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“Perdí el control de mi espíritu, me deshumanizaron”: el testimonio de Antony Vegas sobre su paso por El Helicoide

2026-03-01 - 12:47

Desde hace años, El Helicoide dejó de ser una obra arquitectónica inconclusa para convertirse en un símbolo de miedo. En Venezuela y fuera de sus fronteras, su nombre ya no remite a un proyecto comercial frustrado, sino a denuncias de torturas y tratos degradantes contra los presos. Ese edificio, ubicado en Caracas, concebido en la década de los años cincuenta como un moderno centro comercial, terminó transformado en la sede de reclusión del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Allí, entre pasillos oscuros y celdas improvisadas, Antony Vegas asegura haber vivido años de humillación. Vegas fue detenido en 2014 por su supuesta participación en el homicidio del diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Robert Serra. El día de su arresto lo recuerda bien. Fue la tarde del 4 de octubre cuando funcionarios del Sebin, vestidos de civil, encapuchados y armados lo capturaron en Caracas, cambiando así el rumbo de su vida. “Me dijeron ‘tirate para el suelo o te mato’, con una pistola en la cara. Me encapucharon, me montaron en un carro. Pero no fue solamente a mí, fue a todas las personas que estaban allí (...) Todo el mundo estaba corriendo, asustado, hicieron varios disparos al aire”, recordó el ahora activista en una entrevista exclusiva para El Diario. Vendado, Antony fue trasladado a la sede de El Helicoide, en el oeste de Caracas, sin saber lo que viviría dentro de ese centro de reclusión, ni los motivos por los que los cuerpos de seguridad lo detuvieron. “Yo no sabía que estaba en El Helicoide, no tenía ni idea de lo que iba a comenzar a vivir. Desde 2014 mi vida cambió radicalmente (...) Yo no sabía que estaba en una de las cúpulas más simbólicas de Venezuela”, dijo. Foto: Captura de video Antes de ser arrestado, el merideño criado en Caracas, específicamente en la Cota 905, vivió una adolescencia marcada por la violencia, una realidad que se extendió hasta su adultez. En entrevistas previas mencionó que fueron esas experiencias y el contacto con distintas personas durante su encarcelamiento lo que lo impulsó para replantearse su vida, formarse académicamente y, posteriormente, participar de manera activa en la vida pública con mayor conciencia social. “Es lamentable que todo esto tuviera que pasar. Una serie de desgracias para llegar a este punto de iluminación”, expresó el activista, quien recuerda con detalle lo vivido durante sus primeras horas en El Helicoide. “Yo vi la muerte como una esperanza” Para Vegas, el viacrucis de las torturas físicas en El Helicoide comenzó el mismo día de su detención. Recuerda que tras llegar a la sede, funcionarios lo golpearon en el rostro mientras lo tenían esposado. Con la mirada fija mientras relata lo sucedido, Vegas detalla que, cuando tenía el rostro cubierto y las manos atadas, un funcionario lo empujó contra las paredes hasta un cuarto, donde le quitaron la capucha, lo vendaron con periódico y cinta adhesiva, para luego dejarlo de rodillas. “Había una colchoneta superdelgada porque sentía lo duro del piso, no hay descripción para este tipo de momento. Estuve así entre 5 a 10 minutos eternos, donde se escuchaban risas. Solamente puedo imaginar lo que estarían viendo, cómo se estarían preparando mientras uno está arrodillado con los ojos vendados (...) De repente, en medio de ese terremoto, lo único que escucho es que me dicen ‘cuando vayas a hablar mueve las manos’ y me ponen una bolsa en la cabeza”, recordó Vegas sobre el momento en que fue asfixiado por funcionarios. Foto: EFE Sobre aquel episodio, recuerda con detalle lo ocurrido: al colocarle la bolsa en la cabeza, dos personas lo inmovilizaron y forzaron su cuerpo hacia atrás, como si aplicaran una palanca. Al mismo tiempo, otra se apoyó sobre su espalda, una le sostuvo los brazos y quien estaba detrás de él le colocaba la bolsa una y otra vez. “No pasaron ni tres