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Reseña | Super Bomberman Collection

2026-02-21 - 01:57

La industria del videojuego está llena de decenas de personajes emblemáticos, pero el tiempo pasa y no perdona, cuando un nombre no logra trascender mediante nuevos proyectos, el mismo queda rezagado al punto de que cada vez menos personas de las nuevas generaciones se enteran de ellos. Bomberman es un gran personaje, quizá mucho más querido y famoso en Japón, pero que igual tuvo sus años dorados, en especial en la época de los 16 bits cuando también llegó a todos los rincones de Occidente. Para quien escribe estas líneas, Bomberman es especial; uno de mis primeros videojuegos del personaje fue Bomberman 64, su primer salto al 3D. Tiempo después jugué su más que reconocido estilo clásico, con Bomberman Max, un título que llegó con nombres de colores: “Blue Champion” (el que tuve) y Red Challenger. Bomberman, en su sencillez, es sumamente carismático y reconocible. Y con los años quise conocer sus juegos, tanto lo que iba saliendo como los de su era dorada, incluido aquel Bomberman de 1983 donde lo más habitual era perder un par de vidas al inicio por culpa del tiempo y los mapas grandes. El punto, Bomberman es un gran ícono que lamentablemente ha tenido largos espacios entre sus proyectos, con un regreso importante en 2017 y luego una versión más enfocada en el online para los años de la pandemia. Las bombas no se apagaron, estaban preparándose para la fiesta Konami le agarró el gusto a las compilaciones de sus juegos clásicos, con franquicias como Castlevania y Yu-Gi-Oh! que han tenido paquetes muy llamativos donde meten un compilado de títulos clásicos y en orden cronológico de lanzamientos. Es algo que a nivel personal se agradece, porque es ir a favor de la preservación de los videojuegos clásicos que muchos no pudieron conocer y experimentar. Así llega entonces Super Bomberman Collection, una viaje a la que podríamos considerar como la era dorada del personaje, cuando sus títulos de 16 bits enamoraron a miles y significaron un reto en su jugabilidad. La colección no se anda con rodeos y nos lanza de lleno a la época dorada de la franquicia. El paquete incluye las cinco entregas originales de Super Nintendo, lo cual es, de entrada, un festín para los amantes de los juegos de esa época y los conocedores del pedestal que tuvo Bomberman. Lo que hace especial a esta recopilación es observar la evolución técnica: desde el primer y austero Super Bomberman, hasta la sofisticación visual y de mecánicas de la quinta entrega, que para muchos sigue siendo el techo de la serie y de paso fue un pico en el apartado multijugador, una genialidad para la época. La jugabilidad clásica que se mantiene atemporal Hablar del gameplay a profundidad es un tanto innecesario, puesto que en su tiempo funcionaba lo que nos presentaban, y en esta colección se mantiene, obviamente, sin cambios que alteren la esencia de lo jugable. Pero para los que apenas tienen oportunidad de conocer al personaje y sus juegos, se trata de un título donde Bomberman tiene un simple patrón de movimientos y acciones: Moverse a todos los puntos cardinales y colocar bombas, mismas que sirven para derrotar enemigos y abrir obstáculos. La gracia del gameplay de Bomberman siempre ha sido el avance tanto del personaje a nivel de poderes, como los niveles y enemigos que se van complicando. Conforme rompemos elementos del mapa, podemos encontrar habilidades que mejoran a Bomberman; ya sea para ir más rápido, colocar más bombas en simultáneo, que la explosión cubra más campo o incluso poder nosotros mismos activar las bombas... Las posibilidades crecen conforme avanza cada partida. Fue la esencia desde el principio, por allá en los años 80 con el primer juego, y la fórmula solo fue pulida para hacerla más pulcra e intuitiva con los años, dando un gameplay que tiene su buena cuota de reto, al mismo tiempo que resulta hasta adictivo. El ritmo de estos juegos es, paradójicamente, eterno. La estructura se mantiene sólida, y a diferencia de otras colecciones de juegos retro de la misma Konami, estamos ante los títulos que probablemente mejor han envejecido con el tiempo. Super Bomberman Collection tiene campañas simples representadas en muchos colores ¿Con un concepto tan sencillo un juego puede tener un Modo Historia? Pues efectivamente, los Super Bomberman lo logran de una manera muy interesante, en un mundo futurista donde hay criaturas extrañas, robots y personajes pintorescos, vemos el clásico escenario de los malos bien malos a los que hay que pararles sus planes. Allí entra Bomberman, este personaje ya mencionado, con su vestimenta blanca y rosa, armado con sus bombas, deberá irse abriendo caminos (literalmente) para