¡Levanten las sanciones!
2026-03-23 - 13:45
La relación entre Venezuela y los Estados Unidos atraviesa un punto de inflexión que exige no solo pragmatismo, sino una profunda rectificación ética y jurídica. Bajo la premisa de una “diplomacia de presión”, se ha tejido una red de medidas coercitivas unilaterales que, lejos de promover valores democráticos, han vulnerado los pilares fundamentales del Derecho Internacional: la soberanía nacional y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados. El clamor nacional es hoy uno solo y resuena con fuerza en la voz de la mandataria encargada: ¡Levanten las sanciones! Esta no es una petición de gracia, sino una exigencia de justicia equitativa para normalizar unas relaciones bilaterales que deben basarse en el respeto mutuo y no en la subordinación neocolonial. Es imposible ignorar que las mal llamadas “sanciones” han operado como un cerco financiero que asfixia al ciudadano de a pie; al bloquear la capacidad del Estado para transar en mercados internacionales, se ha atentado directamente contra el derecho a la vida, la salud y la alimentación. Venezuela no pide dádivas. Venezuela exige el cese de una política hostil que ha demostrado ser un fracaso si su objetivo era el bienestar, pero un éxito cruel si su meta era el sufrimiento social para obtener réditos políticos. La historia nos enseña que el interés de Washington en la región rara vez ha sido desinteresado. Detrás del discurso de las libertades, subyace un interés histórico por el petróleo y el oro venezolano. Mientras se imponen restricciones que golpean la economía social, las grandes corporaciones energéticas acechan, esperando condiciones que beneficien exclusivamente al capital transnacional. No puede haber diálogo productivo mientras una de las partes mantiene una pistola financiera apuntando al corazón de la economía venezolana. La consolidación de esta hoja de ruta pasa por el levantamiento total de las medidas restrictivas. A pesar del asedio, Venezuela ha demostrado una resiliencia asombrosa, liderando indicadores de crecimiento económico regional en tiempos recientes. Este crecimiento, impulsado por el esfuerzo productivo interno, es la prueba de que el país está listo para despegar definitivamente. El levantamiento de las sanciones permitiría revertir el daño causado a la producción nacional y potenciar la economía social, donde el ser humano esté por encima del capital. Los Estados Unidos tienen la oportunidad de demostrar si realmente apuestan por la estabilidad regional o si continuarán anclados en una visión imperialista que el siglo XXI ya ha rechazado. Levantar las sanciones es el único camino hacia una paz duradera y un desarrollo compartido. Politólogo