Las 25 manos que estrechó Delcy Rodríguez la noche que firmó la Amnistía
2026-02-20 - 19:17
Pasadas las 9 de la noche del jueves, condujeron a camarógrafos y periodistas hacia el patio de Miraflores donde declararía la presidenta (e) Delcy Rodríguez. Ya para esa hora (9:36pm) había concluido la sesión de la Asamblea Nacional donde se aprobó la Ley de Amnistía. Tras declararla sancionada, el presidente del parlamento, Jorge Rodríguez, leyó el oficio que se le enviaría esa misma noche a la Presidenta para entregarle la recién aprobada ley. De allí, del Palacio Federal Legislativo, salieron a Miraflores, Rodríguez y toda la comisión que trabajó en la ley. Era la segunda vez en un año que diputados de oposición pisaban el palacio presidencial. La última vez fue el 5 de enero cuando se instaló el nuevo periodo parlamentario. En el palacio presidencial todo estaba dispuesto para que apareciera la presidenta Delcy Rodríguez. En frente de la puerta por donde saldría Rodríguez colocaron las cámaras de televisión. Y haciendo una especie de círculo, se apostaron los diputados e integrantes del Programa de Paz. Ya casi a las 9:40 pm aparecieron en las escaleras alfombradas de rojo y las cuales median entre la puerta central de Miraflores y el patio, la presidenta Delcy Rodríguez, vestida de azul; teniendo a su derecha al jefe del Poder Legislativo y a la izquierda el ministro de Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, con traje negro y corbata roja. “Hoy ha ocurrido un hecho histórico”, dijo el diputado Rodríguez al pronunciar unas palabras, al final de las cuales le entregó a la Presidenta un ejemplar de la Ley de Amnistía para que le diera el ejecútese. De la nada apareció una mesita redonda color blanco donde colocaron la Ley de Amnistía empastada en rojo. La Presidenta abrió, estampó su firma y la exhibió frente a todos. Quitaron la mesita y colocaron el micrófono a la altura de la Presidenta para que se dirigiera al país. “Hay que saber pedir perdón y también hay que saber recibir perdón”. Aclaró que esas palabras las decía “como presidenta chavista encargada”. El Presidente del Parlamento en el momento que le entrega la Ley de Amnistía sancionada. Foto: Prensa Presidencial Rodríguez recordó que esa ley la anunció el pasado 30 de enero en el auditorio principal del Tribunal Supremo de Justicia con ocasión de la apertura del año judicial. Agradeció que todos (chavistas y opositores) estuvieran esa noche en el Palacio de Miraflores, “porque refleja un proceso profundo de reflexión”. Rodríguez tocó uno de los puntos que había causado fisuras en el debate de la Asamblea Nacional: la violencia política. “La violencia con fines políticos llevó a crímenes de odio”, dijo al defender el término tantas veces enunciado en el articulado de la Ley de Amnistía cuyo espíritu pretender dejar claro que “esos crímenes de odio llevaron a justificar agresiones externas contra Venezuela”, de acuerdo al análisis de la Presidenta. Grupo de periodistas que estaban aglomerados en Miraflores a la espera de la presidenta encargada. Foto: Prensa Presidencial El discurso fue escuchado con mucha atención por todos los presentes. Ella les recordó que es una profesional del derecho y como tal dijo sentirse satisfecha con la ley aprobada, porque es una herramienta para que los venezolanos se reencuentren. Una ley “para que Venezuela se despoje del odio”, refirió. En ese mismo tono reconoció que la aprobación de la Ley de Amnistía pasó por “debates duros” que le permitieron al Gobierno “escuchar y exponer”. En su discurso, Rodríguez no obvió el “momento complejo” que pasa la República con los eventos violentos ocurridos la madrugada del 3 de enero pasado. “Eso nos tocó el alma”, expresó, aludiendo a esos hechos, que derivaron en la extradición del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la primera dama Cilia Flores, actualmente secuestrados en una cárcel de Estados Unidos. Por eso pidió a la Comisión de la Revolución Judicial y al Programa de Convivencia Democrática y Paz “máxima celeridad” para atender casos que no están contemplados en la Ley de Amnistía “para curar heridas y reencauzar la justicia”. Miembros de la Comisión de Seguimiento de la Ley de Amnistía llegaron a Miraflores Diputados opositores durante el evento de entrega de la norma al EDjecutivo. Concluido el discurso, Rodríguez bajó las escaleras y comenzó a saludar. Estrecho las manos de 25 personas presentes en ese patio mirafloriano. Comenzó con el ministro de la Cultura, Ernesto Villegas. “Hoy hay un evento importante con el sector campesino”, le comentó Villegas. “Muy importante”, le respondió la Presidenta, quien prosiguió estrechando las manos de Ana María San Juan, Indira Urdaneta, Génesis Garvett y Francisco Garcés, todos del Programa de Paz desde donde se activaron las consultas para la Ley de Amnistía. “Bueno tienen más tareas”, les dijo para luego avanzar hacia el sitio donde estaban parados los diputados opositores David Uzcátegui, Stalin González y Luis Florido a quien tuvo que alcanzarlo casi que en la última fila. Llegar al otro lado le costó una pregunta que salió del grupo de periodistas que estaban aglomerados, relacionada con lado liberación de políticos encarcelados por su presunta vinculación con hechos de violencia. “Todos los días hay liberaciones”, respondió en primera instancia. Llegó al otro lado aún respondiendo la pregunta. “Todo gracias al sistema”, se le oyó decir al llegar al área donde estaban otros diputados. Al primero en saludar de ese sitio fue a Antonio Ecarri, momento en el que Pablo Pérez, aquel que fue gobernador del Zulia, estaba semi-distraído y se acercó velozmente para saludar a la Presidenta. Ella avanzó hacia Nicolás Ernesto Maduro, Nora Bracho y Jorge Arreaza quien le estampó un beso en la mejilla al igual que Grecia Colmenares. Los últimos dos estrechones de mano fueron para Pedro Carreño e Iris Varela. “Gracias Iris; gracias Iris”, le dijo a la “diputada Fosforito”, quien defendió la pertinencia de que los amnistiados hagan las cosas como lo manda la ley. Rodríguez finalizó el recorrido y cuando ya iba a empezar a subir las escaleras comenzaron a aplaudirla. Ella se volteó, saludó con una mano alzada y retomó los escalones.