segundos cuando empecé a mover las manos desesperadamente. Fue una frase que se tatuó en mi memoria (‘cuando vayas a hablar mueve las manos’). Movía mis manos, pero esa gente actuaba con fuerza bruta e incontrolable. No querían parar. (Pero) asesinarme no querían hacerlo, porque en ese momento, asesinarme para mí hubiese sido una bendición”, mencionó. En medio de ese episodio, Vegas aseguró que estaba perdiendo el conocimiento, pero aún así, podía sentir la presión de la bolsa alrededor del cuello que a su vez le generaba sensación de desespero al punto de sentir que perdió el control de su cuerpo. “Lo digo ya sin que me afecte: yo me oriné encima. Perdí el control de mi cuerpo, de mi mente, de mi espíritu (...) Cuando perdí el control de mi espíritu, me deshumanizaron y aquí tiene sentido esta palabra, la deshumanización de una persona. Lo experimenté en carne propia, me redujeron cuando estaba allí”, expresó. El activista insistió en que ese fue el único momento en su vida en el que sintió deseos de morir durante las torturas, ya que era la opción que podía pensar como modo de “salvación”. “Yo vi la muerte como una esperanza”, agregó. De lo físico a lo psicológico Luego de varios minutos siendo torturado con una bolsa, Vegas recuerda que se desmayó por completo y fue en ese momento que los funcionarios lo soltaron. El activista contó que luego de ese episodio los perpetradores comenzaron a humillarlo verbalmente. “Yo estaba desmayado, pero yo sentía todo, sabía todo, sabía que estaba desmayado, pero en medio de eso tenía conciencia. Cuando me dejan, comienzan con las humillaciones y me dicen ‘mira, este bicho se orinó’, y de repente dicen ‘vamos a cortarle las orejas’. Me entró un pánico indescriptible”, agregó. Vegas contó que todavía seguía vendado “a merced de ellos”, cuando sintió que le pasaron un objeto por sus orejas. “Te juro que yo sentí que me cortaron la oreja, pensé por mucho tiempo que yo estaba sin oreja porque llegue a sentir la sangre correr, sentí lo caliente como corría por mi cuello. Imagínate el nivel de psicología al cual ellos me arrastraron”, precisó. Esta experiencia de creer que les cortaban las orejas también ha sido denunciada por otros presos en El Helicoide como un método de tortura aplicado por los efectivos del recinto En su relato para El Diario, Antony aseguró que ese día los funcionarios que lo torturaron también amenazaron con abusar sexualmente de él con un palo. “Creo que es necesario contarlo, a veces me da un poco de pena (...) cuando me levantaron de allí, me bajaron el pantalón y con un palo de escoba comenzaron a decir ‘vamos a violar a este tipo’. Afortunadamente no pasó, nunca pasó el acto en sí, llegaron a tocarme, pero el acto no pasó. No sé si hubiese pasado yo hubiese tenido la fuerza de contarlo o no. Es algo que siempre me cuestiono, porque sí sé de primera mano que El Helicoide violaron a muchas personas, incluso hombres”, afirmó Vegas. Otras de las torturas psicológicas que aseguró que sufrió en medio de sus interrogatorios para obligarlo a “colaborar”, fue la amenaza de abusar sexualmente de su hija, quien en ese momento tenía entre 8 y 9 años de edad, o decirle que su pareja también estaba en presa en El Helicoide. “Es una bomba emocional. Pasaban (por las celdas) no para saber de ti, no es por tu salud, no es para ver si estás bien. (Dicen) que tu familia está allá arriba, imaginar que tu mamá o tu pareja está presa ahí es un tormento”, expresó. A la celda El Tigrito Luego de varias horas de torturas, Antony contó que fue llevado a la celda más simbólica de El Helicoide, conocida con el nombre El Tigrito. Describió que esta es un espacio hecho para “tú mismo torturarte”, pues es muy reducido, donde si la persona se agacha sus “rodilla pegan en la pared”. De acuerdo con diversos testimonios y reportes de organismos defensores de derechos humanos, esta celda es un espacio de castigo y aislamiento. Es muy reducida y en la que presuntamente han hacinado a varias personas al mismo tiempo. El espacio no tiene luz natural ni