TheVenezuelaTime

El tránsito de la hostilidad a la amistad

2026-02-16 - 21:00

El que oprime, para asegurar el comportamiento sumiso del oprimido, necesita hacer creer que la opresión es por el bien de todos. Tal es el caso de Cuba, una nación sometida a una asfixia producto de la intensificación del bloqueo económico que vive desde hace más sesenta años, pero dicen que la crisis afrontada no es causada por el asedio sino por mal manejo y distribución de sus recursos. En el capitalismo global, los grupos dominantes o los sectores que tienen mayor poder económico necesitan justificar el poder social que ostentan. Estos son las transnacionales en general, o los que exhiben poder simbólico, el que da el reconocimiento que permite el acceso a medios de comunicación para una incidencia en la opinión pública, que luego se traduce en consenso, o sea, en una aceptación que viene más de la imposición que de la negociación. La manera de justificar ese poder es mediante el control social que se sustenta en manipular, que no es otra cosa que inculcar creencias falsas. Un ejemplo de esto es cuando nos dicen que podemos lograr lo que queramos mediante el esfuerzo personal pero la desigualdad social limita las oportunidades de superación: no todos tienen igual acceso a la educación, o si lo logran necesitan trabajar arduamente para subsistir; esto disminuye las probabilidades de la culminación de sus estudios de manera exitosa. A nosotros como país en 2015 nos calificaron como una amenaza (inusual y extraordinaria) a la seguridad nacional estadounidense por supuesta corrupción de “grupos ilícitos”. Esto aludía a la narrativa incipiente del narcotráfico reflejada en el inexistente Cartel de los Soles. Esta difamación justificó el inicio de “sanciones”, mejor, agresiones, porque sanciones son formas de castigar a quien hace algo malo, y nunca probaron de lo que nos acusaban. Estas medidas fueron creciendo hasta llegar a más de mil. Sin embargo, la situación económica que originó esta opresión era, decían, por mal manejo de los recursos a pesar de que, antes del ahogo financiero, la República Bolivariana de Venezuela lograra y superara las metas propuestas de desarrollo en materia económica, alimentaria y social (Cepal, 2010). Un mecanismo de generar creencias falsas: acusarnos de amenaza, lo que va de mano con terroristas y criminales, era el medio de control social ejercido hacia nosotros para justificar el despojo de nuestros recursos, activos, empresas, como Monómeros, buques petroleros, hasta aviones. Manipular, que es ejercer control social, no es algo nuevo. Ya Marx y Engel, a mediados del siglo XIX, hablaban de la alienación ideológica centrada en la deshumanización, la naturalización de la explotación, como del abuso de poder, en hacer ver como inevitable la dominación y el sometimiento de grupos en el sistema capitalista. Esa naturalización, para algunos, normalización, es una forma de manipulación para asegurar la sumisión, un fenómeno que, en el presente, llaman guerra cognitiva y que prefiero definir como ideología de la sumisión, inspirada en el viejo Marx. La manipulación discursiva, por evidenciarse en el lenguaje, desde el abuso de poder, es equiparable entonces por efecto a la ideología de la sumisión: de ideología, porque son creencias falsas como forma de control mental para justificar la agresión y la represión, a fin de hacernos sumisos, lo que en el presente se muestra en el tránsito del país antes calificado como amenaza desde 2015 a nación amigable, ahora próspera, por dejar de ser “hostil”, una hostilidad equiparable a la defensa de la soberanía.

Share this post: