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Imagen coromotana

2026-03-11 - 12:49

La figura de la Virgen María se muestra presente desde los mismos comienzos de la cultura venezolana en diversas manifestaciones de religiosidad popular, tanto en pinturas y tallas. Santa María de Coromoto en Guanare de los Cospes fue proclamada en 1942 por la Iglesia católica como Patrona de Venezuela. El ícono habitual de su representación es ampliamente conocido. Muestra a una madona sedente en un trono, trajeada con una capa roja o azul y velo blanco, con una corona, y el Niño sentado en sus piernas, coronado como rey del universo y lleva en su mano derecha un globo terráqueo. Cuando en 2009 se abordó la restauración de la reliquia de la Virgen de Coromoto —una diminuta tela de algodón de apenas dos centímetros que se venera en su Santuario Nacional— aparecieron detalles que han llevado a los especialistas a replantearse su imagen. Se advierte que lo que está al fondo no es un trono, sino más bien una construcción de cañas que emula una choza. En el rostro de la Virgen se destacan rasgos fenotípicamente indígenas. Existen representaciones que difieren de las que hemos conocido. La riqueza iconográfica de la obra de Pedro Centeno Vallenilla, pintor, muralista y dibujante anzoatiguense, entremezcla en forma destacada mitología, leyendas, historia, imágenes del arte universal, figuración religiosa e imaginería popular. Solo él pudo plasmar, como lo reclamaba el poeta Andrés Eloy Blanco, que, al pintar en sus cuadros santos y angelitos, les atribuyera el color de la tierra venezolana. Un año antes de su proclamación como patrona de Venezuela, Centeno culminó la pintura de la Virgen coromotana, pero a diferencia de otras estampas que de ella se han hecho, está de pie, sobre las aguas con el Niño en brazos, recordando a las crónicas de su aparición en la que asoman en el margen inferior derecho los indígenas Coromoto y su mujer. Es un retrato indígena y sereno. Esta pintura pertenece a la colección vaticana. Otra obra que la representa igualmente de pie con elementos tropicales fue donada por el autor a la iglesia San Juan Bautista frente a la plaza Capuchinos en Caracas. Centeno Vallenilla jamás obtuvo premios por sus obras; sin embargo, le vale el reconocimiento del pueblo venezolano por interpretar artísticamente a la Madre de Dios bajo la bella efigie de una joven aborigen.

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