ventilación y, según testimonios, los presos deben turnarse para dormir en el suelo o incluso de pie. Además, no tiene acceso a baños, por lo que deben hacer sus necesidades en recipientes o bolsas. Foto: Cortesía “Esa celda no la hace macabra su espacio reducido, sino como tú estás obligado a ‘autotorturarte’, hacer tus necesidad físicas allí encima de ti, sin poder comer, sin poder ver a nadie, es una tortura que tú mismo te estás haciendo, o ellos (los funcionarios) te llevan a eso, a que tú comiences a pelear contigo mismo”, relató. Vegas duró un poco más de 20 días en aquella celda y fue trasladado a una zona donde pudo tener contacto con otros privados de libertad, incluso presos políticos, quienes lo ayudaron a recuperarse, ya que cuando llegó no podía moverse. “Duré muchísimo tiempo sin poder moverme, escupí sangre, estaba reventado por dentro y a mi nunca me atendió un médico. Ellos (los mismos presos, incluidos por causas políticas) terminaron ayudándome, limpiándose, dándome alimento porque no tenía ni siquiera cómo alimentarse en ese momento porque no tenía visitas”, comentó. Con el tiempo mantuvo más contacto con varios detenidos por causas políticas, como el diputado Gilberto Sojo, quien, de acuerdo con el testimonio de Vegas, llegó a ver dormir de pie, en un celda donde estaban mezclados presos comunes con presos políticos. Una condena cumplida y una huelga de sangre Al poco tiempo de ser detenido, Vegas fue condenado por delitos vinculados al porte ilícito de armas y resistencia a la autoridad, pero no por el homicidio de Robert Serra. Además, fue juzgado en un tribunal para casos relacionados con terrorismo. Por estos cargos, el venezolano se declaró culpable, aseguró, tras ser sometido a torturas intensas que lo obligaron a ello. “Yo admití los hechos porque se me obligó, porque sino mi hija iba a ser violada y bajo esa amenaza tú hubieses admitido cualquier cosa. Yo admití resistencia a la autoridad y porte ilícito de arma (...) Para mi sorpresa, cuando me presentaron en los tribunales, nunca se me habló de Robert Serra, nunca se me habló de tema político, de hecho, el juez me preguntó ‘¿qué haces tú en un tribunal terrorista con estos delitos?’”, contó. Su condena fue de 2 años, 9 meses, 22 días y 12 horas. Pero él estuvo cinco años tras las rejas, “el Estado me secuestró por 2 años y medio”, enfatizó. Además, recalcó que no tuvo abogado particular que atendiera su caso. En el tiempo en que dejó de ser objeto de torturas dentro de El Helicoide, Vegas contó que se dedicó a prepararse, estudió inglés con los mismos presos estadounidenses que aseguró que estaban detenidos en el lugar. Se graduó en prisión tras tres años de estudios, recibiendo clases a distancia de la mano de 12 profesores. Cuando llegó el día de su salida, la medida no se ejecutó y pasó seis meses más detenido en El Helicoide, pese a que ya tenía una boleta de libertad. Fue tras una visita de uno de sus hijos que decidió iniciar una huelga de sangre para exigir ser liberado. “Una visita en particular: mi hijo me dice ‘papi vámonos’, eso me partió el corazón. Yo no sé si fue impulso, lo cierto es que cuando comenzaron a poner los candados a nuestras celdas, agarré un bisturí y comencé a cortame y comencé una huelga de sangre. Cuando viene el comisario les digo que ‘por cada media hora que yo esté en este lugar, me iba seguir cortando, porque yo soy un hombre libre’”, recordó Vegas. La huelga de sangre duró aproximadamente tres horas. Vegas se cortó distintas partes del cuerpo, sus cicatrices, que aún permanecen visibles, quedaron retratadas en una fotografía que lograron tomar con un celular que tenían dentro de la cárcel. Al poco tiempo, realizó otra huelga y se coció la boca. Estuvo así por una semana y en ninguna de las dos ocasiones recibió atención médica. “Ellos esperaban que muriera y entendí que el que estaba perdiendo era yo (...) adoptaron una estrategia y me sorprendieron con la visita. Tenía aproximadamente 3 o 4 meses que no veía mi visita, y dejaron pasar a mi hijo y me ve en esas