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El “ponche, ponche” que retumbó en el Clásico Mundial de Beisbol: cómo un cántico se convirtió en identidad venezolana

2026-03-20 - 16:45

El noveno inning avanzaba con una tensión al límite. Venezuela ganaba 3-2 frente a Estados Unidos en la final del Clásico Mundial de Beisbol el 17 de marzo, y el lanzador venezolano Daniel Palencia estaba a un out de hacer historia. En el plato, el último bateador estadounidense asumía la responsabilidad de mantener con vida a su equipo. Una conexión podía igualar el marcador y amargar la ansiada victoria. En el estadio —y también en Caracas, Maracaibo, Valencia o cualquier rincón del mundo donde hubiera una pantalla encendida— miles de fanáticos contenían la respiración. Venezuela había dominado el juego desde el montículo, limitando a Estados Unidos a apenas tres hits y sosteniendo la ventaja incluso después del jonrón de dos carreras de Bryce Harper que empató el marcador en el octavo inning. Desde temprano, cada conteo favorable al lanzador encendía el coro. “¡Ponche, ponche!”, se escuchaba una y otra vez, con fuerza creciente, y extendiendo el brazo derecho hacia el terreno, marcando el ritmo del canto con un gesto sincronizado. El pitcher venezolano Daniel Palencia en la final del Clásico Mundial de Beisbol ante Estados Unidos | Foto: EFE/ Alberto Boal Pero en el noveno, con el juego en la línea, ese grito dejó de ser un acompañamiento y se convirtió en un estruendo. El estadio entero se alineó en una sola voz, repitiendo el canto con una sincronía que sorprendió incluso a los propios estadounidenses. Cada lanzamiento con dos strikes activaba el ritual, la presión era pura sobre el bateador y la atmósfera parecía envolver todo el juego. El fenómeno no pasó desapercibido. Analistas deportivos en EE UU, como el exjugador de la NFL Pat McAfee, comentaron que nunca habían presenciado algo similar. Es decir, una afición completamente alineada en un cántico que, más que animar, parecía marcar el ritmo del juego. McAfee también destacó la intensidad con la que los jugadores venezolanos cantaron el himno nacional antes del partido, en contraste con la actitud del equipo estadounidense, como una muestra de la carga emocional con la que Venezuela afrontó la final. Incluso en las tribunas, muchos aficionados estadounidenses terminaron replicando la expresión “ponche”, contagiados por la intensidad del momento. Un cántico con historia Aunque el “ponche, ponche” se ha popularizado entre la fanaticada venezolana, el término no es exclusivo del país. En el argot del beisbol, “ponche” se utiliza como equivalente de strikeout, la jugada en la que el bateador queda eliminado tras tres strikes sin poner la bola en juego. Aficionados toman fotografías del espectáculo de luces en el terreno durante la ceremonia previa al juego de la final del Clasico Mundial de Beisbol 2026 | Foto: EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH En inglés, existen expresiones como punch y punch out para describir esa acción. De acuerdo con el Cambridge Dictionary, punch-out es un término informal que en beisbol se usa como sinónimo de strikeout. En la misma línea, diccionarios especializados como el Dickson Baseball Dictionary (1989), citado por el Baseball Almanac, documentan el uso de punch out como equivalente del tercer strike, tanto desde la perspectiva del lanzador como del umpire que canta la jugada. En español, la adaptación también tiene respaldo académico. La Real Academia Española reconoce el verbo “ponchar” como derivado del inglés to punch (“golpear” o “perforar”) y lo define como la acción de eliminar a un bateador. Esta relación sugiere que el término “ponche” forma parte de una adaptación del inglés beisbolero al español, dentro de un mismo campo semántico. Más allá de la lingüística, hay una explicación histórica. De acuerdo con una reconstrucción publicada por El Nacional, el término se consolidó en Cuba en las primeras décadas del siglo XX, influido por el lenguaje de crónicas y revistas estadounidenses como Baseball Digest, donde se utilizaba con frecuencia punch out. Desde allí, se expandió a países como Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico y México, donde ya era de uso común en la prensa deportiva hacia los años 30. Del diamante a la vida cotidiana Pero el alcance del término va más allá del terreno de juego. En Venezuela, el beisbol ha permeado el lenguaje cotidiano, y “poncharse” adquirió nuevos significados. Decir “quedé ponchado” puede implicar haber fracasado al intentar conseguir un objetivo, quedar confundido o sin respuesta. No es raro escuchar expresiones como “estar en tres y dos” (tres bolas y dos strikes) para describir un momento de presión en el que parece no haber alternativa, similar a estar “entre la espada y la pared”. Ese traslado del lenguaje deportivo a la vida diaria ayuda a explicar la fuerza simbólica del cántico. Cuando miles de personas gritan “ponche”, no solo piden un out, sino que activan una metáfora compartida, una forma de entender el juego —y la vida—a través del beisbol. Personas celebran la victoria de Venezuela tras el último out en la final del Clasico Mundial de Beisbol 2026 | Foto: EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH El juego dentro del juego Durante la final, ese componente cultural se hizo tangible. Cada vez que un bateador estadounidense llegaba a dos strikes, el estadio se convertía en una sola voz. El conteo —esa cuenta que define el destino de cada turno— se transformaba en un momento colectivo, donde la presión no solo venía del lanzador, sino de miles de gargantas sincronizadas. En beisbol, un ponche representa dominio del lanzador sobre el bateador, lograr que falle en tres intentos y quede eliminado. Pero en ese juego, el ponche también fue una expresión de identidad, de pertenencia, de una cultura que convirtió una jugada en símbolo. Entonces, lo que ocurrió esa noche no fue solo una final. Fue la demostración de cómo un término surgido del inglés beisbolero, adaptado en el Caribe y documentado tanto en diccionarios como en la tradición deportiva, puede transformarse en un fenómeno colectivo capaz de trascender el deporte. El equipo de Venezuela celebra en el podio de ganadores tras el último out que le dio la victoria en la final del Clásico Mundial de Beisbol 2026 | Foto: EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH Pero también fue la culminación de un recorrido que había ido creciendo en dificultad y significado. Venezuela llegó a esa instancia tras una fase de grupos en la que superó a Nicaragua, Países Bajos e Israel, con una única derrota ante República Dominicana. En la etapa decisiva, dio el golpe al eliminar a Japón —tres veces campeón— en cuartos de final y luego dejó en el camino a Italia, la gran sorpresa del torneo. Con marca de seis triunfos y una sola caída, el equipo alcanzó la final por primera vez y con algo más que rendimiento, con la sensación de estar ante una oportunidad histórica. Y en ese momento, con el juego en la línea y miles de voces marcando el ritmo, el beisbol dejó de ser solo un juego para convertirse en algo más grande: una identidad.

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