El justo reclamo
2026-02-16 - 13:59
Se afirma que en la guerra la primera baja es la verdad y sobre esta máxima nuestra querida Venezuela tiene mucho que decir. De esa hebra tenemos un carrete. Por su posición geoestratégica, la riqueza de su territorio y la espiritualidad de su gente, el país sudamericano ha sido víctima de arremetidas coloniales ayer e imperiales hoy. Esta reflexión nos la suscita -además de la compleja situación actual- la celebración de las seis décadas del llamado Acuerdo de Ginebra, un documento que vino a enderezar la vileza cometida contra nuestra nación a finales del siglo XIX. Recordemos que el Acuerdo de Ginebra fue un tratado internacional rubricado en Suiza el 17 de febrero de 1966 por plenipotenciarios de Venezuela y de Reino Unido sobre el destino de Guayana Británica, cercana a alcanzar su emancipación de los europeos. El Acuerdo de Ginebra puso en evidencia cómo nuestra Patria fue despojada malandrescamente -para variar- de casi 160.000 kilómetros cuadrados, es decir, saqueada de esa rica región delimitada desde el río Esequibo hasta su hito en la cúspide del monte Roraima. La gestión firme de Venezuela en la búsqueda de finiquitar el litigio geográfico ya había visto su fruto en 1962, cuando de manera incontrovertible, ante la Organización de las Naciones Unidas, se pudo demostrar, con robusta argumentación histórica y jurídica, que el mentado Laudo Arbitral de París de 1899 había sido producto de una componenda y por ende, era a todas luces hijo de una acción fraudulenta, nula e írrita. Dicho de otra forma, tanto Reino Unido y Guyana (en ese momento Guayana Británica) al refrendar el Acuerdo de Ginebra, aceptaban la demanda de Venezuela, conviniendo de esta manera hallar una solución práctica, pacífica y satisfactoria para los interesados. En tal sentido, el Acuerdo de Ginebra es el tratado más importante para el proceso de negociación con la República Cooperativa Guyana, que, apegado al Derecho Internacional, descarta cualquier mecanismo de solución judicial sin arbitraje ni intervención de tribunales internacionales, sino con la transacción directa entre las partes. Previendo la explotación unilateral de esta “zona en reclamación” el Acuerdo de Ginebra busca salvaguardar la legitimidad venezolana de un espacio practicante en manos usurpadoras, al establecer en el párrafo 2 del artículo V: “Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial, en los territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios”. Sabemos que la diatriba con Guyana, si bien es hija del expansionismo británico del pasado, está inscrita en la dinámica geopolítica de nuestros días, lo que nos muestra que aun cuando la verdad nos asiste, la fuerza suele imponerse sobre lo razonable de nuestra exigencia. De tal modo que no debemos abandonar el principio de que es el Acuerdo de Ginebra el único marco jurídico y diplomático para solventar esta controversia en la cual Guyana debe acatar su responsabilidad internacional, negociando con Venezuela desde el respeto, la equidad y la buena fe. Todo sin injerencia extraña. ¡A 60 años del Acuerdo de Ginebra, ratificamos más que nunca el justo reclamo por nuestra Guayana Esequiba!