El cadáver insepulto del chavismo
2026-01-30 - 22:49
Ahora, se convierte en una especie de fe sin dios: se invoca a Chávez, se clama por Maduro, pero los verdaderos apóstoles son otros. Humberto González Briceño En Venezuela, el poder no se hereda: se usurpa, se simula y se recicla. Desde la muerte de Hugo Chávez en 2013, lo que se ha presenciado no es una mera transición política, sino un proceso de sustitución sistemática —y despiadada— del chavismo originario por un engendro mutante: el madurismo. Hoy, ese mismo madurismo empieza a ser barrido por una nueva camada de sobrevivientes: los hermanos Rodríguez. El ciclo se repite, aunque con nuevos rostros, nuevos intereses y la misma vieja retórica. Nicolás Maduro, que llegó al poder ungido por la voz agónica del Comandante, no tardó en eliminar a los herederos naturales del chavismo. Con la excusa de preservar el legado, los purgó sin contemplaciones: ministros, operadores políticos, ideólogos de ocasión e incluso miembros del círculo familiar más íntimo de Chávez fueron empujados al exilio, al ostracismo o a la cárcel. No importaba si eran leales; bastaba con que representaran una amenaza o una incomodidad. Todo, por supuesto, en nombre de Chávez. Hoy, el guion se reescribe. Maduro, cada vez más ausente, más incómodo, más prescindible, comienza a ser desalojado del poder efectivo. Y al igual que él se deshizo del chavismo fundacional, ahora son los Rodríguez —Jorge y Delcy, con esta última manejando con puño de hierro el timón del régimen— quienes están ejecutando la nueva purga. Ministros caídos, operadores desplazados, figuras claves del madurismo desmembradas con precisión quirúrgica. ¿La consigna? Defender a Maduro. ¿El resultado? Borrarlo. El paralelismo es tan grotesco como evidente. Así como Chávez no regresó nunca de La Habana —aunque se escribieran editoriales, se juraran lealtades y se escucharan voces asegurando que pronto hablaría al país—, Maduro no volverá jamás a ejercer el poder. Su imagen aún ondea en pancartas, su nombre es coreado como el de un mártir secuestrado por el imperio, y su libertad es exigida por coros de funcionarios desolados. Pero todos saben, en la cúpula, que ha comenzado el velorio. Como ocurrió con Chávez, nadie lo dice en voz alta. Pero lo celebran en privado. Delcy Rodríguez, pragmática, sin carga ideológica ni devoción revolucionaria, ha comenzado a desmontar las políticas energéticas que definieron al chavismo y al madurismo. Las joyas de la corona petrolera —PDVSA, las alianzas geoestratégicas, los discursos antiimperialistas— están siendo desguazadas para agradar a Washington, y en particular a Donald Trump. Lo irónico, o cínico, es que todo este viraje se hace invocando la memoria de Chávez y de Maduro, los mismos que —en teoría— jamás se hubieran arrodillado ante el “imperio”. Pero eso ya no importa. Porque el neo-chavismo que encarnan los Rodríguez no pretende sostener una ideología, sino una estructura de poder. No tienen épica, ni mito fundacional, ni masa crítica fanatizada. Tienen algo más eficaz: el control absoluto del aparato, la neutralización sistemática de cualquier disenso interno, y una narrativa vacía que puede ser adaptada al precio del petróleo, al clima electoral o al humor del Departamento de Estado. En este nuevo orden, incluso Diosdado Cabello —el eterno aspirante, el vocero de la pureza revolucionaria— debe bailar al ritmo que marcan los nuevos administradores del poder. Porque ya no se trata de lealtades ni de discursos, sino de supervivencia. Y en esa lógica, los que no se adaptan, sobran. Así, el chavismo muta una vez más. De revolución redentora pasó a maquinaria represiva; de ideología a clientelismo; de caudillismo a casta burocrática. Ahora, se convierte en una especie de fe sin dios: se invoca a Chávez, se clama por Maduro, pero los verdaderos apóstoles son otros. Y como suele ocurrir con los regímenes envejecidos, lo que se impone no es la renovación, sino la simulación del cambio. La historia se repite, pero no como tragedia ni como farsa. En Venezuela, la historia se repite como purga. @humbertotweets EL AUTOR es abogado y analista político con maestría en Negociación y Conflicto en California State University https://larazon.net/category/humberto-gonzalez-briceno