Natalia Jiménez se rindió ante Venezuela
2026-03-01 - 20:19
La noche del sábado en el Poliedro de Caracas no fue un concierto más; fue un exorcismo emocional; fue un ritual de amor. Entre lágrimas, mariachis y un sentimiento que desbordó el Coso de la Rinconada, Natalia Jiménez marcó un hito al protagonizar el primer gran espectáculo internacional de 2026 en Venezuela con el cierre de su gira La Jiménez. Lo que comenzó como una “noche de karaoke” terminó con la artista visiblemente emocionada ante un público que no la dejaba marchar. El clímax llegó con «Creo en mí». Bajo el domo, el rugido de miles de voces superó al sistema de sonido, provocando que la artista se detuviera, conmovida. Entre sonrisas nerviosas y lágrimas que surcaron su rostro sin filtros, Jiménez se arrodilló para besar la tarima venezolana, un gesto de gratitud casi religioso hacia el país que, según sus palabras, es el que “más bulla hace” y más alegría le ha dado. Hubo espacio para la ternura inesperada cuando subió al escenario a una pequeña fan que, rompiendo el guion, pidió cantar «La Macarena», arrancando una de las pocas carcajadas de la noche. Sin embargo, la sombra del recuerdo volvió con el homenaje a su colega fallecido, Yeison Jiménez, momento en el que Natalia se quebró por completo, necesitando el aliento del público para recomponerse. Entre lecturas de labios que decían “qué bonito” y manos apretadas contra el pecho, la Jiménez cedió el micrófono a sus cientos de seguidores. Aunque el “falso cierre” llegó con «El sol no regresa», la sensación de un adiós más profundo quedó latente en cada mirada perdida de la cantante hacia sus fieles. Con «El rey», de José Alfredo Jiménez, y «Caray» de Juan Gabriel, como temas de despedida, Caracas fue testigo del día en que la Jiménez entregó el alma y besó la tierra que la hizo gigante. Punto y aparte mereció la elevada calidad de las instalaciones del Poliedro de Caracas y la amabilidad que en todo momento mostró su personal. Asimismo, la impecable producción de Invershow para un evento que dejó electricidad y nostalgia entre los asistentes.