La bofetada
2026-02-14 - 12:01
En 1977 se creó un producto de la industria cultural con absoluta meticulosidad para satisfacer el gusto de hombres gays. Nada inclusivo, nada reivindicativo, nada transgresor. El Village People, exitoso para la industria cultural-musical estadounidense. En su disco Crusin dedican una canción a la Young Men’s Christian Association (YMCA). El cuento viene a caso porque esa canción que invita a los jóvenes a ir a un lugar donde pueden divertirse y hacer lo que quieran, insinuando que es un lugar de crusing que se convirtió en una especie de himno gay, con espectáculo de baile de machos gay, es la canción favorita de Donald Trump quien la usó en su campaña presidencial y le pican los pies cada vez que suena. Es extraño que un presidente que le exija a sus soldados un insólito standard de 70% de masculinidad, tenga esos gustos. Claro depende del tipo de masculinidad o de ese 30% que se deja libre albedrío. No obstante, el mensaje y la acción del gobierno trumpista con la comunidad LGTBQ, más que conservadora, ha sido agresiva. De manera que es un uso superficial de marketing electoral. Mucho más agresiva ha sido la política contra los “latinos” inmigrantes del supremacista blanco que está al mando del imperio. Y es aquí donde entra Benito Antonio Martínez Ocasio, un boricua reguetonero, productor musical, cantante y compositor. No es un producto de la industria, es un productor de música comercial con mucho éxito en el negocio, a pesar de que los críticos insisten en que no canta y no baila y a lo mejor ni compone. Pero quieran o no, es un artista popular y muy querido. Un infiltrado en el mercado que crea desde sus raíces caribeñas-latinoamericanas, incluso volviendo a ritmos como la plena o la salsa. Orgulloso de su origen y su pertenencia. Como a todos los artistas de su género se le reclama la cosificación de la mujer por el famoso perreo. Desde tiempos coloniales los bailes de negros y negras han tenido la censura del conservadurismo por voluptuosos y pecaminosos. Entiendo que él y Residente son de los que apuestan por un reguetón bellacoso, pero sin acoso. No se le puede quitar lo bailao, en el centro de un espectáculo icónico estadounidense les enseñó qué es América y mostró la cultura laboral y lúdica de los americanos latino-caribeños. Dándole una “bofetada en la cara” al persecutor fascista, no al país.