El castellano como base de la educación
2026-01-25 - 21:10
Es necesario implementar un programa universal para dotar a maestros y profesores de educación media de un lenguaje uniforme, en cuanto a la calidad de la expresión Rafael Marrón González XXII ANTES DE ENTRAR EN MATERIA, UN VERBITO QUE SE LAS TRAE El verbo “satisfacer” es una trampa andante en su conjugación y por esa odiosa “s” antes de una “f”, que nos complica la respiración, y se comprime en “satifacer”, “satifació” y “satifacieron”, error por partida doble. “Satisfacer” es un verbo irregular y se conjuga como “hacer”: “Hacer, satisfacer. Hecho, satisfecho. Hago, satisfago. Hace, satisface. Haga, satisfaga. Hará, satisfará. Haría, satisfaría. Hacía, satisfacía. Hizo, satisfizo. Hiciera, satisficiera. Hiciese, satisficiese. Haz, satisfaz o satisface. Gerundio: Satisfaciendo. AHORA, A LO NUESTRO Revisaba, por cortesía de una amiga profesora de historia, trabajos de investigación de alumnos suyos, y me pareció que algunos merecían una calificación importante por sus conocimientos, sin embargo me negué a calificar de acuerdo al contenido, porque en la revisión detecté profusión de errores ortográficos, y, para mi visión, ese descuido en la redacción indica deficiencia. Porque el lenguaje es la base de la educación. Y para que esto sea un axioma conceptual en el sistema educativo es necesario que los maestros de primaria y profesores de bachillerato tengan como base de su formación el lenguaje. Jamás el profesor de castellano logrará su objetivo de mejorar la expresión de sus alumnos si no tiene el concurso de los demás profesores y el lenguaje prive sobre la calificación en todas las materias. No es posible que al profesor de física le tenga sin cuidado que sus alumnos escriban “yubia”, y digan “íbanos” mientras le formulen correctamente. Lo lógico es que por haber escrito “yubia” y decir “íbanos”, al machete en física se le descuenten cinco puntos de su calificación, por la medida chiquita. Y es que hay otro factor determinante a considerar, y es que la simpatía priva en la emocionalidad de los jóvenes y si el profesor de educación física que dice “semos” es “chévere o calidá”, entonces tendremos a miles de alumnos “semosfílicos”. Indudablemente que, en teoría, la familia tiene la responsabilidad de enseñar a hablar correctamente a sus hijos, pero como la realidad nos presenta un cuadro alarmante de corrupción idiomática derivada de la “educación” doméstica, toda la carga correctiva recae sobre la escuela, que ha derivado en padre y madre sustitutos, y también las culpas, injustamente, porque hay que recordar que corregir es más difícil que enseñar correctamente. MAESTROS Y PROFESORES UNIDOS POR EL LENGUAJE Es necesario implementar un programa universal para dotar a maestros y profesores de educación media de un lenguaje uniforme, en cuanto a la calidad de la expresión se refiere, Sería un proyecto muy interesante como herramienta formidable para la adecuación léxica de nuestra juventud a través de sus docentes, para evitar, por ejemplo, entre muchos otros casos, que determinados fenómenos fonético-fonológicos, como el lambdadismo (o lambdacismo), (sustitución del fonema «r» implosivo, por el fonema «l») se transformen en identidad nacional. En mi experiencia he encontrado que la diferencia de expresión verbal entre científicos y humanistas es abismal, en esos espacios educativos, con el agravante de que los alumnos son los mismos para ambos. Por ejemplo me encontré con una locuaz profesora de física que me bombardeó con tal profusión de disparates lingüísticos que salí aterrado, porque en un juego, improvisado, le contestaba con sus mismas ideas pero estructuradas adecuadamente, y ni siquiera se dio por enterada. Bloqueo mental completo. No oye, se oye. En otra oportunidad me tocó conversar en mi programa de radio con un profesor universitario, del área de computación, que formaba parte de la directiva sindical de su institución, y me vi obligado a sacarlo del aire, tal era la profusión de solecismos, barbarismos e impurezas. No puedo aceptar que se le permitan responsabilidades académicas a un individuo con tales carencias lingüísticas. Si se le contrató porque es una caja de machete en su profesión o porque no consiguieron a más nadie, en ambos casos, debió este sujeto pasar por un curso intensivo de dicción, antes de colocarlo frente a sus alumnos. Porque estamos hablando de uno de los elementos fundamentales que integran las lealtades comunes del pueblo hispanoamericano, que es el idioma castellano. Muchas veces por no herir susceptibilidades se toleran estas incorrecciones, lo que acepto en la medida de la responsabilidad social del sujeto. Si un buhonero me dice que su mercancía es la “más mejor”, sonrío, le compro y vuelvo. Pero si me lo dice un profesor universitario le suelto cuatro verdades, así se irrite. Y si usted considera que como técnico o científico no tiene por qué preocuparse por el lenguaje, estamos completamente de acuerdo, para ejercer esas disciplinas no se necesita idioma alguno, hasta el mutismo sirve, pero nadie está hablando de su profesión que es cosa suya, mientras se mantenga alejado del sistema educativo, porque estamos hablando de la educación que si es responsabilidad de todos, y por lo tanto problema de todos, y es como educadores que los estoy señalando, porque el lenguaje debe ser la base de la educación. Un pueblo será lo que sus maestros quieran. Continuará. EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. https://www.youtube.com/@Washingtontv1