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Ágata, la gata feral de la planta baja

2026-02-22 - 16:07

‘gata era una gata que vi crecer en la planta baja de mi edificio, la veía a veces bonita, a veces fea, algunas veces preñada, otras con cachorros y siempre en la planta baja, lugar donde otros gatos hacían vida. Yo tenía como 12 años cuando fui consciente de que ella estaba en la planta baja. Era una gata comunitaria, yo no sabía qué es un gato comunitario, pero una vecina que siempre le daba comida a los gatitos de la planta baja, me explicó: “Ágata es una gata comunitaria, significa que no tiene una familia, su familia, somos todos los de la comunidad”. Recuerdo que la señora siempre cuidaba y estaba pendiente, pero Agata no se dejaba tocar, luego un día me dijo que era una gata feral, le pregunté qué significaba eso y me contestó: Es una gata que no se deja tocar, se aleja de los humanos y le cuesta confiar, parece salvaje, pero todo radica en la confianza. No confía en los humanos... solo en algunos y un poquito. Poco a poco, fui creciendo y guardaba comida, le daba cosas a la señora, los defendía de la gente que no entendía que nosotros éramos los responsables de Ágata y de todos los gatitos que estaban allí. La loca de los gatos, le decía mi mamá a la señora, pero yo la quería mucho, la señora Rosa se enfermó y no había quien atendiera a los 5 gatos de la planta baja. Ya tenía 18 empezaba a salir mucho más lejos, pero nunca descuidaba darles de comer, recoger los platicos, cambiar el agua y mantener todo limpio. Mis amigos me fastidiaban. Ella estaba, pero no se dejaba tocar, uno podía estar cerca, pero nada de caricias La verdad es, que hice mi labor social del colegio con una Fundación y aproveché al máximo la oportunidad, les pedí apoyo, esterilizamos y castramos a todos los gatitos que estaban cerca, no solo los de mis residencias. Ellos me ayudaron a atraparlos, con la cirugía, el post operatorio, porque hay que cuidarlos después de la operación y darles sus medicinas. Me “profesionalicé” así decían en casa. Ágata seguía sin dejarse tocar, yo sabía que sí me quería porque me esperaba la muy interesada, pero un día que los llamé, llegaron todos, menos ella. Me preocupé... pero no llegó. Algo le había pasado. Todos sabían que yo estaba pendiente y me preguntaban cosas o me hacían reclamos, pero eran pocos gatos, yo estaba pendiente de todo, desparasitación, pulgas, atenciones, todo... ella estaba sana y algo ha debido pasarle, era lo único que pensaba. No aguanté y por el grupo del condominio pregunté si sabían algo de Ágata y describí cuál era ella por sus características físicas, muchos sabían que había gatos los quisieran o no y desconocían sus nombres. Pero yo insistí y un vecino me dijo que la había visto mal herida. ¿Alguien me puede explicar, cómo es que ves a un animal mal herido, sabes que hay alguien dedicado a cuidarlos y no dices nada? Pues sí, hay gente así...y la peor parte es que me tocó “pedirle” que me diera detalladamente el día, la ubicación, hora por dónde la vió. Cuando por fín me contestó, la encontré muy débil, pero aun me mofaba, le tiré un paño y la metí en una caja, olía terrible, había moscas y ella no se podía levantar. Llamé a la fundación, ellos me orientaron como pudieron y pudimos ayudarla. La veterinaria me explicó que ella tenía una gusanera, que debía curarse frecuentemente y mantener aislada... ajá pero Ágata me odia, ¿Cómo la ayudo? La doctora me habló con franqueza, me dijo: la otra opción es dormirla. Ya en mi casa se habían molestado conmigo porque no estábamos para más gastos. Otra vez recurrí al grupo del edificio, pedí apoyo económico y alimento para ella, mi argumento fue claro: Mantiene los jardines libres de animales rastreros y ratas, embellece los espacios y merece vivir, ella nos escogió. Hermosa y cautelosa Para mi sorpresa, 3 vecinos me escribieron por privado, uno me preguntó cuánto era la hospitalización para su recuperación, fue a la clínica y pagó todo eso, yo saltaba de la emoción, otro me pidió los datos bancarios y uno me dejó un saco de gatarina en la puerta. Para hacer el cuento corto, porque me extendí, Ágata se quedó en mi casa, al salir de una semana de hospitalización y todos los días tanta manipulación, se fue acostumbrando a que no somos tan malos los humanos. Se murió hace dos años y cuando lo notifiqué muchos me dieron el pésame. La señora Rosa me enseñó más de lo que ella se imagina. Su familia se la llevó para Portugal y no supe más, solo que seguía quebrantada de salud. Ágata me enseñó a tener paciencia, me enseñó a conocer el mundo felino, a aceptar el rechazo y comprender que no es rechazo, es que todo es a su tiempo, no al mío. A mis vecinos les estaré eternamente agradecido, ellos no saben lo importante que fue su apoyo en el momento más crítico, porque consideré dormirla, no me sentía capaz de manipularla, no sabía qué hacer y sin esa ayuda, esta historia, sería otra. Ella me cambió la vida, fue mi tormenta, mi calma, mi refugio, aprendimos a querernos y sobre todo a entendernos. Ágata me dió 5 años junto a ella. Siempre estaré agradecido de haberla tenido en mi casa, en mi almohada y en mi vida. Ella, era una gata que no tenía familia, pero todos, éramos su familia y aunque solo tres vecinos me echaran una mano, sé que se comportaron como familia, gracias siempre.

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