TheVenezuelaTime

El tiempo humano en la experiencia del poema

2026-03-30 - 12:25

Aterriza un gorjeo de conciencia en medio de la abundancia de las horas y no parece extraño que, frente a los problemas de salud del mundo, la poesía guarde un material secreto, una traducción del cielo en las miradas que no agotan la razón en un concepto fijo. Quiero decir que el filósofo ha hablado del instante, de la memoria, de la duración, pero la poesía intuye que el tiempo es un contrato difícil de leer, una falacia para quien busca un lenguaje de respiración sencilla. Conviene entonces ir quitándole segundos al poema, podar, corregir, cambiar el orden de una voz por otra. Es parecido a mirar cómo suben las mareas y, después, comprobar que la orilla de antes no está donde estamos ahora. Y van llegando momentos en que la experiencia de una charla se vuelve inminencia de deseo o pregunta sobre el amor y sus posibilidades. Por eso me gusta pensar que la relación de pareja es una forma de medir la duración con el pulso de otro. Y, para Aristóteles, la duración es satisfactoria si transita por la escala de un mismo ritmo. Tiene sentido esta apreciación. No olvidemos que el amor es música, como la matemática o el pájaro a lo lejos. De lo contrario, quedamos desplazados, en paréntesis, sujetos sin sujeción real. Y ahí aparece, por desgracia, la imagen cotidiana de muchas ciudades: el que duerme en el banco entre cartones mirando la ventana encendida de una fachada que tiene en frente y que es, bien pensada, su continuo horizonte de abandono. Es la síntesis de la historia, la cruel metáfora de saberse reemplazable. También el pájaro a lo lejos reemplaza posiciones en su grupo, también el álgebra implica sustituir y combinar hipótesis. Y así se van modificando milenios en un siglo y siglos en tan solo tres o cuatro meses. Como el curso de un río, de un astro, del mimo de la letra sobre los folios. Es la revolución de los paisajes. Es el poder del cheque y de la firma. Pero el poema es la salvación contra la muchedumbre, y, según Bolaño, el consuelo adolescente de Rimbaud contra la ocasión poco sugestiva de ir haciéndose adulto en una férrea escala de convenciones sociales. Hay que sobrevivir. Hacer que el cuerpo se vuelva cuerpo de sábado, como el reestreno de una peli, atrapado en el bucle seductor de la fiesta que comienza cuando empezaba a anochecer, y ella llevaba tacones, y acabó descalza y el masaje llevó al sexo y al desayuno tímido de no saber muy bien por qué las cosas son como son. A fin de cuentas, lo que en realidad hacemos es una serie periódica de tiempo calculado: las 10 repeticiones del gimnasio, la simetría de ir y llegar a un lugar en media hora, o votar que sí o que no en algún papelito arrugado cada década o lustro. ¿Se arruga acaso el tiempo? Yo lo imagino elástico y eléctrico. Aquí la poesía se vuelve peligrosa. Condensa las vivencias en métricas armónicas, hace el análisis sintáctico de un árbol genealógico, busca la sombra justa, ajustada, seducida. Y digo que es arriesgado salir ileso del poema porque nunca es perfecto, porque el tiempo —paradójicamente— es hermoso también en su revés y eso nos tienta casi siempre. Así la poesía va asumiendo en sus acuñaciones un trasfondo filosófico donde el pensamiento tropieza con la duda. En este punto, me acuerdo de Rilke “el divino” y de Eliot “el humano”, porque ambos consiguieron, desde sus estéticas, empeñar el ajuar y luego seguir viendo así la rosa, limpia y sumergida o en ascenso, arquitecta del instante que enreda y contradice lo aparente. Y muy astutamente mi amigo Álvaro García supo hacer del ser sin sitio un espacio propio de belleza, como si el tiempo fuera una alberca tranquila donde aprender la intemperie sin ningún descalabro. Por todo esto y más, yo propongo en el poema el aplazamiento del tiempo por venir para meter la mano por las grietas, para ensancharlas y que venga la filtración de luz de un tiempo que es de siempre y no entendemos todavía. Tampoco nunca el origen, el universo. Eso que tiene latido y es amor y nos libra de ser, algunas veces, un poco miserables.

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