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Reportan casos de tuberculosis en mayor centro de migrantes de EEUU

2026-02-09 - 23:30

La confirmación de al menos dos casos de tuberculosis en el mayor centro de detención de migrantes en Estados Unidos ha puesto de manifiesto la precariedad de los protocolos sanitarios en estas instalaciones. La congresista Verónica Escobar y autoridades locales corroboraron que, junto al brote de tuberculosis, otras 18 personas han dado positivo por COVID-19 en el recinto conocido como Camp East Montana. Estas cifras reavivan el debate sobre la incapacidad del sistema para garantizar el derecho básico a la salud de quienes se encuentran bajo custodia federal. La situación en Camp East Montana, una estructura compuesta por carpas con capacidad para 5.000 personas, es descrita por testigos y legisladores como un entorno donde los problemas persisten y se agravan. La administración de estas instalaciones, delegada en la empresa privada Acquisitions Logistics, ha sido señalada por una gestión deficiente que prioriza el confinamiento masivo sobre el bienestar humano. Este escenario de hacinamiento en estructuras provisionales facilita la propagación de enfermedades infectocontagiosas que ya se consideraban controladas en otros ámbitos. La falta de una atención médica diligente y preventiva no es un incidente aislado, sino un patrón que se repite en la red de detención texana. Apenas una semana antes de estos reportes, otro centro destinado a familias migrantes tuvo que ser confinado debido a un brote de sarampión. La recurrencia de estos focos epidemiológicos sugiere una negligencia sistemática en los controles de ingreso y en el seguimiento clínico de los detenidos, exponiéndolos a riesgos biológicos evitables en instalaciones financiadas con fondos públicos. Opacidad y mortalidad bajo la gestión privada de centros de reclusión Las críticas hacia la gestión de empresas privadas en el sistema de detención han escalado tras conocerse que las condiciones en centros como el de Montana están empeorando drásticamente. Organizaciones defensoras de los derechos humanos han denunciado que el modelo de «megacentros» de carpas es inherentemente inhumano y han exigido su cierre inmediato. La fiscalización de estos espacios resulta sumamente compleja, lo que permite que las deficiencias en el tratamiento médico y la seguridad interna queden ocultas tras los contratos corporativos. En lo que va de año, la tragedia ha marcado la actividad dentro de Camp East Montana con el fallecimiento de tres personas en circunstancias alarmantes. Los registros oficiales mencionan un suicidio, una muerte por falla renal —que cuestiona directamente el seguimiento médico de enfermedades crónicas— y un fallecimiento catalogado como «homicidio» tras un altercado con el personal del centro. Estos hechos reflejan un ambiente de violencia y desatención que va mucho más allá de una crisis sanitaria puntual, configurando una crisis humanitaria institucionalizada. La administración actual ha alcanzado niveles récord de reclusión, manteniendo a más de 73.000 migrantes privados de libertad a inicios de este año, la cifra más alta en dos décadas. Este incremento en el número de detenidos ha desbordado la capacidad de respuesta de los servicios de salud interna, convirtiendo las celdas y carpas en entornos de alta peligrosidad para la vida. El año pasado se consolidó como el más mortífero para las personas bajo custodia del ICE, con más de 30 fallecidos, lo que evidencia un sistema al borde del colapso funcional.

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