¡Seguro está el cielo…!
2026-02-19 - 12:57
Este titular remite a un popular refrán de Nuestramérica América, ¡Seguro está el cielo que no lo caga zamuro!, oportuno para la presente reflexión que busca colocar en el debate algunos aspectos sobre la seguridad cibernética nacional, en especial de cualquiera de nuestros países del llamado Sur Global, en la situación actual del mundo de la vida globalizado sobre la internet. Qué aconseja el refrán, que la mejor garantía de que los hechos de peligro no ocurran es la que está sustentada por la imposibilidad física. No estar conectado a la internet es la mayor garantía de seguridad cibernética en la actualidad, suena una exageración, una locura, un sin sentido, pero razones hay. Un suspiro que parece toda una vida En muy breve lapso de tiempo, apenas 34 años, se ha naturalizado y normalizado este cambio en nuestro mundo de vida, más breve aún si solo se mide desde mediados de esta primera década (2004-2007) del siglo XXI en la que tuvo lugar la innovación del teléfono móvil inteligente, los medios sociales y las plataformas para socializar, compartir y difundir contenido sobre internet. Apenas una generación, los llamados nativos digital, para los que un teléfono fijo en el hogar es una pieza de museo, desconocen lo qué es una llamada de larga distancia nacional o internacional, un radio a transistores para captar la señal de una estación de radio local de señal abierta, una generación que sólo concibe al televisor como una pantalla grande para conectarse a estos servicios sobre internet. Autopistas, ciudades e instituciones, arquitectura e ingeniería social global Para ilustrar sin entrar en la jerga y los conceptos técnicos se hará uso de la metáfora de las autopistas en forma extendida con los agregados de ciudades e instituciones, un todo dispuesto en una especie de arquitectura espacial en el aire, otro forma de reduccionismo para explicar. El proyecto de internet trascendió de la construcción de autopistas y superautopistas que cruzaban al mundo, se creó un nuevo “territorio”, un mundo de la vida en paralelo sin fronteras, sin gobiernos, en teoría. Hasta se llamó revolución con sus principios de: “libertad, neutralidad, igualdad”; una ideología pero basada en la tecnología en lugar de la política, principios que casualmente son muy similares a los de la Revolución Francesa. Pero esta vez en una revolución objetiva y apolítica. Se impuso una arquitectura mundial para el libre flujo de información; la creación de un “territorio” global del no-lugar, “despoblado”, virgen pero previamente urbanizado en parcelas, nodos, con normas y reglas para direcciones , dominios y construcciones, para el intercambio de información, con la creación de un núcleo de servicios básicos; un “territorio” que progresivamente se ha ido conquistando, colonizando y concentrando por grandes empresas de tecnologías multinacionales, operativamente, pero registradas solo en pocos países; con innovaciones en las interfaces para mejorar la experiencia de los usuarios pero sin modificar el núcleo primario de los servicios, protocolos, normas y reglas subyacentes creados en sus inicios. Así se han ido imponiendo, en pocos años, de manera sutil, nuevas prácticas, nuevas formas de organización y relaciones sociales, nuevas normas y valores, nuevos procesos, una nueva forma de percibir e interpretar al mundo; una nueva cultura global, homogénea, para la cohesión social de gentes de todo el mundo, tal como se hiciera con la cultura de masas y sus ciudades en la llamada Revolución Industrial. Tecnologías blandas para la transformación del humano globalmente. Una efectiva Ingeniera social de masas Todos recuerdan a Al Gore, el vicepresidente de Bill Clinton en su último mandato, como el gran promotor, en la década de los 90’s, de la superautopista de la información a nivel mundial, en la llamada era de la sociedad de la información, ese discurso consiguió amplia resonancia en los foros, públicos y privados, medios de información, una campaña masiva y global que indujo a los gobiernos del mundo a incluir el desarrollo de la infraestructura de la internet dentro de sus políticas, planes y lineamientos para no quedar rezagados en esta dimensión del mundo posible ideal. Quién podría negarse a estos proyectos, tanto así que acceder al internet se convirtió de hecho en un derecho humano, no solo fue la creación de infraestructura sino se acompañó con campañas de alfabetización y políticas públicas de subsidio para garantizar el servicio y acceso universal a toda la población para que nadie se quedará atrás, emergía una nueva brecha ahora entre los inforicos e infopobres, humanos como procesadores de información, los demás aspectos de la exclusión socioeconómica como: el empleo, el acceso a los medios de vida, las desigualdades en los ingresos y la distribución de la riqueza, entre otros, pasaban a un segundo plano. Se realizaba una efectiva arquitectura e Ingeniería social de masas global. Lamentablemente, una interpretación que solo hoy es posible a la distancia -tiempo y madurez-, inadvertida por quienes fuimos parte en primera persona de ese boom. Las preguntas audaces ¿Quiénes fueron los arquitectos que diseñaron ese “territorio”, con sus autopistas y urbanismos? ¿Cuáles fueron los ingenieros que lo construyeron? ¿Quién estableció los términos de referencia de ese mega proyecto global de “rutas y territorio”? ¿Quién financió el proyecto? A manera de ejemplo, siguiendo el rastro se llega al Departamento de Defensa, hoy Departamento de Guerra, de los Estados Unidos por allá al final de los 70’s, en su Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés), con su proyecto ARPANET, la red de redes académicas. El proyecto fue creado y dirigido por el psicólogo, de formación, e informático de profesión, el estadounidense Joseph Carl Robnett Licklider. El 21 de noviembre de 1969 se establece el primer enlace de esta red entre la Universidad de California y el Instituto de Investigaciones de Stanford, lo demás ya es historia viva. ¿Es posible un ciberespacio nacional? Ciber es una palabra de origen griego que significa timonel, controlar, pilotar, gobernar. Cibernética también deriva del griego y se entiende como la capacidad de algo o alguien para gobernar, controlar; en la década de los 40’s del siglo XX, se comenzó a emplear esta palabra en las teorías de control y de sistemas. En tal sentido, ciberespacio se entiende como espacio controlado o gobernado, esta palabra es también hoy sinónimo de la internet, un ciberespacio global. Quién suscribe llama a ese ciberespacio, internet, una dimensión de realidad alterna global y en línea. ¿En este escenario, hay cabida para un ciberespacio nacional? ¿Se puede hablar de seguridad y defensa del ciberespacio nacional?, ¿Ello implicaría la creación de un ciberespacio propio y de la desconexión, lógica y/o física, parcial, gradual o abrupta de la internet?, ¿a qué nivel? ¿Tiene sentido? Invitó a los lectores a poner más contexto geopolítico a esta revolución publicitada con sus diferentes fases y nombres: inició como la revolución de la información, luego, del conocimiento, pasó a digital y ahora de la inteligencia artificial. ¿Inició verdaderamente en esta fecha o con la guerra fría? ¡El ciberespacio -internet- es una nueva forma de urbanismo, cultura y gobierno global! No es público, es privado, por ahora gratis, con colonias globales, separadas, cerradas y autogobernadas pero controladas por un país.