Escándalo
2026-03-25 - 13:14
El eco de las palabras del papa León XIV (el domingo 22 de marzo de 2026) desde la plaza de San Pedro no es solo un llamado religioso; es un grito de auxilio para la racionalidad política en un mundo que parece haber perdido la brújula del derecho internacional. Al calificar la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán como un “escándalo para la humanidad”, el pontífice pone el dedo en la llaga de una crisis sistémica: el desprecio por la vida humana en aras de la hegemonía geopolítica. Desde una perspectiva de soberanía nacional, lo que estamos presenciando no es un conflicto aislado, sino la manifestación más cruda de una política imperial que utiliza la guerra como herramienta de disciplina regional. El “escándalo” al que se refiere León XIV es, en esencia, la normalización de la agresión externa contra Estados soberanos, saltándose todos los protocolos de la ONU y las instituciones de paz que tanto costó construir tras la Segunda Guerra Mundial. El llamado del Papa a un “diálogo sincero” choca frontalmente con la doctrina de “paz a través de la fuerza” que Washington y Tel Aviv han intentado imponer en Medio Oriente. Para que un diálogo sea sincero, debe existir un reconocimiento mutuo de la soberanía. No puede haber conversación real cuando una de las partes se abroga el derecho de decidir quién puede o no defender sus fronteras, o cuando se utilizan sanciones y bombardeos “preventivos” para asfixiar la autodeterminación de un pueblo como el iraní. El sufrimiento de las víctimas inermes no es un daño colateral accidental; es el resultado de una arquitectura de poder que prioriza el control de los recursos y las rutas estratégicas por encima del bienestar de las comunidades. Cuando el Papa dice que no podemos “permanecer en silencio” interpela directamente a las naciones del Sur Global para que alcen su voz en defensa de la paz institucional. La paz no es simplemente la ausencia de explosiones; es la presencia de justicia y el respeto a la independencia de las naciones. El ataque a Irán representa una ruptura peligrosa del equilibrio mundial, empujando a la humanidad a un conflicto de proporciones incalculables. Si permitimos que el derecho del más fuerte reemplace al derecho internacional, “el escándalo” ya no será solo la guerra, sino nuestra complicidad silenciosa. Los mandatarios de EEUU e Israel tienen la responsabilidad histórica de escuchar este llamado. No por una cuestión de fe, sino por una cuestión de supervivencia civilizatoria. La paz es la única victoria que la humanidad puede permitirse en el siglo XXI. El respeto a la soberanía de los Estados, es la barrera moral y legal contra el “escándalo” causado por las guerras.