Líbano: perpetuo blanco para el régimen israelí
2026-03-21 - 15:05
La guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra Irán el pasado 28 de febrero no se ha limitado al territorio de la República Islámica; se ha extendido hacia otros países, incluyendo Líbano, uno de los más pequeños de Oriente Medio, con apenas 10.452 kilómetros cuadrados de extensión, pero con una vital situación geoestratégica en la región. Esta nación, que limita al norte y este con Siria, al sur con el país hebreo y al oeste con el mar Mediterráneo, históricamente ha sido uno de los blancos predilectos de este último, dados los planes expansionistas del sionismo. En efecto, como parte del proyecto del “Gran Israel”, los extremistas que conforman el actual gobierno de ese país consideran indispensable el control del sur del río Litani, que es el recurso hídrico libanés más importante, con todas sus potencialidades para la irrigación y la generación de energía, siempre ambicionadas por los sionistas. Con un caudal medio anual de 920 millones de metros cúbicos y una extensión de 142 kilómetros cuadrados, es la principal reserva de agua dulce en territorio de Líbano, que riega cientos de miles de hectáreas de tierras fértiles en el Valle de la Becá (usualmente blanco de los ataques israelíes) y genera energía hidroeléctrica a través de la represa de Qaraoun, que integra el lago artificial más grande del mundo y alimenta tres importantes centrales: Markabi, Awali (Joun) y Qaraoun. Como se sabe, sobre el agua se afirma que será la principal fuente de las guerras en el futuro, tal y como es el petróleo en la actualidad, pero en la práctica, para el régimen israelí, el control de este recurso es de importancia clave en este mismo momento, pues como muchos analistas aseguran, el río Litani es la principal alternativa para satisfacer su crónica escasez hídrica. No son nuevas estas aspiraciones: entre otros teóricos del sionismo, en 1919 Chaim Weizmann sostenía que el futuro Estado judío debía incluir dentro de sus fronteras el río Litani como un elemento indispensable para el desarrollo económico de esa nación y David Ben Gurión, primer ministro israelí entre 1948 y 1953, aseguró que era su “frontera septentrional natural”. A eso deben sumársele sus yacimientos de gas y petrolíferos en su Zona Exclusiva Económica, como el Campo de Qana (Bloque 9), el más emblemático por estar ubicado en la zona marítima fronteriza con Israel, así como el Bloque 8, al sur libanés. La historia. Las agresiones de Israel contra el Líbano, siempre con el respaldo de Es- tados Unidos, no se limitan a los tiempos actuales, sino que se remontan a décadas, desde la propia creación del Estado hebreo por la ONU. En 1948, durante la Guerra árabe-israelí, Líbano se unió a los países que invadieron el recién creado Estado y, con el comienzo de la Nakba (la expulsión de más de 700.000 palestinos de sus territorios), unos 100.000 llegaron a suelo libanés, convirtiendo así esa causa en una parte propia de su sociedad y su política. Después de que la Organización para la Liberación de Palestina se estableciera al sur de esa nación en 1970, Israel comenzó a hacer incursiones más frecuentes y estableció una zona de seguridad al sur del río Litani. En 1982 invadió Líbano, y llegó hasta su capital, Beirut, bajo la excusa de eliminar a la mencionada organización. Inició una ocupación del sur libanés hasta el año 2000. Desde entonces han continuado sus ataques, utilizando argumentos como el combate a Hezbolá, creado en 1982. La guerra contra Hezbolá ha sido una de sus excusas Uno de los argumentos que ha venido utilizando Israel para justificar sus agresiones contra el Líbano en las últimas cuatro décadas es el combate contra las milicias de Hezbolá (“Partido de Dios”), una organización que nació en 1982 para repeler la invasión de los sionistas. Esta milicia chií es considerada como la principal amenaza no estatal para los israelíes en territorio libanés, además de que se les identifica como uno de los brazos armados de Irán, por lo cual el país hebreo pretende crear una suerte de “franja de seguridad” o “tierra quemada” al sur del río Litani. Milicianos de Hezbolá. Las intenciones son las de alejarlos de su frontera norte para reducir los peligros de sus cohetes de corto alcance. Desde el punto de vista geopolítico, el Gobierno israelí, al golpear a Hezbolá, pretende aislar al Movimiento de Resistencia Islámica Hamás y, al mismo tiempo, a los iraníes, a fin de neutralizar al llamado “Eje de la resistencia”. El 17 de septiembre de 2024, como parte de esos intentos, los organismos de inteligencia israelíes hicieron detonar simultáneamente miles de buscapersonas en Líbano y Siria y al día siguiente cientos de radios utilizados por el grupo asesinaron a 42 personas e hirieron a más de 3.000, muchos de ellos combatientes de alto rango, además de civiles, y paralizaron las comunicaciones. Más de 1.000 muertos en las últimas tres semanas Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), simultáneamente con la guerra contra Irán que desarrollan conjuntamente con Estados Unidos, han acentuado su ofensiva contra el territorio libanés dejando un saldo de más de 1.000 muertos en estos 21 días recientes. De acuerdo con datos suministrados por el Ministerio de Salud Pública del Líbano y otros organismos internacionales, solo hasta este viernes se habían registrado 2.641 heridos. El número de desplazados de manera forzosa por los ataques de las tropas sionistas, según las autoridades libanesas y la ONU, rebasaba el millón, con alrededor de 132.000 llevados a los centros de refugio habilitados por el Gobierno y la inmensa mayoría alojados en hogares particulares, también bajo el riesgo de ser blancos de los incesantes bombardeos. Daños en edificios residenciales. La infraestructura de salud tampoco ha sido respetada por las FDI —como ocurre en Irán y Gaza—. Decenas han sido destruidas, al igual que cientos de viviendas y edificios residenciales, especialmente en centros de alta densidad poblacional como Beirut y otras ciudades al sur de ese país. En esta semana, Israel ha iniciado una incursión terrestre por el sur, penetrando entre siete y nueve kilómetros en el territorio de ese país árabe, bajo el mismo objetivo de siempre: controlar el río Litani.