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Álvaro Segura o la reinvencion del rock venezolano

2026-03-21 - 14:45

El pasado jueves 19 de marzo, en el Centro de Arte (antiguo BOD) el reconocido guitarrista Álvaro Segura dio el primer paso de su camino como solista con un concierto que mucho más que un show, fue una declaración estética titulada “Así lo veo yo”. El músico venezolano presentó un álbum que instala una mirada propia dentro del rock, una forma de entenderlo y habitarlo sin concesiones. Quienes seguimos la trayectoria de Álvaro Segura (Un perfecto extraño, Solares, Zapato 3) sabíamos que su universo sonoro y poético tan potente, tarde o temprano reclamaría su propio espacio. Y lo que experimentamos el jueves justifica, canción por canción, su mirada personal del rock and roll. Sin embargo, no hay en su propuesta solipsismo alguno por el contrario toda ella es una búsqueda honesta del otro. En ese sentido, me recuerda a George Harrison: un genio que no se reafirmó en su narcisismo sino que se reconstruyó en una nueva comunidad de musicos. Álvaro sigue sus pasos: incluso en su debut como solista, configura una banda y no cualquiera, acaso una de las más sólidas —en términos de virtuosismo y actitud—de la última década. Sí, vimos en escena a un guitarrista acompañdo de una banda real, acoplada y fiel al concepto que Segura ha venido construyendo en sus redes sociales a modo de prólogo para algo que, mucho más que un álbum, comprendamos su filosofía del sonido. Y es justo decir que “Así lo veo yo” no es solo un regreso al rock and roll crudo, libre de artificios; es también un manifiesto, una defensa del arte. Cada tema parece sostener una idea, una imagen, un paradigma que no se agota en la estridencia o la armonía. Lo del jueves fue un genuino performance, concebido dramáticamente, atravesado por gráficas en permanente tensión: la violencia y el lirismo, la metafísica y el deseo, la estética y el caos. Pero, sobre todo, fue la experiencia de entender a un artista desde el propio lugar de la expresión. Durante más de una hora de canciones ininterrumpidas, el público realizó un viaje en el cual se podían distinguir ecos del blues y del rock progresivo, donde se sintió la fuerza del heavy y la intensidad de lo dark. Toda la cultura de un guitarrista magistral, arriesgado y disruptivo. Como no podía ser de otra forma, los riffs dominaron la atmósfera, acompañando la voz de Segura: sucia, delicada y singularmente melódica. Por cierto, una voz que no resulta del todo ajena, pues durante años habitó en segundo plano el repertorio de Z3 mientras él se consolidaba como guitarrista líder y compositor de la legendaria banda. El recital estuvo marcado por el hipnotismo y el asombro que producían las canciones nuevas —“Virgen de escarcha”, “Hazme daño” o “Respuestas”, esta última donde participan los raperos Bosta Brain y Tony Blaze— y por la celebración de la revisita de temas de su autoría como “Náuseas nocturnas”, “Pienso perdonarte” y “Dios” en versiones muy suyas: una suerte de regresión, como si asistiéramos a un garage en los años noventa donde todo estaba por comenzar. Honestidad, riesgo y obsesión estética son las coordenadas de “Así lo veo yo”. En ellas se mueve una poesía beat, hija de la brevedad, del erotismo y de la llaga existencial, comprobando que en toda violencia sónica conviven la ternura, la armonía y esa insistencia —cada vez más rara hoy— de rozar la vida a través del arte. Álvaro debuta como solista, nos entregó un disco y un show donde no hubo ni hay lugar para la melancolía ni la repetición: más que trascender a Zapato 3, Segura se ha trascendido a sí mismo.

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