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La historia del violonchelista venezolano Gregorio Nieto y su grabación maratónica con la London Symphony Orchestra

2026-03-25 - 12:35

Nueve horas le dieron al violonchelista venezolano Gregorio Nieto en el estudio para grabar todo el repertorio de Opus 33 junto a la London Symphony Orchestra, una hazaña casi maratónica que lo consolidó como el primer latinoamericano ejecutante de este instrumento en grabar con dicha institución. Gregorio conoció el violonchelo a los 9 años de edad y descubrió que quería ser solista cuando escuchó grabaciones de violonchelistas acompañados por grandes orquestas del mundo, como la London Symphony, aquella misma con la que 32 años después dejó registro de su capacidad artística. Al finalizar la grabación, dedicó en el disco un agradecimiento a José Antonio Abreu, creador del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, quien fue uno de los primeros maestros que le enseñó el valor de la disciplina y fe en que se pueden conseguir grandes objetivos. “Con la London Symphony me sentí un poco como la primera vez que toqué con la Sinfónica Simón Bolívar, a los 17 años, con esa energía que me dio el maestro José Antonio, que me dio la orquesta, que me dieron mis maestros que me acompañaron en ese concierto, de alguna manera se manifestó ese día como si fuera la consumación de algo para lo que fui preparado en El Sistema. Por eso decidí dedicarlo al Sistema y al maestro Abreu”, confesó Gregorio en una entrevista para El Diario. Lo que empezó como una actividad extraescolar Gregorio nació en Barquisimeto (Lara), una ciudad conocida como la capital musical de Venezuela, por lo que a su familia le pareció lógica la idea de inscribirlo en clases de música para que tuviera una actividad extraescolar. Comenzó su formación en el Conservatorio Jacinto Lara a los 5 años de edad. Aprendió a tocar violonchelo a los 9 años de edad, bajo la tutela del maestro Valmore Freites, a quien recuerda especialmente por su “impecable caligrafía”. Minutos antes de la entrevista con El Diario, Gregorio recibió un mensaje en redes sociales del profesor Freites, quien le escribió porque vio un artículo de prensa que hablaba sobre su grabación en Londres y quería preguntarle si era el mismo niño que había visto clases con él en Barquisimeto hace varias décadas. “Sí, comencé con el gran maestro Valmore Freites, quien además me escribía en el cuaderno las tareas y lo que tenía que practicar, con una caligrafía impecable porque también es profesor de castellano y literatura. Qué alegría encontrarlo, maestro. Gracias por todo lo que me enseñó”, le respondió Gregorio en un mensaje. Foto: Cortesía El solista destaca la importancia que tuvieron sus mentores en cada paso de su carrera. Nombres como Luis Jiménez, Maricarmen Silva, Valmore Nieves, Taylor Cruz y Ana Ruth Bermudez vienen cada día a su cabeza, por las enseñanzas que recibió de ellos. A los 10 años se incorporó a las filas de la Orquesta Sinfónica Infantil de El Sistema y fue allí donde desarrolló su potencial. Gregorio recuerda a sus compañeros de la sinfónica como artistas talentosos y brillantes. Una altivez propia de la juventud En su adolescencia entró a la sección de chelos de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y se mudó a Caracas por recomendación de su maestro William Molina, quien también trabajaba con la orquesta. A los 15 años de edad tuvo la oportunidad de tocar para José Atonio Abreu, un encuentro que tuvo como resultado halagos del maestro a su ejecución y una propuesta que le dio un giro a su carrera. “La reacción del maestro fue algo que yo tampoco esperaba en ese momento, porque fue fue sumamente generoso en sus palabras y me propuso además que hiciera mi debut como solista con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar en la sala José Félix Ríos del Teatro Teresa Carreño”, contó. Ese debut como solista era uno de sus mayores sueños y que se pudiera materializar en una de las salas de teatro más importantes del país le agregó más entusiasmo. Sin embargo, confesó que fue algo que no ocurrió de inmediato. “Pasé por una fase de preparación, por la exigencia para tocar de solista con la Simón Bolívar. era y es sumamente demandante. Entonces, el debut, imagínate, lo hice a los 17.años (...) tocar de solista significaba que estabas preparado para que los maestros que te enseñaron a tocar chelo ahora te acompañen en un rol de solista”, detalló. Pese a las exigencias y lo retador que podría resultar estar sobre ese escenario y bajo los reflectores, Gregorio relató que ese día estaba más emocionado que nervioso o asustado. “Yo creo que, cuando uno está empezando, mientras menos sabes más valiente eres. Digamos