Fractura de tibia: lo más común en motorizados
2026-01-31 - 13:50
En medio del dinamismo social de Venezuela, ha proliferado la compra y venta de motocicletas, trayendo consigo un flujo acelerado en nuestras arterias viales, pero también un aumento de accidentes de tránsito, donde los más afectados son los motociclistas y sus pasajeros. Lejos de ser incidencias aisladas, los siniestros en vehículos de dos ruedas se han convertido en una constante, emergiendo un grupo vulnerable de afectados: los motorizados. Las cifras no mienten, ni las emergencias en las salas traumatológicas de nuestro país. Según la Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología, las fracturas de tibia son parte de las lesiones más frecuentes que sufren los motorizados en los accidentes de tránsito en un 70%. Los expertos explican que la tibia, el hueso más largo de la parte inferior de la pierna, es particularmente vulnerable debido a su ubicación frontal y a la fuerza directa del impacto en colisiones frontales o laterales. Estas fracturas no solo son extremadamente dolorosas, sino que conllevan riesgos elevados de ser fracturas expuestas, lo que complica enormemente su tratamiento y prolonga los tiempos de recuperación. La doctora Naymerling Gómez Mah, médico cirujano, especialista en ortopedia y traumatología del Hospital Rafael Medina Jiménez de Pariata, explica que “esto se debe a varios factores, como la anatomía de la tibia con respecto al fémur, que en su cara antero-interna carece de masa muscular y está prácticamente debajo de la piel (...) La ubicación de los parachoques está alineada a la altura de la pierna del motorizado; siendo allí, precisamente, donde se recibe el impacto directo durante las colisiones”. Asimismo, la galena indicó que las lesiones más comunes son las de miembros inferiores, que incluyen la tibia, el fémur y las articulaciones del tobillo y la rodilla; aunque, dependiendo del mecanismo de trauma, todos los huesos son propensos a fracturarse. Otros traumatismos comunes en estos accidentes son los aplastamientos, en los que la extremidad queda atrapada entre el cuerpo de la motocicleta y el otro vehículo o contra el pavimento. Así como el atrapamiento de la extremidad en los mecanismos rotacionales de la moto, generando una fuerza de torsión. Además, “tenemos complicaciones inmediatas y tardías. La principal es la pérdida de fragmentos óseos, lesiones de partes blandas e infecciones que pueden llegar hasta el hueso y, en casos graves, causar la pérdida de la extremidad o incluso la muerte”, indicó. “Las características de la moto hacen que las piernas del piloto y pasajeros estén alrededor del motor, sin protección, por lo cual al momento del accidente estas reciben el impacto de forma directa”, aseveró Gómez. Un desafío de seguridad. En la última década, la motocicleta ha trascendido su rol recreativo para transformarse en un pilar fundamental del transporte urbano y en una herramienta de trabajo indispensable para miles de venezolanos. Desde los servicios de delivery hasta el desplazamiento personal, su accesibilidad y eficiencia en el congestionado tráfico de las ciudades la han posicionado como una opción atractiva. Sin embargo, este crecimiento exponencial del parque automotor de dos ruedas merece una cultura vial robusta y una infraestructura que garantice la seguridad de los conductores y pasajeros. El resultado es un escenario complicado, que mezcla la imprudencia al volante, el uso indebido de los canales de circulación, no respeta los límites de velocidad ni las señales de tránsito y, en otros casos, la conducción bajo los efectos del alcohol; factores que agravan el riesgo y aumentan la probabilidad de perder el control o de sufrir una colisión o derrapamiento en la vía. Las consecuencias se manifiestan a diario en las salas de emergencia de hospitales y clínicas, donde la cifra de ingresos por traumatismos en motocicletas ha aumentado. Los accidentes de motorizados no solo son frecuentes, sino que generan un patrón específico de lesiones que, según los especialistas, son de largo plazo de recuperación, con implicaciones que pueden requerir cirugías, largas sesiones de fisioterapia y, en muchos casos, una incapacidad laboral temporal o permanente. Igualmente, generan una carga económica y emocional inmensa para el individuo y su familia. La prevención no es solo una tarea de las autoridades; el llamado es a la acción colectiva, de los motorizados y también de los conductores de vehículos de cuatro ruedas.