TheVenezuelaTime

Fue Hipólita y no Matea…

2026-02-15 - 04:11

No pudo ser Matea la nodriza del Libertador, porque ella tenía 10 años cuando nació Bolívar Rafael Marrón González III Otra de las más difundi-das confusiones en torno a la niñez de Bolívar se re-fiere a que fue la negra Matea quien lo amaman-tara, y por esta razón se le han realizado honores ofi-ciales. Sin embargo no pudo ser Matea su nodriza porque ésta tenía 10 años cuando nació Bolívar; lo que generó la confusión fue la longevidad impre-sionante de esta esclava. El 28 de octubre de 1876 cuando los restos de El Libertador son trasladados al Panteón Nacional, Ma-tea entró al recinto del brazo del presidente Guzmán Blanco. Murió el 29 de marzo de 1886, a los 113 años. La esclava que amamantó al futuro Libertador fue Hipólita, que tenía 20 años, pues, había nacido en 1763, y recién había dado a luz para ese mo-mento. El 29 de mayo de 1823, Bolívar le escribe a su so-brino Anacleto Clemente enviándole una orden para el arrendador de San Ma-teo para que le entregara “a tu madre cien pesos mensuales y a la vieja Hi-pólita treinta para que se mantenga mientras viva». Y el 10 de julio de 1825, año en el que Bo-lívar se acuerda especial-mente de todos sus fami-liares y amigos, le escribe a María Antonia: «Te mando una carta de mi madre Hipólita, para que le des todo lo que ella quiere; para que hagas por ella como si fuera tu ma-dre, su leche ha alimen-tado mi vida y no he co-nocido otro padre que ella». Fue solamente después de la batalla de Carabobo que Bolívar concedió la libertad a todos sus escla-vos. Por la madre debió ser músico Por línea materna, los Pa-lacios, de ascendencia alemana, llegaron a Vene-zuela a mediados del siglo XVII, procedentes del Norte de España, de Bur-gos y Santander, y habían ocupado igual que los Bo-lívar destacadas posicio-nes en la colonia, uno de los tíos de doña María de la Concepción fue el céle-bre sacerdote Pedro Pala-cios y Sojo, conocido en la historia como el padre Sojo, impulsor de los es-tudios musicales durante la segunda mitad de siglo XVIII. Por los Palacios, doña Concepción era nieta de Isabel María Gedler y Ri-villa y de José de Palacios y Sojo de Ortiz y de Zára-te. Y por los Blanco, pro-venientes de Francia y Flandes, de José María Blanco Infante y Clara de Herrera y Liendo. Y sus padres fueron Don Feliciano Palacios y Sojo y Gil de Arratia y Fran-cisca Blanco Infante de Herrera, descendien-te del conquistador Fran-cisco Infante, sexto abue-lo paterno de Bolívar y uno de los acompañantes de Diego de Losada en la fundación de Caracas. El primer Blanco que lle-gó a Venezuela fue Pedro Blanco y Gerardts, hi-jo de padres france-ses, nacido en Brujas, Bélgica, y casado en Ca-narias, arribó en el año 1603. Bolívar es apellido ma-terno Es comúnmente descono-cido que el apellido Bolí-bar que llega a Venezuela, es materno, no paterno, y que de haber seguido la tradición hispana de usar el apellido paterno en primer lugar, el Liberta-dor de la América Meri-dional se hubiera llamado Simón Rementería, pues como vimos en el primer texto, el fundador de la dinastía en América fue Simón de la Rementería y Bolíbar. Según el historiador y di-plomático colombiano Daniel Valois Alce, en su obra “Edifiqué en el vien-to”, María Martínez de Villegas y Ladrón de Guevara, la esposa del an-tepasado de Bolívar, Luís de Bolívar y Rebolledo, era descendiente de Elena Fajardo, hija del famoso mestizo margariteño, ver-dadero fundador de Cara-cas, Francisco Fajardo. Por allí le vienen las gotas de sangre india a nuestro Simón. Otros familiares ilustres Entre los familiares con-sanguíneos o políti-cos de Bolívar, mere-cen especial mención su sobrino Fernando Bolí-var, hijo natural recono-cido, de su hermano Juan Vicente; José Félix Ri-bas, Pedro Briceño Mén-dez, Francisco Xavier de Ustáriz y Mija-res, José Lauren-cio Silva, Juan Fé-lix Jerez de Aristeguie-ta Bolívar, Bernardo Ro-dríguez del Toro y Asca-nio, Benita Alaiza Me-drano, Francisco José Ro-dríguez del Toro e Iba-rra, IV marqués del To-ro, y su hermano Fer-nando José Rodrí-guez del Toro. Bolívar y el mariscal Su-cre fueron parientes leja-nos por línea materna ya que entre los ascendien-tes maternos en sexta ge-neración de Sucre, se en-cuentra Francisca Infante de Rojas, hermana de Francisco Infante el Mo-zo, ascendiente materno de El Libertador en la misma