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El choque con lo real

2026-02-27 - 12:38

Según el psicoanálisis lacaniano, lo real es aquello que no se puede nombrar, eso que está más allá de la palabra y, por tanto, no se puede simbolizar. El ejemplo clásico es el trauma, eso que ocurre cuando el sujeto choca frontalmente con lo real y el evento resulta tan violento y tan doloroso que es imposible siquiera enunciarlo. Según el filósofo esloveno Slavoj Zizek, parafraseando la célebre sentencia de Jean Baudrillard, el trauma es una “bienvenida al desierto de lo real”, como lo fue el 11 de septiembre de 2001 para los ciudadanos estadounidenses. En nuestro país, el pasado 3 de enero, las venezolanas y los venezolanos tuvimos nuestro choque con lo real. Meses anteriores a esa fecha fuimos objeto de discursos, campañas, rumores, amenazas, imágenes generadas por IA, noticias diseñadas en laboratorios mediáticos, entre otras operaciones psicológicas; pero al sentir directamente y sin mediación ese pululante, intenso y envolvente sonido provocado por el sobrevuelo de naves de guerra sobre el cielo caraqueño, escuchar aterrados los impactos de misiles en varias zonas de la ciudad y ver la destrucción de edificaciones civiles, militares y científicas (Ivic), dejando vestigios de muerte, miedo y desolación en múltiples puntos del norte del país, lo auténticamente real, eso que no supimos y aún no sabemos nombrar, nos hirió profundamente dejando un trauma colectivo. Al trauma le sigue una terapia, es decir, un tratamiento que busca sanar las heridas analizando las causas generadoras de aquello que provocó el evento que nos afectó a tal punto de cambiar nuestro paisaje, nuestra noción del mundo y manera de pensar nuestra propia existencia. No se trata de un proceso de negación, sino de enfrentar aquello que el trauma hace innombrable, para finalmente no solo aceptarlo, sino superarlo. Están por cumplirse dos meses de aquella fatídica madrugada. No podemos negar lo que sucedió ni tampoco autoengañarnos matizando los sucesos posteriores y que son efectos directos de lo que comenzó esa noche tan explosiva como aterradora. No podemos ser como el astuto padre del niño de la película italiana “La vida es bella”, quien por amor le negó al infante la posibilidad de conocer lo real con cuentos fantásticos y explicaciones alejadas de la verdad, para igual morir en un desolado campo de concentración fascista. IG: @ajunez_profesor

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