Estados Unidos: génesis genoecocida
2026-02-19 - 13:09
Estados Unidos no es el resultado de un milagro de libertad, sino de una operación de ingeniería de violencia genocida sistemática. Su génesis es una patología de la codicia que hoy el mundo padece. Esta nación-corporación se fundó sobre el robo y el desconocimiento del dueño ancestral; plagió las estructuras democráticas de las naciones milenarias que habitaban el territorio para luego ejecutarlas. La seguridad nacional nació como escolta militar de negocios privados, sobre una tierra bañada de sangre. La prueba definitiva: la Orden Sullivan (1779). George Washington inauguró el “genoecocidio”: una doble aniquilación simultánea de seres vivos bajo la doctrina de tierra arrasada (ecosistema). Sus instrucciones: “Que la nación no sea simplemente invadida, sino destruida”. Washington ordenó masacrar ganado y quemar huertos para que el hambre terminara el trabajo del plomo. Este exterminio de la vida es el antecedente de los bloqueos actuales; es la tecnología del hambre convertida en diplomacia contra cualquier soberanía que se niegue a ser subordinada. Esta violencia se blindó con la corrupción del Tratado de Jay (1795). Allí nació el “Estado profundo”, cuando Washington inventó el “privilegio ejecutivo” para ocultar la entrega de la soberanía a la élite bancaria. Al imponer el secreto sobre la transparencia, la república murió para dar paso a una cámara oscura donde el dinero manda sobre el voto. El poder mediático nunca fue un contrapeso, sino la cortina de hierro que protege esta opacidad sistémica y contra la libertad de los pueblos. El cenit de esta degradación es el Caso Ona Judge (1796). Washington, el falso libertador que bebía de las fuentes democráticas iroquesas mientras poseía esclavos, manipuló la ley para evitar la liberación de Ona. Cuando ella huyó, el presidente secuestró el aparato del Tesoro para cazarla como mercancía. Fue el nacimiento del lawfare y la vigilancia estatal: el uso del poder público para el beneficio privado. Estos hitos —genoecocidio, secreto y persecución— definen la genética de una potencia que respira violencia. El mundo hoy no enfrenta a una democracia, sino a una maquinaria de despojo que destruyó a la civilización que le dio sus ideas de libertad para reinar en las sombras. Es imperativo un acto de justicia universal para detener a una nación que ha hecho del crimen su ley y su bandera.