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El milagro de Pablera (1988)

2026-03-24 - 12:06

La escritura nos ejercita en ese peregrinaje que necesariamente hace el espíritu en sus viajes de impredecibles destinos. En ese tránsito hacia lo desconocido aparece lo inesperado y se posesiona de las palabras anunciadoras de asombrosos descubrimientos. Pero, lo que resuena en la casa del poema se hace voz imperecedera, cuando el escriba desliza la pluma del ave y se hace tinta en los pergaminos de la memoria; donde se nos hace difícil avizorar formas definidas, entre esas neblinas que disipan todo aquello que sugiera la existencia del tiempo o de lugares tangibles. Ese escribano anotaba en cuadernos de oraciones palabras pronunciadas por los asiduos habitantes de pueblos, parroquias y comarcas, solo señaladas en los mapas sagrados de lo invisible. Mapas trazados por los enigmáticos cartógrafos de las eternidades. Por esas rutas dibujadas en los oráculos de los que rezan ante la bendición de los altares, anda ahora el sereno escribano: el poeta Antonio Urdaneta. Las palabras se encienden como velas en el altar de los sentidos. Los santos y los dioses caminan palpables por los caminos del espíritu. Los muertos vienen a la mesa de la oración a comer dulces, frutas y otras ofrendas, mientras cuentan historias del más allá y del más acá. Ángeles y dioses conversan en alguna esquina de la cotidianidad de la vida que los nombra. Pablera, entonces, toca su cuatro por las calles de Barquisimeto. Pero, quién es Pablera: ¿ángel de la tierra? ¿trovador del cielo? Sorprende que no pidiera limosnas, ni aceptara dádivas. Siempre andaba con sus ropas limpias, planchadas y bien zurcidas. ¡Claro! “La virgen lo bañaba por las noches cuando dormía”. Lo divino y lo sagrado susurran cerca de nuestros oídos. Sin embargo, no escuchamos. La poesía no explica, no define, sólo sugiere en ese empeño de nombrar lo innombrable. La poesía llega con su voz lejana a la palabra que la invoca. Así nos llega el libro “El Milagro de Pablera” del poeta venezolano Antonio Urdaneta, publicado por la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, 1988. Libro donde el poeta nos dice: “Piso descalzo con mi espíritu”. Evidente desnudez y desprendimiento de quien escribe sin ataduras conceptuales, sin pretensiones místicas, sin dogmas, ni adoctrinamientos a religiones rígidamente establecidas. Escribe desde una honda religiosidad que lo conecta con la sencillez de las cosas y con las fuentes del origen. Desde allí, emergen sus poemas “entre los santos que se hallan en las piedras listos para aparecer”. Piedras de la contemplación y la fe donde los santos dibujan sus siluetas ante los ojos de los humildes. Santos que no aparecen en las copas de oro de la avaricia y la usura. Tampoco en lujosos portales de grandes templos. La imagen del santo se refleja en la piedra. En ojos de fe sucede el milagro. Más allá de formas conocidas ellos ven los sueños. La imaginación hace de los cuerpos fuerzas de percepción capaces de transformase en fuentes de presagios. Divina sensación que nos devuelve el asombro del origen. No son epifanías, ni espejismos: Es Pablera quien nos ilumina cuando le canta a la Divina Pastora por los crepúsculos de Barquisimeto. Leamos entonces algunos textos de este milagroso acierto poético: “El Milagro de Pablera”: Inimaginado I Sobre el lodo consagrado donde se levantan los mundos construidos se agita el espíritu sosteniéndonos sólo un rumor de misericordia. La imaginación como si sanara sola va a beber a orillas solitarias y da a entender que sí parirá sin simiente conocida. II Mis ojos iban solos como dos caballitos negros. Nadie me decía Dios te guarde. Sólo la imagen increada soplaba. III No estoy solo. Confío en rosas invisibles. Piso descalzo con mi espíritu. Estoy en lo pequeño, entre los santos que se hallan en las piedras, listos para aparecer. El milagro de Pablera I Con su cuatro que era muy chiquito lograba entrar a cantarle a la Divina Pastora, pese a la prohibición para borrachos y mendigos. ¡Oh, el poeta estaba ciego ante eso! Sorprendía que no pidiera limosna, más bien era un honor ofrendarlo en las casas cuando entraba y los pájaros de Barquisimeto lo conocían. Sus ropas limpias y bien zurcidas quién se las lavaba y planchaba. La virgen lo bañaba en las noches cuando dormía. Nosotros no lo conocimos y ahora vemos que nos ilumina. II Era como si la irresistible primavera el más preciado bien que recuerde mi abuela, tenía que manifestarse, como si a los dioses uno los viera también en la calle en todo palpables y uno reconociera al todo y todo fuera un milagro de Dios del cual menos mal no sabemos mucho. Porque se nos muestra un esplendor que no hiere ni mata y permanece sereno en su desenvolvimiento en el milagro de Pablera. Para Ana Teonila de Azparren Antonio Urdaneta (Barquisimeto, 1947 – 2023). Ha publicado los libros: Rubén Darío: acero, oro y amor (1967); Crebar Albores (1983); El Milagro de Pablera (1988). Su libro inédito “El lirio que vino del mar” fue merecedor del Premio Municipal de Literatura “Antonio Arraìz”, Barquisimeto, 2002.El mismo fue publicado en el 2008 por MonteÁvila Editores. Investigador en el Departamento de Prensa de la Zona Educativa delEstado Lara.Ha publicado poemas, artículos y ensayos en periódicos y revistas del país. Obra inédita: La psique de la rosa: un estudio sobre la obra literaria de Rafael Michelena Fortoul, compilada por el cronista y poeta Ramón Querales. Ruta mágica de Lara: trabajo sobre el imaginario larense y su trascendencia. Ah mundo San Antonio: investigación sobre la vida, proyección cultural de San Antonio de Padua y el tamunangue.

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