generación. Am-bos eran hijos del tole-dano Francisco Infan-te, llegado a Coro en 1534 con la expedición de Jorge Spira y que se unió luego a la expedición de Diego de Lozada y parti-cipó en la fundación de Caracas, fue primer alcal-de de dicha ciudad y for-mó parte de la comisión que dio muerte a Guacai-puro en el año 1568; se casó con la margariteña Francisca de Rojas. Huérfano de padre en la tierna infancia En enero de 1786, cuan-do Simón tiene dos años y siete meses, muere su padre y Simón crece sin esa importante tutela co-mo un niño común y co-rriente, que jugaba con los de su edad los juegos in-fantiles del momento: el palito mantequillero, el gárgaro malojo, la gallini-ta ciega, el escondite, y se bañaba en las, para ese en-tonces, límpidas aguas del Guaire; y por las noches, a la luz de las velas, escu-chaba las leyendas cara-queñas de aparecidos y del Tirano Aguirre de la-bios de su mamá o de la negra Matea. Según la versión difundi-da por Arístides Rojas, Doña Concepción y que lo pone bajo la tutela del Licenciado Miguel José Sanz, severo abogado de 34 años a quien faltaba un ojo, ̈y en cuya casa dio rienda suelta el niño Si-món a toda su rebeldía ̈ haciendo exclamar con mucha convicción al Li-cenciado: «es un niño nu-lo». Pero la enemistad com-probada de los Bolívar con el licenciado Sanz, por asuntos legales en los que éste representó la par-te contraria, pone en du-da esta leyenda, que Vi-cente Lecuna no vacila en negar por la imposibilidad comprobada de que una madre caraqueña, además con las prerrogativas eco-nómicas de Doña Con-cepción, enviara a su pe-queño hijo a vivir donde extraños. El primer dolor de su vida consciente El 6 de julio de 1792, cuando Simón cuenta apenas con nueve años, y era «un chico delgadu-cho, nervioso, peco-so, pelo castaño, ojos os-curos vivos, nari-zón», muere de tubercu-losis, a los 34 años, su madre, Doña Concepción. No existen datos biográfi-cos abundantes de la se-ñora María Concepción, pero del testamento de su esposo puede deducirse una semblanza: “... decla-ro que cuando contraje matrimonio con la dicha Doña María de la Con-cepción Palacios y Blan-co, en 30 de noviembre (sic) del pasado setenta y tres, trajo ella por sus bie-nes, dos esclavas nombra-das Tomasa y Encarna-ción, como de diez y seis años de edad, y yo entré con un capital de doscien-tos cincuenta y ocho mil quinientos pesos...”. En documento fechado el 15 de enero de 1786 y anexo al testamento, su esposo acota: “...que los gananciales que le tocarán a mi mujer Doña María de la Concepción Palacios y Blanco serán crecidos, y suficientes para pasarlo con la mayor decencia; con todo atendiendo al especial cariño que la he tenido y la buena compa-ñía que me ha hecho, es mi voluntad mejorarla, como la mejoro en el me-jor diamante, en el mejor reloj, y en toda la ropa de su uso para memoria de mi gratitud...”. Más ade-lante, el esposo establece y ella acepta, que será tu-tora y curadora de sus menores hijos, relevada de fianza alguna, y decla-ran que este testamento revoca cualesquiera otras disposiciones otorgadas con anterioridad. Cartas de familiares y amigos, así como la tradi-ción, establecen que doña María era una agraciada mujer, educada y muy so-ciable, que al enviudar a los 28 años quedó en po-sesión de una considera-ble fortuna y no obstante ser una mujer en la pleni-tud de sus 28 años, nunca contrajo segundas nup-cias, como era común en esa época. El 10 de sep-tiembre de 1790 escribe a Madrid a su hermano Es-teban, desde San Mateo, y textualmente le informa: “...Yo estoy ya buena, me parece que del todo, gra-cias a Dios...”, estas pala-bras inducen a pensar con-tra la opinión general, que la enfermedad de doña María la aquejó en los úl-timos años de su vida y por lo tanto deben descar-tarse las suposiciones de una tara familiar que su esposo le transmitió y que condenaba a sus descen-dientes a morir de tu-berculosis. No se conocen retratos de ella, pero sí una referencia entrañable, ya que provie-ne del mismo Simón Bo-lívar, en la Elegía del Cuzco, dirigida en 1825 a si tío y padrino Esteban Palacios: “... Cuantos re-cuerdos se han aglomera-do en un instante en mi mente. Mi madre, mi bue-na madre, tan parecida a usted resucitó de la tum-ba, se ofreció a mi ima-gen...”. Continuará. EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. https://www.youtube.com/@Washingtontv1

Share this post: