuando se nos muere una palabra? Digo esto para referirme al libro de poemas “Diario de la lengua en salsa” del poeta y ensayista Franz Ortiz Castañeda, edición trilingüe en español, inglés y francés, publicado por ediciones Esteban Guerrero, Barquisimeto, 2007. Los textos de este libro fueron traducidos al inglés por Rosa Ortiz de León y al francés por Edwin Antiche Garzón y la portada luce un extraordinario trabajo del pintor José Luís Aldana. “Diario de la lengua en salsa” es uno de esos libros que se hacen o se gestan en el corazón del habla. Aquí, el poema abre las puertas a todas las palabras sin discriminación alguna. Hasta la “palabra disparada a ciegas” camina por los pasillos de esta casa hecha de voces, que jamás podrán morir en boca de los hablantes. A estas páginas vienen también las muletillas cansadas y maltrechas de tanto ser sacudidas por vacías reiteraciones. Pero, cuando entran al “cuerpo del poema” reviven y recobran la sonoridad y el ritmo de sus orígenes, al abrazar a otras palabras en la página, que humildemente ofrece el refugio del verso, que galopa libre por las sabanas del poema. El poeta Franz va ”arañando palabras sin arraigo” para acariciarlas con las sencillas tintas de una escritura venida de las fuentes del habla de la gente, con sus variados y deliciosos matices y colores. El poeta deja que el verbo se vuelva “puro relincho desbocado” entre “las voces con su caída libre” que huyen despavoridas de los rígidos predios de la academia, que siempre ha pretendido domar lo indomable. En estos textos las palabras se distancian de “los jueces del idioma” y se resisten a entrar en los sarcófagos de los diccionarios. Prefieren pasear de boca en boca por plazas, mercados, calles, barrios, bares; y por todo lugar, donde hablar es devolverle a la vida la savia de la conversa. Respecto a esto último considero oportuno citar un breve párrafo del ensayo “La lengua del corazón” de la escritora y ensayista venezolana María Fernanda Palacios, allí comenta lo siguiente: “...Para recuperar el cuerpo de la lengua hay que irse a esos suburbios del decir, a las fronteras de lo verbal, donde la costumbre no ha logrado instalarse...” Estos poemas de Franz Ortiz nos invitan a conversar y a escucharnos con nuestras humanas y naturales carencias. Leemos en este libro los siguientes textos poéticos: VIDA DE LA LENGUA “De cierto de cierto os digo” Cábala es mi origen lengua muerta viva en el sustrato todo cifrado en lo profundo desde aquel siglo sin numeración hasta una civilización memorial sostenida por la historia del verbo. Hablar contar cantar soltar la melodía sin ataduras porque la lengua te hace gente dota la vida de los cinco elementos empuja el movimiento de lo creado RECETA PARA LA LENGUA EN SALSA Arrancar la lengua de la boca trocearla al picadillo bañarla con pasión agridulce luego mezclar con ajo pólvora sentencias enjuiciar sus raíces a mansalva aniquilar cualquier sentido en rebelión después cocerla a fuego lento sin agua sin temor sin saliva una vez alcanzada la blandura en extremo servirla extendida en la calle del medio para que cualquier transeúnte alguna gente con memoria del habla agregue su condimento preferido hasta recrear la sazón de otra lengua. O SEA Hablo en el aire o sea arañando palabras sin arraigo sin armonía en las correspondencias como un paracaidista con su tela rota o sea sin sazón en el habla con el ritmo interior entrecortado o sea tratando de decir algo casi imposible angustiado frente a ese mundo ajeno que deseo dibujar y se me escapa o sea cómo padezco cuando me pierdo en las ideas en este laberinto de una memoria sin su lenguaje real. POR SUPUESTO Declaro por supuesto Me elevo por supuesto Globalizo mi imagen por supuesto Invado las pantallas por supuesto Sonrío en las primeras páginas por supuesto Reino en las entrevistas por supuesto Soy un anecdotario por supuesto. Por supuesto despliego mi limbo Por supuesto hago hueco mi alma No acepto mi vacío aferrado a la máscara Tengo lengua de paja pensamiento inerte amor por mí en extremo por supuesto. Por supuesto repito repito sin conciencia por supuesto. Franz Ortiz Castañeda (Libertad, Edo, Barinas, Venezuela, 1950). Ha vivido muchos años en Barquisimeto, Lara. Profesor de Literatura jubilado de la UPEL-IPB, Universidad donde se desempeñó como Coordinador de Extensión Cultural. Ha publicado los libros de poesía: También el infortunio tiene fiesta (1982); Ruido de la flor (1998) y Letanías (2000). Ensayos: Doña Bárbara o un mundo de la coloquialidad del peón del llano (1986); Poética y simbología de lo nacional en “Barco de piedra” de Andrés Eloy Blanco (1986); Canaima y Los Pasos Perdidos: dos mundos paralelos (1987); Teodora: loza, la luna y el viento (2001); La poesía de Ana Enriqueta Terán: Universo de Imágenes recurrentes (1995). Publica también las antologías: Poesía y prosa de Roberto Montesinos (2001) y José Pío Tamayo, conciencia de poeta y combatiente (2001).

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