La paz como victoria
2026-03-01 - 14:07
En un acto histórico, la presidenta (E) Delcy Rodríguez promulgó la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, abriendo una puerta extraordinaria al reencuentro nacional. Al dejar atrás la intolerancia y ver “caras de venezolanos” por encima de los partidos, la Revolución demuestra al mundo su capacidad de construir nuevas alamedas para la paz, fundamentadas en el respeto y el valor de saber pedir y recibir perdón. La orden es de máxima celeridad para que se convierta en realidad tangible. Junto a Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, se ratifica que el diálogo con todos los sectores es el camino. Hoy no solo se firma una ley, se entrega al pueblo la certeza de que la convivencia pacífica es nuestra victoria más grande. En esta ocasión, también es necesario reflexionar sobre los 60 años de la firma del Acuerdo de Ginebra (1966) porque es el único instrumento jurídico válido y vigente para alcanzar una solución práctica y satisfactoria a la controversia sobre nuestra Guayana Esequiba. Es la herramienta que desmanteló la farsa del Laudo Arbitral de París de 1899, ese despojo imperialista orquestado por el Reino Unido. Hoy, más que nunca, reafirmamos que el Esequibo es nuestro. Venezuela no reconoce la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia en este tema, porque nuestra soberanía no se subasta en tribunales extranjeros. Mientras Venezuela sigue en pie, vemos con dolor lo que ocurre en el sur de nuestro continente. La crisis en Argentina bajo el mandato de Javier Milei es el espejo en el que jamás debemos mirarnos. Los datos son devastadores: una inflación que devora el salario, precios elevados y un ajuste fiscal que solo beneficia a los grandes tenedores de deuda y al FMI. Los trabajadores argentinos están en las calles defendiendo lo que el neoliberalismo pretende arrebatarles. Ese es el modelo que la derecha apátrida venezolana ha querido importar. Desde acá enviamos nuestra solidaridad a la clase obrera argentina. También, denunciamos la presión criminal contra Cuba, acechada por un bloqueo que busca rendirla por hambre. Desde aquí le decimos que no está sola. Tampoco podemos callar ante el genocidio que continúa en Gaza. Lo he dicho en reiteradas oportunidades: la solidaridad con Palestina no es una opción, es un deber moral de todo revolucionario.