que había algo allí como de altivez que va de la mano con la juventud y la ignorancia. Confieso que lo disfruté muchísimo y me sentía de verdad como viviendo en aquel sueño de que ya era yo el solista”, expresó. A diferencia de lo que ocurrió con su debut, su siguiente presentación como solista llegó casi de inmediato, porque un solista canceló para otro concierto que estaba previsto y el maestro Abreu le pidió que tocara nuevamente “Las dos veces toqué el Concierto Nro 1 de Camille Saint-Saëns y me sentí, de verdad, en mi naturaleza, en mi elemento”, agregó. Aprender de los mejores y el peso que conlleva Enfocado en el único objetivo de consolidar su carrera como solista, Gregorio buscó aprender de los mejores maestros del violonchelo, aunque a veces sus decisiones iban en contracorriente de lo que le recomendaban sus allegados. En Caracas tuvo la oportunidad de presentarte ante la maestra rusa Natalia Gutman, una eminencia del violonchelo, como parte de una masterclass. Foto: El Español “A Natalia la invitó el maestro José Antonio Abreu a tocar con la Bolívar. Fue una masterclass muy especial porque fui el último de los que tocó y ella me permitió tocar la obra completa, cosa que nunca pasa y cuando terminé me dijo que me iba a escuchar al siguiente día una vez más para trabajar conmigo en privado”. Gregorio relató que la clase privada fue contraria a lo que él esperaba, porque por primera vez se enfrentó a una crítica dura, detallada y sin filtros de su técnica, ejecución y principalmente de su disciplina. “Yo pensé que le había gustado y que la clase del día siguiente sería aún mejor y no. En realidad, fue una clase para enseñarme el valor de la disciplina, que era algo que me faltaba en ese momento. Fue una clase muy dura. No se guardó nada. Como decimos nosotros: no tuvo pelos en la lengua”, explicó. Las estrictas correcciones de Gutman no lo derrumbaron, sino que le sirvieron de motivación para aprender aquello que la maestra dijo que le faltaba para ser un verdadero profesional. “Me dije a mí mismo que ella era la maestra que necesitaba, alguien que me habla claro, que no me permite cometer ningún error, que no tenga piedad. Me obsesioné y descubrí que en ese momento prácticamente no daba clases porque era solista y estaba todas las semanas tocando en diferentes lugares, países, teatros, con diferentes orquestas y pianistas”, detalló. El salto a Rusia Gregorio intentó por todos los medios reencontrarse con Natalia Gutman para pedirle que lo aceptara como alumno. Finalmente, coincidieron en Pésaro, Italia, donde la maestra del violonchelo ofrecía un concierto. “El reencuentro con ella fue simplemente surreal. Me dijo que se sintió halagada, pero que necesitaba escucharme”. Natalia Gutman solo tenía cuatro alumnos en el Conservatorio de Chaikovski de Moscú, en Rusia, por lo que si quería ver clases con ella debía ingresar a la institución por las vías regulares. “Tú tendrías que ir al conservatorio, inscribirte, hacer tu examen de admisión y, si en el conservatorio te aceptan, aquí está mi número de teléfono, me llamas y entonces en ese caso yo digo: entra en mi clase”, le explicó Gutman y de esa misma forma ocurrió en septiembre de 2009, cuando se convirtió en su quinto alumno. Los resultados de esas clases se alinearon con lo que él deseaba: la internacionalización de su carrera como solista. Como parte de esa formación, pudo tocar en 2011 en la sala Filarmonía Chaikovski de Moscú en un concierto llamado Natalia Gutman y sus alumnos. “Es un concierto en el que toqué de solista acompañado por la orquesta del Conservatorio Chaikovski, de hecho, hay registro de ese concierto en Youtube, cuando estoy tocando el ‘Pezzo Capriccioso’, ahí sí estaba muy nervioso, pues era el único latinoamericano en la cátedra de Gutman”. Gregorio detalló que las muestras de la clase de la eminente violonchelista rusa eran “menos razonables” que las de otras cátedras, porque en lugar de presentarse en pequeñas salas y acompañados de un pianista, lo hacían con la orquesta en el segundo escenario más importante de Moscú. Un reto psicológico Aunque el mismo Gregorio buscó entrar en el mundo de la música académica rusa, no estaba preparado realmente para el reto psicológico que enfrentaría dentro del conservatorio. Él describe la institución envuelta en una atmósfera de inconformidad constante. No se trataba de la exigencia de los maestros únicamente, sino que era una autoexigencia que se instalaba en la psique de cada uno de los alumnos, incluso si se trataba de los músicos más brillantes del mundo. “Lo que reinaba en la atmósfera del conservatorio era ver a los mejores músicos, los más talentosos y brillantes siempre con una actitud de no hacer lo suficiente. Entonces, eso para