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Estrés económico: cuando el dinero deja de ser un número y se convierte en una amenaza constante

2026-03-29 - 15:15

El estrés económico no es únicamente la preocupación por llegar a fin de mes o pagar cuentas. Se trata de un estado mucho más profundo: una sensación constante de amenaza que afecta directamente el sistema nervioso y el equilibrio emocional. En el caso de Venezuela, este tipo de estrés suele ser frecuente entre gran parte de la población, debido a los constantes cambios económicos en el país. La psicóloga Jacmar Guzmán explicó en una entrevista para El Diario que, a diferencia de otros tipos de estrés que suelen ser temporales o estar asociados a situaciones específicas, el estrés generado por la situación económica se instala de forma prolongada, ya que aparece cuando la estabilidad financiera se percibe como frágil o comprometida, lo que genera una alerta sostenida en el organismo. Esta condición no solo se mantiene en el tiempo, sino que sus efectos también pueden acumularse, impactando tanto la salud mental como la física de la persona. La exposición prolongada al estrés puede afectar el sueño, el estado de ánimo y la salud en general, especialmente cuando la sensación de amenaza se vuelve constante. Foto: Freepik “El estrés económico no se ve solamente como una preocupación por números o cantidades, sino como una amenaza constante que se produce cuando nuestra estabilidad financiera se ve comprometida. ¿Qué pasa? nuestro sistema nervioso lanza una alerta sostenida y al final genera en nuestro cuerpo consecuencias sistemáticas que alteran nuestra salud mental y física”, dijo Guzmán. Síntomas físicos y mentales del estrés económico De acuerdo con la psicóloga, el estrés económico suele comenzar con señales sutiles que, con el tiempo, pueden intensificarse si no se atienden. En una fase inicial, las personas pueden experimentar preocupación excesiva por el dinero, ansiedad generalizada e incertidumbre sobre el futuro. A esto se suma la hipervigilancia y los pensamientos recurrentes sobre decisiones financieras. Cuando el cuadro avanza, pueden aparecer otros síntomas más complejos, como insomnio, dificultad para regular emociones, impulsividad e incluso tristeza profunda y sensación de que “nada cambiará”. “Aparecen pensamientos rumiantes sobre qué hacer, qué decisiones tomar, y una incertidumbre constante acerca del futuro. Las personas tienden a aislarse, no compartir, porque este proceso de ‘fracaso’ golpea directamente la autoestima, por lo que prefieren no vincularse con otros como medida de protegerse”, explicó Guzmán. Por otro lado, en el cuerpo, el estrés económico también deja huella. Puede manifestarse con insomnio, cansancio constante, taquicardia, sudoración o dificultades para mantener una respiración calmada. La especialista mencionó que, en etapas más avanzadas, podrían aparecer síntomas asociados al agotamiento extremo, como falta de energía o pérdida de apetito. La presión por producir: una nueva forma de estrés económico Guzmán mencionó que quienes no enfrentan dificultades económicas directas también pueden experimentar este tipo de estrés, impulsado por un contexto global marcado por la autoexigencia y la productividad constante. Comentó que, en estos casos, surge una presión por generar más ingresos y mantener un “determinado estatus”. La psicóloga resaltó que esta dinámica impide que las personas “bajen la guardia”, ya que consideran que no alcanzan una estabilidad financiera suficiente. Foto: Freepik “Estamos en una sociedad, a nivel mundial, que vive un proceso de autoexigencia económica, pero también en donde la sociedad exige rendir y producir (...) Nunca puedes estar tranquilo, siempre tienes que mantener un nivel de activación alto para seguir produciendo. En la actualidad, tenemos personas de 30 a 35 años que tienen enfermedades del corazón, desgaste físico, rodillas, piernas, que son afecciones que antes se veían a los 40 o 50 años”, sentenció. Recalcó que estos problemas, como la falta de descanso y el agotamiento, también se relacionan con casos en los que las personas tienen múltiples trabajos, deben responder a varias demandas y así poder alcanzar el nivel económico deseado. La especialista aclaró que el estrés económico no distingue género, aunque se manifiesta de formas distintas. Mientras en los hombres persiste la presión social de ser proveedores, en las mujeres se suma la carga del cuidado junto con las exigencias laborales. Aun así, en ambos escenarios se generan altos niveles de estrés, en un contexto donde los “roles tradicionales” conviven con nuevas demandas sociales y económicas. Una realidad extendida en Venezuela Guzmán mencionó que en países como Venezuela, el estrés económico se ha convertido en una constante, ya que no se trata de casos aislados, sino de una preocupación generalizada que atraviesa a gran parte de la población. Estrés | Foto: Unsplash Reiteró que las personas suelen enfrentar múltiples trabajos, altas exigencias laborales y una planificación centrada en el corto plazo, como mecanismo de supervivencia ante la inestabilidad. “La preocupación económica es latente. El venezolano planifica la semana o, como máximo, al mes, pero no tenemos una planificación a largo plazo, a menos que estemos hablando de estados económicos muy altos que ni siquiera se sienten estables por los cambios económicos del país”, agregó. La especialista destacó que esta situación también suele impactar en el acceso a la salud mental, ya que muchas personas deben abandonar sus tratamientos por falta de recursos económicos. “Saben que necesitan terapia, pero no siempre pueden costearla, entonces priorizan lo económico”, argumentó. Estrategias para enfrentar el estrés económico Frente a este escenario, la psicóloga Jacmar Guzmán recomendó a las personas afectadas iniciar con cambios relacionados a cómo se percibe la situación financiera. Desde entender que puede ser temporal y no una característica personal. Agregó que también es clave fortalecer habilidades propias, separar el valor personal del dinero y apoyarse en el entorno cercano para reducir el aislamiento. “Lo primero es saber cuál es tu situación financiera y verlo como un estado temporal y no como algo característico tuyo. Trabajar en tus habilidades, propios logros y no en el resultado. Lo económico es una consecuencia que te permite vivir, pero no casarte con tu personalidad”, detalló. iStock Otras recomendaciones son: -Identificar qué aspectos están bajo control y cuáles no -Reducir gastos innecesarios y reconocer los llamados “gastos hormiga” -Mantener hábitos básicos de bienestar: dormir bien, alimentarse adecuadamente y realizar actividad física. -Generar espacios de disfrute, incluso sin costo, para equilibrar la carga emocional “Romper el aislamiento social y hablar de lo que se está viviendo reduce significativamente la carga emocional”, insistió. En un contexto global donde la incertidumbre económica ha sido objeto de debate, el estrés económico se consolida como una de las principales cargas invisibles de la vida moderna, ya que no solo afecta el bolsillo, sino también la mente, el cuerpo y la forma en que las personas se relacionan con su entorno.

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