El vínculo como condena: cuando el parentesco se convierte en blanco de persecución y castigo en Venezuela
2026-03-22 - 19:15
En los últimos años, las detenciones por razones políticas en Venezuela han incorporado un elemento que se repite en distintos casos. Personas sin participación directa en hechos políticos, muchas de ellas mujeres, terminan privadas de libertad por su vínculo con alguien señalado por el poder. A partir de la documentación de estos casos, la abogada Martha Tineo, coordinadora general de la organización no gubernamental (ONG) Justicia, Encuentro y Perdón (JEP), advierte sobre detenciones que responden a vínculos familiares o personales y que operan como una forma de presión. Según explica, el castigo no se limita a la persona detenida, sino que alcanza a su familia, que enfrenta la separación forzada, la alteración de su vida cotidiana y un clima sostenido de miedo e incertidumbre. “Tu vínculo es el que te convierte en culpable. Tu culpa es ser esposa, hija, prima, sobrina, hermana o pareja de alguien”, explicó para El Diario. Una práctica que se repite en distintos contextos Foto: EFE/ Ronald Pena R Tineo señala que lo que se observa no son hechos aislados, sino situaciones que se han repetido en distintos momentos y bajo distintas circunstancias, lo que permite identificar una forma de actuación que aparece de manera recurrente cuando se analizan detenciones vinculadas a conflictos políticos. “Ya no es excepcional que a una mujer por su vinculación se le detenga arbitrariamente, sino que sí es una práctica”, afirma al describir cómo este tipo de situaciones se presentan con frecuencia en casos recientes. En su explicación, estas detenciones no se limitan a la persona directamente señalada, sino que se insertan en una lógica en la que el vínculo con alguien perseguido por el poder se convierte en el elemento que activa la privación de libertad, una dinámica que recuerda formas históricas de castigo por asociación como el Sippenhaft, en el que la relación familiar o cercana se transforma en motivo de sanción. A partir de ese punto, sostiene que el fenómeno deja de leerse como una suma de casos aislados y empieza a mostrar una forma de actuación que se activa desde el entorno de la persona señalada, desplazando el foco hacia su círculo más cercano y haciendo que el impacto de la detención no se agote en quien es detenido. “Se logra evidenciar que no son hechos aislados o inconexos, sino que se trata ya de una política de Estado diseñada y ejecutada precisamente para perseguir y castigar a disidentes reales o así percibidos”, explica. En ese contexto, el efecto de estas detenciones no se limita a la privación de libertad sino que se proyecta hacia el entorno más cercano de forma directa, lo que convierte a la familia en parte del daño y altera por completo la vida de quienes rodean a la persona detenida, incluso cuando no tienen ninguna participación en los hechos que se investigan. “El objetivo es quebrar a la familia y dar un mensaje a la sociedad de que si alguien se opone no solo se irá contra él sino contra toda su familia”, sostiene. La ruptura familiar como efecto directo del castigo AME826. CARACAS (VENEZUELA), 05/03/2026.- Personas se manifiestan para exigir la libertad de los presos políticos en Venezuela frente al Palacio Federal Legislativo, en Caracas (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez Tineo describe que una de las consecuencias más visibles de estas detenciones es la fractura inmediata de la vida familiar, especialmente cuando las personas privadas de libertad son mujeres que ejercen roles de cuidado dentro del hogar, lo que provoca una ausencia que reorganiza por completo la dinámica cotidiana de sus hijos y de su entorno más cercano. “Muchas de estas mujeres son madres, entonces hay una separación arbitraria con sus hijos. Estamos viendo niños que están creciendo sin sus madres, sin el cuidado de sus madres”, explica. La especialista refirió que esta separación se prolonga en el tiempo y genera un impacto emocional sostenido en los hijos y en el resto del núcleo familiar, que queda expuesto a la incertidumbre y a la imposibilidad de reconstruir una rutina estable mientras la persona permanece privada de libertad. Tineo hace referencia al caso de Samantha Sofía Hernández Castillo, de 16 años de edad, y su hermana Aranza Hernández Castillo, de 19 años, ambas privadas de libertad en Venezuela siendo adolescentes. Organizaciones de derechos humanos han denunciado que se trata de detenciones vinculadas a su relación familiar con un militar en el exilio, lo que ha sido interpretado como una forma de castigo por parentesco. “Se está condenando la relación que puede tener una hija con su padre, tíos o abuelos”, dijo Tineo. En ese contexto, la abogada advierte que por este motivo muchas organizaciones han relacionado estas prácticas con la idea de Sippenhaft. La discrecionalidad en las excarcelaciones Una persona actualiza la lista de liberados del centro penitenciario de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) conocido como zona 7 | Foto: EFE/ Ronald Peña R / Archivo Tineo expresa que, incluso en medio de procesos de excarcelación por la Ley de Amnistía aprobada el 19 de febrero, persiste una lógica de decisión que no responde a criterios claros, sino a determinaciones que desde su perspectiva se aplican de forma selectiva, lo que deja a muchas personas en una espera sin certezas. “Después de todo esto de las excarcelaciones y la convivencia y la paz, que estas criaturas sigan presas denota cómo se sigue ejerciendo el poder de forma discrecional”, señala. La abogada sostiene que esta situación genera una división difícil de justificar entre personas que enfrentan procesos similares pero reciben respuestas distintas, lo que alimenta la percepción de arbitrariedad en la aplicación de las decisiones. “Tú no puedes seguir haciendo una selección absolutamente discrecional de quién sí y quién no”, agrega al insistir en que la falta de criterios visibles convierte las liberaciones en un proceso impredecible que depende de decisiones individuales del poder. Crueldad y revictimización prolongada Foto: Mauricio Villarreal Para Tineo, el problema no se limita a la discrecionalidad en las excarcelaciones, sino al efecto que esta produce sobre quienes permanecen detenidos, ya que la liberación de algunos y la permanencia de otros termina profundizando el sufrimiento dentro de los centros de detención. “Hay una gente que afortunadamente salió, pero hay otra que sigue esperando un milagro porque no hay criterios claros, es la decisión del poder de la forma más arbitraria”, reitera al describir una situación en la que la incertidumbre se vuelve parte del castigo. La abogada considera que este escenario genera un desgaste progresivo en las personas privadas de libertad y en sus familias. “Es como una especie de azar en el cual prende la vida de cientos de prisioneros y sus familias”, precisa. Tineo agrega que esta dinámica no solo prolonga el sufrimiento, sino que lo intensifica. En conjunto, las distintas situaciones descritas por Tineo muestran un escenario en el que la detención impacta de forma directa en las familias y transforma los vínculos personales en un factor que puede determinar sanciones. Desde su perspectiva, lo que está en juego no es solo la libertad de quienes permanecen detenidos, sino también la manera en que el poder interviene sobre la vida familiar, extendiendo las consecuencias de la privación de libertad mucho más allá de los centros de reclusión en medio de una incertidumbre que no se detiene.