El expansionismo insaciable del sionismo
2026-02-28 - 14:57
El 19 de octubre del año pasado, el Gobierno de Israel, a petición del primer ministro Benjamín Netanyahu, aprobó denominar “Guerra de Renacimiento” a su agresión continuada contra el pueblo palestino, en lugar de “Espadas de Hierro”, como hasta entonces era conocida. Si bien pudiera pensarse que solo se trataba de un cambio de nombre para el genocidio que se está produciendo en la Franja de Gaza y Cisjordania ocupada, en la práctica el sionismo estaba dándole una carga simbólica y religiosa a la narrativa de la agresión, tratando de justificar el expansionismo que en el fondo lo alimenta incluso desde antes de la creación del Estado israelí, imprimiéndole una connotación de “renacimiento” espiritual. Ni ese paso, ni los que ha venido dando este año, como el de la aprobación de una ley que le permite registrar la propiedad de las tierras cisjordanas, algo que no ocurría desde 1967, cuando Israel se apoderó de toda la Palestina histórica y de territorios adicionales en Egipto y Siria, ni los continuos pronunciamientos de ministros ultraderechistas como Bezalel Smotrich e Itama Ben-Gvir, de Finanzas y Seguridad Nacional, respectivamente, quienes continuamente manifiestan su desprecio por el pueblo palestino y hasta la “necesidad” de exterminarlo, constituyen hechos desconectados de una concepción que se remonta a siglos atrás. Eretz Israel. Vale recordar que al ser creado el Estado de Israel por una resolución de la ONU en 1947, se le otorgó el 53% del territorio que hasta entonces históricamente pertenecía a Palestina, a cuyo pueblo se le dejó el restante, el cual luego iría reduciéndose cada vez más debido a la presión por la vía de las armas de los sionistas, dando lugar, por ejemplo, a la Nakba (“catástrofe” o “desastre” en árabe), que llevó al desplazamiento forzado de más de 700.000 palestinos, la destrucción de sus viviendas y de más de 500 pueblos. La peculiaridad de ese Estado creado por las Naciones Unidas es que jamás ha contado con fronteras estrictamente delimitadas, lo cual no tiene nada de casual y, por el contrario, según muchos analistas, se vincula con la concepción de los primeros sionistas de la Tierra Prometida (Eretz Israel), con una extensión variable, que podía ir desde el Néguev hasta Beirut, tomando casi todo el Levante, dependiendo de los mapas antiguos que se lleguen a consultar.Según el Deuteronomio, por ejemplo, Dios le habría dicho a Moisés que condujera al pueblo hebreo a la conquista de todo el territorio de Palestina, todo el Líbano y partes de Jordania, Siria y Egipto. El fundador del sionismo moderno, Theodor Herzl , citaba en sus diarios de 1898 una conversación con otro sionista, Max Bodenheimer, quien le planteó un Estado judío que iría “desde el arroyo de Egipto hasta el Éufrates”, lo cual consideró como “excelente”. En la Conferencia de Paz de París, en 1919, el jefe de la Organización Sionista Mundial, Chaim Weizmann, propuso un mapa para la colonia judía fundamentado en cálculos geopolíticos para apoderarse de los recursos hídricos de la región, abarcando grandes territorios que iban desde toda la Palestina entonces dominada por Gran Bretaña y pasando por territorios de Líbano, Jordania, Siria y Egipto, mientras que otro líder sionista, Ze’ev Jabotisnki, fundador de la corriente revisionista, planteó que el proyecto debía incluir Jordania, utilizando el lema “Las dos orillas del Jordán”, dando origen a la concepción moderna del “Gran Israel”, que siempre ha estado presente en la mente de la mayoría de quienes han gobernado ese Estado desde su creación. Esa doctrina se refleja en la actualidad con posiciones como las ya referidas de los ministros Smotrich y Ben-Gvir, así como del propio Netanyahu, quienes sostienen la tesis de un Estado israelí sin fronteras, justificando sus planes expansionistas. La anexión de Cisjordania ocupada está en marcha El expansionismo sionista en la actualidad pasa en primer lugar por lo que está ocurriendo con su política genocida en la Franja de Gaza y en la Cisjordania ocupada. Tras la firma del acuerdo de alto el fuego en octubre pasado, el Gobierno de Israel ha mantenido su presencia militar en más de la mitad del enclave, negándose a su total retirada como está establecido en el convenio, sin abandonar sus intenciones de expulsar a todos los palestinos (en lo cual ha contado con el apoyo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha manifestado su interés de establecer un emporio turístico en ese territorio). Mientras, ha continuado dando pasos para anexionarse la Cisjordania ocupada, a pesar del rechazo mayoritario de la comunidad internacional (a la cual, por lo demás, no le hace el mínimo caso): solo en 2025 emitió 146 órdenes militares que afectaron 11,2 kilómetros cuadrados de ese territorio, en tanto este año ya aprobó la ley que le permite registrar la propiedad de las tierras. La expansión de los asentamientos, con más de 700.000 colonos en tierras cisjordanas, es otra de las manifestaciones en la práctica de sus intenciones de concretar el proyecto del “Gran Israel”, según denuncias de la propia ONU y la organización israelí Peace Now, que lo ven como parte de la política estatal. Las visionarias conferencias de Juan Bosh en 1975 Juan Bosh Durante un ciclo de conferencias ofrecidas en agosto de 1975 en República Dominicana, que fueron recogidas en el libro Breve historia de los pueblos árabes, el expresidente de ese país, Juan Bosh (derrocado con apoyo directo de Estados Unidos en 1963) ofreció una radiografía del Estado de Israel desde 1948 con plena vigencia hoy. El historiador hizo un profundo análisis sobre lo que significó para el pueblo palestino la creación del Estado israelí arrebatándole más de la mitad de su territorio. Sostuvo que el sionismo surgió como un proyecto de Europa, cuyo expansionismo estaba directamente vinculado con los grandes intereses de potencias como Gran Bretaña y EEUU, sirviendo como suerte de “cuña” de Occidente en el mundo árabe, respondiendo a las necesidades estratégicas de controlar una región muy rica en petróleo y además clave en las rutas comerciales. Bosh recalcaba que el sionismo había utilizado la narrativa bíblica (la Tierra Prometida), para justificar su expansionismo mediante su proyecto político-militar, legitimando el apoderarse de territorios más allá de sus fronteras (que por lo demás nunca estuvieron totalmente definidas). Hoy continúa con el respaldo de las mismas potencias que propiciaron la creación de Israel.