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Elegía para Nora Uribe

2026-02-15 - 13:01

Cada vez que un colega periodista nos deja en este plano, se siente un gran vacío en el gremio. Sin embargo, cuando se trata de un profesional de la vieja guardia, de la generación que nos formó y que fue referente indiscutible de compromiso y lucha, la falta se vuelve inmensa, inabarcable, oceánica. Ello, pues la dura crisis que atraviesa nuestro sector es, precisamente, la falta de figuras que nos recuerden que el periodismo es una labor de altísima responsabilidad social, más allá de parcialidades y mezquinos intereses. El pasado viernes 6 de febrero muchos profesionales de la comunicación, académicos, diplomáticos y no pocas personalidades del sector político nacional sentimos ese gran vacío. Ese día nos dejó Nora Uribe Trujillo. La docente, escritora, periodista, funcionaria de alto nivel y diplomática partió, luego de una vida entera dedicada a la lucha política, la investigación, la formación académica de profesionales, el ejercicio de la comunicación y la defensa de la Nación, lo cual le valió reconocimientos públicos, como el Premio Nacional de Periodismo en varias ocasiones. Nora fue una valiente y aguerrida luchadora en tiempos turbulentos de la lucha armada como militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, en los últimos años, una meritoria gerente del sector público, como la primera ministra de Comunicación e Información del Gobierno Bolivariano y como diplomática en Costa Rica, Paraguay y El Salvador. Tuve la suerte de acompañarla como su consejero de prensa, educación y cultura durante su paso por la tierra de Farabundo Martí y de monseñor Oscar Arnulfo Romero. En esos largos e intensos años pude corroborar la leyenda que le precedía: una mujer disciplinada, estricta, metódica, detallista, pero sobre todo, repito, una revolucionaria comprometida con la defensa de la Patria. Nora Uribe fue una mujer íntegra, consecuente y, por lo tanto, respetada por todas y todos. Su figura y su calidad humana venció a priori cualquier atisbo de sinsabores malintencionados, como suele ocurrir en estos tiempos de odio. Al contrario, su despedida fue un acto sencillo y emotivo, pleno de amor colectivo y una reafirmación pública del gremio periodístico venezolano ante los duros retos que enfrenta hoy nuestro pueblo. Tal como ella hubiese deseado que la viéramos partir. Chao, Nora. Misión cumplida.

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