El baile de la crueldad
2026-01-28 - 11:04
Mientras más de 100 familias venezolanas atraviesan el dolor irreparable de perder a seres queridos, en su mayoría jóvenes cuyos futuros fueron truncados por los brutales bombardeos del 3 de enero un sector del ecosistema digital y mediático ha ejecutado una de las demostraciones más crudas de deshumanización política en la historia contemporánea de América Latina. Lejos de guardar un mínimo de respeto ante el duelo colectivo, o de ejercer un periodismo responsable que contextualice la tragedia, figuras públicas periodistas, youtubers, tiktokers e influencers han convertido el dolor ajeno en contenido bailable. Coreografías con música electrónica, memes celebratorios y transmisiones en vivo de tono festivo han proliferado en plataformas como Youtube, X, Instagram y Tik Tok, evidenciando no solo una profunda desconexión ética, sino lo que parece ser una estrategia calculada de desensibilización y propaganda ligada a los sectores extremistas que pretenden gobernar Venezuela. Este fenómeno aberrante, vinculado con la maquinaria de desinformación, actúa como un brazo comunicacional de los sectores más extremistas de la oposición venezolana, cuyo proyecto político requiere, para imponerse sin consenso, la anulación de la empatía, la promoción del odio y la caricaturización del adversario hasta convertirlo, no en un compatriota víctima, sino en un potencial individuo a ser aniquilado, enmarcándose en la agenda de la guerra civil, de la visión fratricida, demencial, que no conviene a nadie. La realidad es clara, no se trata de la espontaneidad de creadores, es el resultado de un ecosistema financiado, donde el pago en divisas extranjeras (principalmente dólares) recompensa la producción de contenido que cumpla un objetivo político específico: transformar una tragedia nacional en un chiste, y al pueblo venezolano que no acompañe sus aventuras en un enemigo. Queda claro que el llanto de las madres y de los familiares que tuvieron que enterrar a sus deudos asesinados, el trauma de los niños y adultos que vivieron aterrados las explosiones que aturdieron sus sentidos y destrozaron sus viviendas, no es un motivo de respeto para quienes reciben una recompensa por hacer de la tragedia de la invasión militar un festín que siga impulsando al país a la destrucción, que poco les queda de humanos.