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Paz y reconciliación

2026-02-12 - 12:29

La reciente aprobación en primera discusión del proyecto de Ley de Amnistía por la Asamblea Nacional, marca un hito que trasciende la esfera jurídica para adentrarse en la psique colectiva de la nación. Como ha señalado la presidenta (E) Delcy Rodríguez este instrumento no es solo un conjunto de artículos, es un catalizador para la convivencia democrática y el reencuentro de los venezolanos. Desde la perspectiva de la psicología social y el derecho humanista, una amnistía no debe entenderse como un “borrón y cuenta nueva”, sino como un mecanismo de justicia transicional diseñado para romper los ciclos de polarización y conflicto crónico. En sociedades que han atravesado periodos de alta conflictividad, el tejido social suele presentar cicatrices profundas caracterizadas por la desconfianza institucional y la fragmentación comunitaria. La medida actúa aquí como un interventor psicosocial. Reducción de la ansiedad social: Al disminuir la percepción de persecución o amenaza, se reducen los niveles de estrés crónico en la población. El hecho de que este proyecto haya recibido luz verde por unanimidad es una señal de madurez política que envía un mensaje potente al inconsciente colectivo: es posible el consenso a pesar de la diferencia. Se pasa de una identidad basada en la oposición (“nosotros contra ellos”) a una fundamentada en la concordia, lo que recupera la tradición histórica de entendimiento que mencionó la presidenta Rodríguez. Desde el derecho, la amnistía es una facultad soberana del Estado para extinguir la responsabilidad penal, pero su verdadera valía reside en su propósito de generar un impacto inmediato en los derechos humanos. Con la aprobación de una ley de amnistía, que tendrá efectos inmediatos desde 1999, logra resignificar el talante democrático del Estado venezolano, cuando dibuja una triada estratégica: 1.- estabiliza el estatus legal de ciudadanos, permitiendo su reintegración a la vida civil; 2.- permite que el aparato de justicia se enfoque en la protección de derechos fundamentales y 3.- fortalece la confianza de la ciudadanía en el Parlamento como mediador. Es importante destacar que esta ley siempre presenta miradas interpretativas encontradas, ya que es una norma que no satisface a todos por igual. No se busca la impunidad, sino el bien superior de la paz social; es el camino hacia la sanación del tejido emocional.

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