Duelo del bombardeo
2026-02-02 - 12:39
Cuando una población se ve sacudida por un bombardeo, el daño no se limita a los edificios derrumbados o las víctimas, se infiltra en la psique colectiva, transformando su percepción de seguridad, hogar y futuro. Tras el impacto de un misil, el polvo se puede asentar, pero el ruido permanece en la cabeza de quienes lo vivieron. El dolor de la pérdida de seres queridos se trata de un duelo traumático y suspendido, es una ausencia sin preparación ni despedida, lo que dificulta el cierre psicológico, y crea sentimientos de culpa en los vivos. El duelo de las pérdidas materiales va más allá de objetos. Decir que “no importa, eso se recupera” no basta. Es necesario comprender el alcance de la pérdida y validarla, aceptando que perder la casa también es perder el hogar y la identidad. Nuestra casa representa el refugio psíquico, el contenedor de nuestros recuerdos y verla destruida genera una sensación de desprotección absoluta. Con ella se fueron fotos, recuerdos, su desaparición forzada es un despojo de nuestro pasado. La población está viviendo un estado de alerta constante o hipervigilancia, donde un portazo o el ruido de un helicóptero son disparadores de pánico, que recuerda que el susto sigue alojado en nuestro cuerpo. Es necesario sanar, transitando de la supervivencia a la resiliencia.