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Los therians y la animalización (2)

2026-03-18 - 12:56

Mientras los therians apuntan a ser otro de los grandes fraudes que venden los medios y redes para distraer masivamente, el objetivo real de la animalización de niños, jóvenes y adultos ha avanzado por la calle del medio, ante los ojos del mundo y sin despertar ninguna respuesta organizada en el seno de las familias, las escuelas y las universidades. El perreo de Bad Bunny y sus secuaces reguetoneros de moda, las alusiones explícitas al consumo de drogas de Karol G y cuanto trapero se atraviesa en el camino, es la muestra más decadente de la decisión firme que se tomó desde algún centro de poder para enfatizar el esfuerzo de la llamada “industria cultural” en animalizar a los jóvenes. Y es que la animalización no es un cuento viral como los therians, sino una realidad con soporte científico. Paul MacLean expuso en su teoría sobre la existencia del cerebro triuno la prominencia que tiene el llamado cerebro reptil en el ser humano, describiéndolo como la parte más primitiva y antigua de nuestro órgano principal, encargado de los instintos básicos de supervivencia: la respiración, el hambre, la reproducción, la territorialidad y las respuestas de lucha o huida. Al mero centro del cerebro reptil ha estado dirigida una batería de programas, películas, juegos de video, páginas web, música y la repetitiva publicidad. El objetivo es mantenerlo excitado, estimulado, en un estado permanente de alerta. ¿Qué se logra con esto? Priorizar la supervivencia por encima del razonamiento lógico, lo que explica el por qué hay tantas personas que tienen serias dificultades para analizar situaciones complejas y por eso las evitan. También se consigue la consolidación de patrones automáticos y la exacerbación de instintos básicos que apelan constantemente al miedo, la sobresexualización, la promoción de las divisiones, la territorialidad, el famoso nosotros contra ellos, llevando a los seres humanos y mucho más a los jóvenes a una percepción distorsionada de la realidad. Estos patrones podrían explicar el por qué de la decadencia de la música dirigida a los más jóvenes, la proliferación de símbolos y modelos cada vez más envilecidos enfocados en nuestros chamos para manipularlos, controlarlos, neutralizarlos en sus capacidades de análisis y derrotarlos en su natural vocación transformadora.

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