mí fue aleccionador porque en Rusia realmente el respeto que hay por la música, por el arte es muy alto y muy bonito, pero dentro de la formación y dentro de la técnica también como que aprenden a mantener siempre los pies en la tierra”. Gregorio estuvo en el conservatorio hasta el año 2012 y regresó a Venezuela para reencontrarse con el maestro Abreu e iniciar una cátedra de violonchelo en El Sistema que no duró más de dos años por la crisis venezolana. En ese momento decidió aceptar la invitación de una orquesta mexicana para hacer una gira por Corea del sur, aunque no como solista. Foto: Cortesía “Yo seguía haciendo lo posible para impulsar mi carrera como solista, pero me afectó tanto el periodo de estudio en Moscú que quedé, digamos, atrapado un poco en que ya no me sentía seguro antes de de ir a tocar un concierto, porque allá tú veías a los mejores músicos siempre cabizbajos y yo me quedé un poco en esa trampa psicológica, pero llega un momento en el que te autoexiges tanto que dejas de disfrutar lo que estás haciendo” A Gregorio se le presentó la posibilidad de extender por varios años su contrato en México y mantenerse en una zona de confort mientras se alejaba de la crisis venezolana. Confesó que le costó siete años salir de lo que él describió como una trampa psicológica y recuperar la confianza en sí mismo. “Todo ese tiempo estuve estudiando y en eso atravesé un proceso donde empecé a recuperar mi confianza, la esencia de por qué yo amo tanto el chelo y la música y reconectar con eso”, añadió. Volver a empezar El 2023 decidió que era el momento de dejar México o volver a perseguir su sueño de ser un solista consagrado. “Me aventuré a venir a Nueva York, la forma de hacerlo fue a través de un concierto privado para una venezolana, una diseñadora a quien admiro muchísimo que es Carolina Herrera. Fue en una de las salas de la Manhattan School of Music y tocar para ella me ayudó de alguna forma a recordar que todo es posible, que el miedo forma parte de la vida, que siempre lo vamos a sentir, pero que lo podemos utilizar para paralizarnos o para que sea el motor que nos impulse a derribar las barreras que son mentales”. Ese encuentro con la embajadora venezolana de la moda fue clave para la carrera de Gregorio, porque allí conoció a su actual productora: Cora Capriles, quien le ayudó a materializar su primera producción discográfica que se grabó en Nueva York en 2024 junto al músico cubano Paquito D’Rivera. “Grabamos un trío compuesto por él que se llama Invitación al danzón y que es un trío que él compuso para Yo-Yo Ma (chelista japonés) y que solamente había grabado con él y hecho me dijo: ‘El segundo chelista con quien quiero grabar es contigo’ y eso es una de las experiencias que te va diciendo que vas por buen camino, cuando una persona como Paquito D’Rivera te ofrece unas palabras tan generosas y ahí todo empieza a recobrar el sentido”, explicó. Otra señal que recibió fue que Fernando Arias, fundador de Arias Classics, viajó desde España hasta Nueva York para grabar esa producción. Tras esa experiencia, Fernando se comprometió a grabar un segundo disco con Gregorio, pero acompañado por una orquesta, tal y como las grabaciones que él escuchaba de niño en Barquisimeto y que lo hicieron enamorarse del violonchelo. Mientras aparecía la orquesta indicada para ese proyecto, Gregorio aceptó la invitación que le hizo Deborah Borda, importante ejecutiva musical estadounidense, para tocar una la gala donde iban a entregarle a Gustavo Dudamel con el premio Reina Sofía a la excelencia en noviembre de 2024. “Esa noche vino Fernando Arias desde España y me dijo que se había cancelado un solista que iba a grabar con London Symphony, pero que la fecha todavía seguía allí. Él me iba a postular a mí, esperaba que no me ilusionara, pero que si London Symphony lo aceptaba, pues entonces yo tendría que estar en menos de menos de tres meses en Londres grabando”, contó Gregorio. En marzo de 2025 llegó a Londres para concretar aquella grabación con lo que había soñado, pero bajo la presión de saber que solo contaba con nueve horas en el estudio para lograrlo. Explicó que al empezar a tocar sintió la misma energía que recorrió su cuerpo a los 17 años cuando tocó en la sala José Félix Ribas en Caracas y fue esa altivez la que lo ayudó a trabajar a contrarreloj. Aunque cada una de sus experiencias que vivió dentro y fuera de Venezuela delinearon su carrera, reconoce que la base de su confianza siempre estuvo en lo que aprendió en El Sistema. En la actualidad sueña con poder volver a Venezuela y reconectar con la educación musical, entendiendo que la cultura también sirve como aporte social al país que le dio tanto.

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