limpiarlos de enemigos e ir avanzando niveles, volviéndose más fuerte en el progreso. Cada mundo tiene su nivel, y al final de dicho mundo nos encontramos a un jefe que dictamina el cierre de ese mundo, al que obviamente debemos derrotar. Estos son tres veces más grandes que nuestro protagonista, con patrones de movimiento y ataque que a veces cubren toda la cuadrícula y muchas veces será un reto, ya que Bomberman debe en simultáneo colocar las bombas en los puntos exactos, mientras que se mueve y esquiva. Simple de entender, complejo de dominar. Eso tan solo hablando de la base que nos muestra el primer juego Super Bomberman, ya que luego en las siguientes entregas los mapas van cambiando, se extienden y tiene hasta un poco más de exploración que ser una simple cuadrícula. En otros ganan protagonismo las monturas, que cambian el patrón de movimiento y acciones, e incluso nuestras bombas. Cada entrega introdujo variables y la colección permite saborear estos matices que además se ven representados en distintos entornos, con variedad de enemigos y jefes. El caótico ecosistema multijugador El caos no siempre tiene una connotación negativa, a veces lo caótico es como es por divertido y frenético, caso que nos atañe en este apartado de la colección. Hablar del multijugador en Super Bomberman Collection no es simplemente mencionar un modo adicional, sino señalar el verdadero centro de gravedad sobre el que orbita toda la experiencia de los 16 bits. A diferencia de las propuestas contemporáneas que a menudo se pierden en árboles de habilidades o cosméticos irrelevantes, la colección de SNES brilla por una pureza mecánica que roza la perfección geométrica. El diseño de sus arenas es un ejercicio de psicología aplicada: en una cuadrícula cerrada, el espacio se convierte en el recurso más valioso y la gestión del mismo es lo que separa a un jugador casual de un estratega del bombardeo. Una hemeroteca digital de la historia de Bomberman A medida que avanzamos cronológicamente por los cinco títulos incluidos, somos testigos de una evolución fascinante que va desde la sobriedad del primer Super Bomberman hasta la sofisticaciónde la quinta entrega, donde el tablero deja de ser un plano estático para convertirse en un organismo vivo lleno de trampas, cintas transportadoras y teletransportadores que desafían nuestra percepción espacial... Allí entra ese caos, que es tanto, que divierte y saca risas. Lo que realmente consagró a esta vertiente multijugador es su capacidad para generar una narrativa de rivalidad inmediata en el sofá, porque en el sofá fue que se dieron las mejores partidas multijugador cuando el online ni pensaba ser lo que es hoy. Para entender cómo se juega al multijugador de Super Bomberman Collection, hay que visualizarlo como una partida de ajedrez a altas revoluciones, donde las piezas pueden explotar en cualquier momento. La base es engañosamente simple: cuatro jugadores (o hasta cinco en las entregas más avanzadas) aparecen en las esquinas de un laberinto de bloques destructibles. Tu única herramienta inicial es una bomba que explota (como ya aprendiste en la campaña) y tu capacidad de movimiento. El arte de la guerra también se aplica acá Al principio, el ritmo es pausado, casi coreográfico, mientras los jugadores se dedican a «limpiar» el escenario colocando bombas junto a los bloques de madera para encontrar los potenciadores ocultos. Aquí es donde comienza la verdadera progresión de la partida: recoger iconos de llamas para aumentar el alcance del fuego, patines para correr más o el codiciado icono de la bomba extra para poder encadenar explosiones y crear muros de fuego infranqueables. A medida que el mapa se despeja de obstáculos, la jugabilidad muta de la recolección a la confrontación directa. El control del espacio se vuelve agresivo. Ya no solo dejas bombas, sino que utilizas habilidades mecánicas clave: con el guante, puedes recoger una bomba y lanzarla por encima de los bloques para sorprender a un rival que se cree a salvo; con la patada, puedes desplazar una bomba activa por el suelo como si fuera un proyectil de hockey, obligando al oponente a reaccionar en décimas de segundo. Si logras acorralar a alguien en una esquina y «bloquearlo» con tu propio cuerpo o con otra bomba, la victoria es tuya. Es un juego de fintas y engaños donde a menudo la mejor defensa es colocar una bomba propia para impedir que la del rival avance hacia ti. ¿Funcionaba? Lo hizo hace décadas, y puede asegurarse funcionar hoy en día, más apreciable aún porque es un multijugador que ya no consigues en esta era moderna del online masivo. Técnicamente más que correcto y con extras que son ‘la bomba’ Visualmente, el trabajo de emulación es impecable. Los sprites se ven nítidos en la