condiciones, a mi se me partió el corazón. Me levanté, porque estaba demacrado”, contó. Pocos días después, los presos políticos formaron un motín en El Helicoide, lo que resultó en el traslado de Vegas a la cárcel de Tocuyito en el estado Carabobo, donde estuvo cuatro meses preso, siendo esta una cárcel que era liderada por los denominado pranes y había una “ley” carcelaria distinta a la de El Helicoide. “¿Por qué duré cuatro meses ahí? Bueno, porque si tú vas a buscar tu boleta de libertad en un penal de esta magnitud, y no está tu boleta, tú puedes perder la vida. Te pueden matar. Esa era la razón por la que yo no me acercaba a buscar mi boleta de libertad. Hasta que un día tomé la decisión, a todo riesgo y me acerqué”, mencionó. La boleta de liberación de Vegas ya tenía dos años de haber sido emitida, y fue ese riesgo de preguntar por ella que produjo su salida de la cárcel, una que estaba a muchos kilómetros de su hogar en Caracas. Entre las voces que denuncian las tortura en El Helicoide La historia de Vegas concuerda con las narradas por otros ex presos que recluidos en El Helicoide. El dirigente político recuerda las veces que vio al ex preso político Villca Fernández lo colgaban con frecuencia, ya que era, supuestamente, el que más protestaba por el trato a los presos comunes. “Recuerdo claramente que lo vi guindado. La orden era guindar a Villca por ser el que más protesta, el que más defiende, el que más habla por los demás”, relató. Reconoció que, en ese entonces, los tipos de torturas variaban dependiendo de la persona “o estatus que tuviese en la política”. Sin embargo, enfatizó que estas acciones eran más frecuentes en aquellos presos que llegaban por delitos comunes, como fue su caso. “La mayoría de veces que vi altercado allí, levantamiento por parte de los estudiantes y activistas, a mi me marcó muchísimo, porque ellos veían las torturas que se le aplicaban a los presos que llegaban a diario y que no necesariamente eran estudiantes o presos políticos, pero eran seres humanos. Quizás si hubiese llegado en ese momento con un perfil de estudiante a mi no se me hubiese torturado como se me torturó”, expresó. Enfatizó que las torturas se hicieron “macabras” específicamente en los civiles. Tras haber enfrentado todos estos escenarios que causaron un impacto en su vida, Vegas se exilió a Colombia, luego de que a mediados de julio de 2024, previo a las elecciones presidencial del 28 de julio, fue acusado por el Ministerio Público de supuestamente intentar “asesinar” al diputado Inacio Da Costa, en el estacionamiento de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Foto: Antony Vegas Por este hecho, Vegas huyó hasta la frontera con Colombia, mientras lo guiaba un conocido. “Cuando paso de un pueblito a otro yo veo la cara de mi amigo y me dice ‘bienvenido a la libertad’, ahí entendí que ya había escapado del régimen que me comenzó a perseguir nuevamente”, exclamó. Su postura frente a la Ley de Amnistía Vegas observa con recelo la Ley de Amnistía aprobada por la Asamblea Nacional. Considera que podría estar siendo utilizada para “salvar” a personas que, según su testimonio, participaron en torturas contra detenidos en El Helicoide. «Me da pánico porque (la amnistía) está siendo reabierta a conveniencia de ellos, condicionada por ellos para salvar a muchísimas personas que torturaron, que violaron y asesinaron en El Helicoide”, dijo. Desde el exilio, Antony Vegas afirma que narrar lo ocurrido en El Helicoide es una forma de enfrentar el pasado y dejar constancia de lo que, según su relato, vivieron él y otros detenidos dentro del recinto. Aunque recuperó su libertad física tras años de prisión, las secuelas de las presuntas torturas, las amenazas contra su familia y el aislamiento siguen presentes en su memoria. Por ello, mantiene una postura vigilante frente a la Ley de Amnistía, ante el temor de que pueda beneficiar a quienes habrían participado en hechos que, de no documentarse, podrían quedar en el olvido.

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