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Rusia evitó en Ucrania lo que Estados Unidos hizo en el Caribe

2026-01-26 - 13:47

Por: Mariela Acuña / Jimmy López El 24 de febrero de 2022, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció el inicio de la operación militar especial en Ucrania como una “medida preventiva” para evitar que el vecino país se convirtiera en una plataforma de ataque similar a las que Estados Unidos ha instalado o promovido en territorios cercanos a naciones que no se alinean con sus intereses. El Gobierno ruso sostiene que esperar a que Ucrania estuviera totalmente integrada a la arquitectura militar de EEUU habría sido un “suicidio estratégico”, similar al cometido por la Unión Soviética antes de la Gran Guerra Patria. “En 1940 y principios de 1941, la Urss intentó por todos los medios prevenir o al menos retrasar el inicio de la guerra... Cuando finalmente actuó, ya era tarde. No cometeremos ese error por segunda vez”, dijo el presidente Vladímir Putin. “En Ucrania actuamos antes de que los misiles estuvieran instalados. En el Caribe el mundo puede ver ahora cómo EEUU no respeta soberanías cuando quiere imponer su voluntad militar. Lo que vemos hoy en nuestra vecindad del sur es la confirmación de que nuestra decisión de 2022 fue el único camino para no terminar bajo el mismo yugo”, ratificó en diciembre pasado el mandatario, en alusión al error de la Unión Soviética en 1939 — de intentar apaciguar al agresor mediante concesiones— y a la operación estadounidense Lanza del Sur, desplegada en el Caribe desde mediados de 2025. El Gobierno ruso considera la operación militar especial como el “freno” a una expansión que, de no haberse detenido en el Donbás, habría terminado por asfixiar la soberanía rusa. Moscú argumenta que, así como EEUU utilizó la lucha contra el narcotráfico para asediar Caracas, habrían utilizado la “defensa de la democracia” o “amenazas terroristas” en el Donbás para intervenir directamente en su territorio. Otro de los pilares del argumento ruso para la intervención fue la construcción de centros de operaciones navales en territorio ucraniano por parte de países de la Otan, específicamente en Ochákiv y Berdiansk. El Kremlin argumentó que, aunque Ucrania no fuera miembro formal de la Otan, ya funcionaba como un hub (centro) militar de EEUU. “Bajo el pretexto de centros de entrenamiento, en realidad se estaban creando bases militares extranjeras (...). Esto les daría el control total sobre las aguas del mar Negro”, afirmó Serguéi Shoigú, exministro de Defensa ruso, poco antes del conflicto. Peligro letal. Para el presidente Vladímir Putin, la presencia de infraestructura militar occidental en Ucrania nunca fue un tema de diplomacia rutinaria, sino un peligro letal. En su discurso del 24 de febrero de 2022, dejó clara la magnitud del conflicto: “Para Estados Unidos y sus aliados, se trata de la llamada política de contención de Rusia (...) Para nuestro país, es una cuestión de vida o muerte, una cuestión de nuestro futuro histórico como pueblo. No es solo una amenaza a nuestros intereses, sino a la existencia misma de nuestro Estado y su soberanía. Esta es la ‘línea roja’ de la que hemos hablado muchas veces. La cruzaron”. A esto, se sumó que el régimen ucraniano, instalado con el golpe de Estado de 2014 conocido como el Euromaidán, llevó adelante una persecución de la población rusoparlante que generó intensas protestas sobre todo en el Donbás y Crimea, con una población en su mayoría de origen ruso. El 2 de mayo de 2014, decenas de personas fueron quemadas en la Casa de los Sindicatos de Odesa cuando los partidarios del Euromaidán destrozaron el campamento de activistas contrarios a la política de las autoridades ucranianas. Toda una serie de hechos violentos llevaron a la firma de los Acuerdos de Minsk, bajo la mediación de Rusia, Alemania y Francia, cuyos puntos fueron violados sistemáticamente por el Gobierno de Ucrania. A casi cuatro años del inicio de la operación militar especial, la narrativa de la “amenaza preventiva” ha evolucionado hacia una doctrina de seguridad existencial permanente. Para el Kremlin, el desarrollo del conflicto ha confirmado sus peores sospechas: que la infraestructura de la Otan en Ucrania no era un proyecto a futuro, sino una realidad operativa que solo podía ser frenada mediante el uso de la fuerza. Según Putin, a Rusia la dejaron sin más opción que protegerse o claudicar; además, advirtió que, si Ucrania entra a la Alianza Atlántica, los misiles nucleares en la frontera estarían a cinco minutos de Moscú y amenazarían a 80 por ciento de la población. Desde la perspectiva rusa, la operación militar especial en Ucrania no es un evento aislado, sino una respuesta a un modelo de “doble rasero” donde las potencias occidentales pueden desplegar tropas en el Caribe o el Oriente Medio, pero niegan a Rusia la capacidad de neutralizar amenazas en su periferia inmediata. Recientemente, la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, señaló que el incremento de la actividad militar de EEUU en el Caribe es una “intervención flagrante en los asuntos internos de los estados latinoamericanos”, estableciendo un espejo: si EEUU protege sus intereses a miles de kilómetros de casa, Rusia tiene el derecho y la obligación moral de neutralizar amenazas que están tocando a su puerta. Según la visión de Moscú, existe un hilo conductor entre la expansión de la Otan en Europa del Este y el despliegue militar estadounidense en el Caribe: el control total de los espacios estratégicos. Para el Kremlin, la agresión a Venezuela, iniciada con interdicciones marítimas que escalaron a bombardeos tácticos el 3 de enero de 2026, representa el modus operandi que la Otan pretendía aplicar en las fronteras rusas. Para el liderazgo ruso, la historia validará la operación militar especial como el momento en que una potencia decidió no permitir lo que otras regiones, como el Caribe, han permitido. Lo que EEUU hizo con Venezuela en 2025 es lo que no pudo hacer con Rusia en 2022 pero este país se adelantó. No es igual. Por otro lado, la operación militar especial de Rusia en Ucrania no puede compararse con el ataque armado ejecutado por Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero, que dejó más de un centenar de fallecidos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. En tal sentido, el fundador del Movimiento Rusófilo en Venezuela, Juan Miguel Díaz Ferrer, señaló a Últimas Noticias que “Venezuela siempre ha sido la agredida, no le ha hecho daño a Estados Unidos, el agresor que violó flagrantemente el derecho internacional, y todas las normas humanitarias. Atacó y asesinó población civil. Secuestró al presidente legítimo Nicolás Maduro”. En el caso ucraniano, subraya que el agresor es su Gobierno, porque “después del golpe de Estado del Maidán en 2014, se dedicó a masacrar con el ejército a la población civil de origen ruso del Donbás. Para esto recibió el apoyo material de la Otan. Durante largos 8 años se masacró a esa población civil. Se crearon hasta cementerios de niños”. El también articulista de Últimas Noticias y profesor del Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual, recalca que “Rusia tuvo una infinita paciencia y trató de resolver el conflicto por vía diplomática, mediante los llamados Acuerdos de Minsk que Occidente nunca los respetó”. Díaz Ferrer enfatiza que mientras las poblaciones agredidas por Ucrania pidieron ayuda a los rusos, en el caso de Venezuela a Estados Unidos “nadie los llamó. En Venezuela no existe una población de origen norteamericano. Nuestro territorio jamás le perteneció históricamente. Vinieron buscando un beneficio económico y arrebatarle el petróleo al pueblo venezolano. Una guerra imperialista de despojo”.

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