pantalla donde decidas jugarlo. Es el pixel art de toda la vida, el que muchos desarrolladores ya toman como punta de lanza para crear sus juegos en la actualidad, por lo que se sigue viendo precioso. Además de los cinco títulos de Super Nintendo, se agregaron los dos Bomberman que originalmente salieron para la NES, en los años 1985 y 1991 respectivamente. Son dos títulos que está bien para conocerlos, pero que se quedan muy atrás en todos sus apartados respecto a los juegos de SNES, buen añadido como curiosidad. Algo a destacar, es la ausencia total del input lag, ni se siente, ni se nota, ni nada, el juego fluye como la seda, algo que se agradece en estos títulos tan trepidantes en su forma y juego. Otro detalle a destacar es el añadido de filtros para simular las antiguas televisiones de tubo (CRT), lo que añade un extra de atmósfera para los más veteranos. El juego puede también modificar su pantalla, conservando su aspecto “cuadrado” de la época (con fondos a libre elección para evitar las franjas negras), o someterlo a la adaptación de la pantalla panorámica, que si bien respetamos quien desee jugarlo así, luce muy estirado a gusto personal. La banda sonora es otro punto fuerte: esas melodías pegajosas y chirriantes en 16 bits siguen teniendo una fuerza increíble. Y las explosiones tienen buen sonido que te acompañará por un buen rato. Las mejoras de calidad de vida siempre vienen bien en este tipo de colecciones En Super Bomberman Collection Hay un par de añadidos de funcionalidad que serán la cúspide de la comodidad, que además a nivel personal se agradece si de niño no lograste consolidar el final de la historia de alguno de estos exigentes juegos. La primera mención va para el sistema de guardado, cada juego tiene su apartado para guardar partida y de paso tres slots por si necesitas varios. Algo tan sencillo que haces a dos botones, en el momento que quieras. Lo segundo a mencionar es el botón de reversa que se añade a las partidas, en nuestro mando podremos rebobinar tan solo al presionar un botón y volver al punto indicado antes de nuestra tragedia. Para los más puristas será un sacrilegio, pero es una función que muchos agradecerán y que no tiene obligación alguna de su uso. No obstante, en el apartado de galería se echa de menos un poco más de ambición en los «extras». Si bien la emulación es perfecta, una galería de arte más extensa o entrevistas con los creadores originales de Hudson Soft habrían redondeado el producto para convertirlo en la pieza de museo definitiva. Eso sí, todos los manuales fueron añadidos y puedes verlos en tu pantalla a todo color y en alta definición. ¿La última explosión? Quien sabe... Pero es la explosión definitiva No sabemos qué le depara a Bomberman, al mismo tiempo tampoco sabemos qué otros juegos pudieron haber entrado en la colección, aunque de sobra hay para hacer otro compilatorio. Super Bomberman Collection no es solo un ejercicio de nostalgia; es una fe de erratas a la complejidad innecesaria de los juegos modernos. Al reunir las cinco entregas numeradas de la era de 16 bits, Konami nos entrega un documento histórico que demuestra porqué esta fórmula alcanzó la perfección hace tres décadas. Es un título que entiende que la verdadera diversión no reside en gráficos hiperrealistas, sino en la tensión de una mecha corta durante la aventura y la mirada de reojo a tu rival en el sofá cuando entras al multijugador. La colección brilla por su fidelidad técnica. La emulación es tan sólida que permite que mecánicas de alta precisión, como el pateo de bombas o el control de los Louies (monturas), se sientan exactamente como las recordamos, sin el lastre del retraso en la respuesta que arruina otros recopilatorios. Una experiencia válida para nuevos y viejos conocidos Es, en esencia, la forma definitiva de experimentar el techo evolutivo de la saga, especialmente en un Super Bomberman 5 que sigue sorprendiendo por su estructura no lineal y su ambición visual... Y no es descabellado decir que estamos ante una de las mejores colecciones de Konami, cuidado sino la mejor. En definitiva, si buscas el juego de reuniones definitivo o quieres descubrir por qué el «Bombardero Blanco» es un pilar de la industria, esta colección es obligatoria. Es un recordatorio de que, a veces, las mejores ideas son las más simples: una cuadrícula, un par de bombas y la eterna promesa de una revancha inmediata... Ah claro, y que a Bomberman cuando lo conoces una vez, lo quieres para toda la vida. Esta reseña fue realizada en una Xbox Series gracias al código cedido por Konami Latinoamérica. Super Bomberman Collection ya está disponible en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 1 & 2 y PC.

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