Merecemos brincar como niños
2026-03-25 - 12:55
Aun lado quedaron los contratos millonarios que los vinculan a las franquicias de renombre. Ronald Acuña Jr, el todopoderoso de los Bravos, se quitó su traje de superestrella para convertirse en un niño más en medio de la competencia. Junto a Maikel García, Eugenio Suárez, Luis Arráez y el resto de la tropa, saltaron como pequeños que acaban de descubrir un tesoro. No hubo poses elegantes ni miradas calculadas. En el momento cumbre se desbordaron las lágrimas, hubo abrazos sinceros, brincos descoordinados de los jugadores de un equipo que entendieron que la grandeza no se compra con dólares, sino con el corazón, con el amor al país, con la conciencia de lo que representaba esa proeza para los hijos nacidos en esta tierra beisbolera llamada Venezuela. En la selección presente del Clásico no pesaron los excesivos elogios de las publicaciones especializadas hacia las individualidades, o los favoritismos exacerbados de los periodistas de la “fuente”, esta vez se sintió con fuerza el compromiso con la demostración del potencial colectivo, la victoria de todos era más importante que cualquier figura engrandecida por los medios. Cada jonrón, cada lanzamiento y cada fildeo dejaron de ser una vitrina personal para transformarse en un ladrillo más de un muro indestructible que tumbó las apuestas de los ultrafavoritos Japón y EEUU. En el terreno quedó la arrogancia de quienes, desde su visión egocéntrica, creen que el mundo gira a su alrededor. Los gringos y su rigidez, su obsesión por la supremacía y sus sonrisas sobradas a media boca, quedaron paralizados tras las centellas que lanzó Daniel Palencia, un carajito de San Carlos, estado Cojedes, que sacó los picheos desde el alma para dejar sin posibilidades a los norteamericanos. Los chamitos de La Sabana y San Felipe pudieron más que los muchachos de Las Vegas y California. El pueblo humilde que nunca deja de creer a pesar de las adversidades venció a la superpotencia, que todo lo tiene de cualquier forma, incluyendo el saqueo. Mucho hay que aprender de esta selección, amarrar los demonios de los egos, dejar de lado los intereses individuales, apostar todo al equipo, al país, unirse en medio de las diferencias para demostrar el fuelle que tenemos y brincar como niños, celebrando la victoria del mejor país del mundo.