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El buen juez Magnaud

2026-03-25 - 13:14

Jean Marie Bernard Paul Magnaud (1848-1926) fue conocido a finales del siglo XIX como el “buen juez” por sus especiales sentencias, siempre dictadas individualizando las penas y basadas en la equidad más que en la rígida legislación de la época. Magnaud llegó a sorprender al mundo y se hizo famoso como el magistrado íntegro y piadoso. En 1887 es nombrado presidente del Tribunal de Château-Thierry, localidad a unos 90 km de París. Será en este tribunal donde el juez Magnaud dictó una serie de resonantes decisiones judiciales, la más célebre de ellas fue, sin duda, la del caso Louise Ménard (4.3.1898): una joven madre soltera, con un hijo de 2 años, sin modo de sustento, sin comida durante tres días por lo que hurtó una barra de pan en una panadería. El panadero la denunció. Fue detenida y reconoció los hechos. La ley exigía una pena de cierta severidad. Pero el juez la absolvió, considerando que el hambre es susceptible de arrebatar a todo ser humano una parte de su libre arbitrio y de aminorar en él, en una gran medida, la noción del bien y del mal. El fiscal imperturbable apeló dicho fallo que conoció la Audiencia de Amiens, que ante la favorable conmoción pública por la decisión de Magnaud, aquella resolvió timorata aplicar la ley de Bérenger en la que faculta a los jueces dejar sin efecto la pena en la misma sentencia en que la imponen, en vez de confirmar la absolución. Nuestra Constitución propugna no solo un Estado de Derecho sino también de justicia, eso quiere decir, que los jueces en aplicación de la ley deben considerar las circunstancias en cada caso para desmontar el aforismo “a mayor derecho, mayor injusticia”. El eminente jurista uruguayo Eduardo Couture aconseja que es deber luchar por el derecho; pero el día que se encuentre en conflicto el derecho con la justicia, se luche por la justicia. La sociedad está obligada a garantizar la existencia del ser humano, no solo de las agresiones de los demás, sino también de sus omisiones. Por tanto, el juez, quien le da vida a la letra cruda de la norma, debe buscar a la víctima y cuando no la encuentra, hallar siempre las condiciones desfavorables en que se desenvuelven los oprimidos. Por ello, se demanda a los jueces, hoy más que nunca, una conducta desinteresada, abnegada, independiente, proba y sobre todo valiente como la del buen juez Magnaud.

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